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Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Sáb Ago 16, 2014 11:53 am

Off: es uno de los dos fics con los que comencé mi propio universo de fics, pensando sobretodo para presentar la historia a nuevos lectores a la vez que los antiguos fans redescubren la historia de una manera nueva.

El accidente
Un resplandor de energía iluminó el cielo nocturno y un fuerte estruendo estremeció la tierra. Contra todo pronóstico se había levantado una fuerte tormenta que amenazaba al mundo con sus poderosos rayos, que ensordecía los oídos de cualquiera que estuviera cerca para escucharlos, el viento arrecia con una fuerza abismal y la lluvia caía descontroladamente. Era un mal día para volar y eso es precisamente lo que hacia un avión privado en el que viajaba un piloto mayor de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos llamado Christopher Summers. Su familia le acompañaba en lo que pretendía ser un paseo familiar en Jet. Al principio todo marchaba bien, hacia buen tiempo y Christoper había dejado que el piloto automático hiciera su trabajo mientras el tomaba champagne con su esposa, Katherine. Sus pequeños hijos Scott y Alexander, de 10 y 7 años respectivamente, jugaban de manera animosa y regularmente comprobaban asombrados la distancia que les separaba del suelo por una de las ventanillas.
Esa imagen pacifica término cuando escucharon un poderoso estruendo que les hizo temer el peor de los males y sus preocupaciones se hicieron realidad cuando se levanto un gran vendaval que amenazaba con derribar el avión. Inmediatamente Christopher corrió a la cabina del piloto y se puso a los mandos del jet.
Esquivo los rayos y mantuvo el control de la nave pese al fuerte viento y la lluvia que se cernía sobre ellos, tenía que aterrizar lo antes posible, sin embargo estaban lejos de cualquier punto de aterrizaje. Siguió luchando contra los elementos, pero pese a su esfuerzo no pudo evitar que una fuerte sacudida se apoderara del control de la nave, eso solo podía significar una cosa, algo los había golpeado.
Katherine sintió la fuerte sacudida y de milagro no cayó al suelo de bruces, alarmada se apresuro a sentar a los niños en sus asientos y abrocho sus cinturones para que estuvieran seguros. Tras eso entro en la cabina y se sentó en el asiento del copiloto.
—¿Qué sucede, Chris? —pregunta con la preocupación reflejada en su rostro.
—Algo nos a golpeado, no sé si el avión resistirá —dice Christopher completamente concentrado en llevar el avión a buen puerto —ve con los niños, te necesitan.
Katherine asistió mientras se levantaba para recorrer el pasillo hasta llegar hasta los niños que se veían muy nerviosos.
—Mama, ¿Qué ocurre? —pregunto el mayor de ellos con voz temblorosa, no entendía lo que ocurría, porque se había movido todo de esa manera, ni la razón de que se mostraban todos tan alarmados.
—Tranquilos, pequeños —dijo la madre sentándose en el asiento que estaba entre sus dos hijos, cogió sus manos con suavidad para que se sintieran reconfortados —todo saldrá bien.
Pero nada saldría bien, Christopher era un gran piloto y si él tenia problemas para manejar el avión es que pasaba algo muy grave. No tuvo que esperar mucho tiempo para confirmar sus sospechas, pues un espeso humo comenzó a colarse dentro de la nave mientras la temperatura aumentaba, todas las alarmas comenzaron a sonar a toda potencia. Katherine tuvo que respirar hondo para mantener la calma, sabía que si se ponía nerviosa solo asustaría más a sus pequeños.
—Katherine, poneos los paracaídas.
Escucho resonar la voz de su marido desde la cabina, el significado de esas palabras hizo que sus ojos se abrieran de la impresión, era muy peligroso saltar con esta tormenta, si su marido le pedía algo así es que las cosas no podían ir peor. Los niños la miraron muy aterrorizados y ella no pudo hacer más que fingir una sonrisa para intentar tranquilizarlos.
—Tranquilos, todo va a salir bien.
Dijo la madre desabrochándoles el cinturón para luego cogerlos de la mano y hacer que la acompañaran a la parte de atrás. Abrió la zona de los paracaídas pero descubrió horrorizada que no había suficientes.
—Christopher, tenemos un problema… solo hay dos.
El marido ya había dejado el piloto automático en funcionamiento y había llegado hasta ellos pero al escuchar la mala noticia su tez se puso blanquecida y su cuerpo se quedo paralizado. Katherine lo miro a los ojos e intercambiaron una lenta mirada cargada de significado. Ambos sabían lo que significaba eso y solo quedaba una cosa que hacer al respecto. Sin tiempo que perder, Katherine cogió uno de los paracaídas y le coloco el arnés a su hijo Alex, asegurándose de que estuviera bien abrochado. Christopher hizo lo propio con Scott. Pronto los dos pequeños estuvieron preparados para dar el salto.
—¿Solo dos paracaídas? Y vosotros que haréis?
Pregunta Scott consternado, con los ojos llorosos. Su hermano Alex había roto en llanto. El humo se empezaba a extender por todo el jet. El padre clavo una rodilla en el suelo para quedar a la misma altura que Scott. Le coloco una mano en el hombro y lo miro a los ojos.
—Scott, cálmate, no te preocupes por nosotros, no nos pasará nada.
Dijo el padre con voz que fingía serenidad aunque en su interior estuviera temblando. Kattherine abraza a Alexander dejando que apoyara la cabeza en su regazo. La madre acariciaba la cabeza de su hijo en un intento de calmarlo.
—Tranquilo, pequeño, todo saldrá bien. —Dijo Katherine con voz temblorosa.
—Eso no es cierto, padre.
Repuso Scott con las lágrimas empezando a resbalarle las lágrimas por las mejillas, con un susurro musitado que apenas era audible sobre el ruido de los truenos. Christopher tuvo que esforzarse para poder escucharlo.
—Sabes lo que tienes que hacer ¿verdad?, ¿recuerdas lo que te explicamos?
Scott había ido varias a visitar a su padre en el trabajo y en una ocasión había llegado a volar en uno de los aviones. Ahí fue cuando le explicaron cómo se utilizaban los paracaídas y como debía hacerse un aterrizaje de emergencia.
—¡No me iré sin vosotros! —respondió Scott con una vehemencia provocada por la tensión y el temor que sentía.
—¡Scott! Tu hermano, tienes que cuidar de él. Debéis cuidaros mutuamente, nunca os separéis pase lo que pase.
Dijo Christopher con una voz triste pero serena. Las lágrimas de Scott cayeron por sus mejillas sin que este fuera capaz de controlarlas.
—Pero papá….
—Nada de peros. Prométeme que cuidaras de tu hermano —dice el padre ocultando su propio miedo para no asustar a su hijo —Prométeme que seréis responsables y cuidaréis el uno del otro.
Scott no decía nada, solo se quedaba mirando a su padre. Estaba completamente en shock y sus lágrimas se desbordaban como cataratas.
— Prométemelo.
Exigió el padre con vehemencia haciendo que Scott asistiera con la cabeza, completamente afligido.
—Te lo prometo.
Contesta Scott con su suave voz quebrada por el llanto. No puede evitarlo y se lanza en brazos de su padre. Llorando descontroladamente. Su padre lo abraza con fuerza y agacha la cabeza con pesar. Varias lágrimas emergen de sus ojos.
—Scott… recuerda que siempre te queremos, pase lo que pase. Siempre estaremos contigo.
Dice el padre con voz llorosa. El humo se abre paso por el avión hasta que inunda todo haciendo en él una atmósfera insoportable. Parecía que se iban a asfixiar. El humo reavivo la decisión de Christopher. Se levanto y con paso lento, por lo mucho que le pesaba avanzar, se acerco a la compuerta de avión. Coloco sus manos en la barra de la compuerta, asiéndola con fuerza. Con un chirrido metálico se abrió la puerta. Desde el hueco que había dejado la puerta pudieron ver el cielo nocturno que a veces se iluminaba debido a un resplandor a lo lejos. La madre levanto los ojos de su pequeño y la fijo en el cielo con la mirada perdida. Emitió un profundo suspiro. La madre se acerco a la puerta arrastrado a su hijo con suavidad. Scott los miro a todos con indecisión en su rostro. Se acerco al marco de la puerta. Su madre coloco a Alex justo a su lado.
Al estar al borde Scott pudo sentir el viento frió golpeando su cara. Comenzó a temblar tiritando. Al mirar hacia bajo sintió un profundo mareo. El vértigo haciendo acopio de él. Había una gran distancia desde el avión hasta él suelo. Todo se veía muy pequeño cómo si fuera una maqueta de juguete, la pintura de color verde era un prado, la mancha azul un lago, mientras las líneas de color gris, rectas o curvas, eran carreteras. También había zonas donde había un montón de figuras rectangulares con puntitos brillantes, sin duda ciudades.
Scott le dio un vuelco el corazón al pensar que tenía que tirarse al vació. Temblando, retrocedió unos pasos, apartándose del borde mientras miraba hacia abajo.
—¡No… no puedo hacerlo!
Exclamo Scott con voz temblorosa, en un gemido apenas audible. Katherine se acerco a su hijo y le acaricio la mejilla, con un suave movimiento de su mano. La madre se arrodilla para quedar a la altura de su hijo.
—Scott, tranquilo, puedes hacerlo.
Dice la madre, con tono cariñoso. Scott la miro con los ojos inundados de lágrimas. Scott se lanza a los brazos de su madre. Su madre lo rodea con sus brazos amorosos. Scott llora desconsolado. A pocos pasos de ellos Christopher consolaba a su hijo pequeño.
—Cuídate mucho, hijo.
Dijo la madre con voz temblorosa y triste. Se sentía muy mal por separarse de sus hijos, por dejarlos solos. Pero intentaba hacerse la fuerte pues no había otra salida. Katherine miro a su hijo a los ojos.
—Y cuida de Alex.
Scott quiso decir algo, pero tenía la boca. Asistió con firmeza. Caminando de manera erguida e hinchando el pecho Scott camino hacia la puerta de la nave. Su hermano se posiciono a su lado. Alex temblaba de los pies a la cabeza. Scott le paso un brazo por los hombros para reconfortarlo.
Había llegado el momento, ahora darían su salto al abismo. Scott respiro hondo para darse fuerzas. Pero cuando iba a saltar descubrió que su cuerpo estaba paralizado debido al terror. No podía saltar.
Por suerte no tuvo que hacerlo. Sintió como una mano le presionaba la espalda y le empujaba hacia delante. Cuando quiso darse cuenta Scott caía a gran velocidad. Sentía el viento golpeándolo en la cara. Cómo el suelo se iba a acercando más y más. Los oídos le pitaban por el rápido movimiento. Pero opacado por las circunstancias, escucho un fuerte llanto. Giro la cabeza y vio a su hermano pequeño cayendo a su lado. Ahí comprendió que no podía quedarse paralizado, tenía que reaccionar. Rodeo la espalda de su hermano con el brazo, para acercarlo más y tranquilizarlo. Con el brazo libre tiro de la anilla del paracaídas de su hermano. Scott tira de la anilla y el paracaídas de Alex se llena de aire y se infla como un globo. La caída de Alexander se detiene de manera abrupta, con un fuerte tirón. Inmediatamente Alex se elevo, siendo arrastrado por su paracaídas.
Sin tiempo que perder, Scott tiro de su propia anilla y también se elevo. Los paracaídas no se elevaron mucho. Después del abrupto tirón, la gravedad hizo su trabajo. Scott comenzó a descender con suavidad. Scott se tranquilizo un poco. Parecía que estaba en una atracción del parque de atracciones, una de esas de vértigo que tanto le gustaban. Aunque había algo que rompía esa fantasía, el viento no dejaba de zarandearlo con brusquedad, la lluvia lo empapaba hasta los huesos y los relámpagos caían a su alrededor al son de unos fuertes truenos. Los hermanos trataron de acercarse el uno al otro, pero el viento los separaba cada vez más y los dejaba solos ante la tormenta. Scott sintió un desgarro por encima de su cabeza y al levantar la vista observo como las cuerdas se están deshilando y ahora se estaban convirtiendo en pequeños hilos que no resistirían. Con el rugido de un trueno las cuerdas terminaron por ceder. Scott sintió como su cuerpo se movía a una gran velocidad, haciendo que sus tripas se revolvieran y su visión se volviera borrosa debido al vértigo. Scott sintió como lo invadía el pánico, trato de gritar pero cualquier sonido que saliera de su boca era rápidamente reducido por el ruido del viento y la fuerza de los truenos. Scott trato de girar su vista hacia Alex pero él ya no se encontraba a su lado. En ese momento se sintió mas solo y asustado que nunca. El suelo se acercaba cada vez más al son de su corazón desbocado, que latía a altas velocidades cómo si fuera el motor de un barco. Pero no fue lo único que sintió pues un intenso calor le recorrió desde la sien hasta la punta de los pies, haciendo que sintiera como si de un momento se fuera a cocer. Tan intenso era ese calor, tan grande era la ansiedad que le provocaba que Scott tuvo que soltar un fuerte alarido que apenas se escucho sobre los ruidos de la noche. Para asombro del muchacho el calor se desprendió de su cuerpo a través de dos haz de luz rojiza que salieron disparadas de sus ojos con la fuerza de un torrente de energía que fueron creciendo y creciendo hasta incidir sobre el suelo a numerosos metros del chico. Scott sintió una fuerte sacudida cuando sintió los haz de luz chocando contra la Tierra y la fuerte presión de los rayos reteniendo su caída. Poco a poco la velocidad se fue reduciendo gracias a los rayos de energía pero Scott se sentía más y más agotado a medida que se acercaba al suelo. Cuando ya apenas le quedaban unos cuantos metros para llegar a tierra Scott sintió como las pocas fuerzas que le quedaban se desvanecieron por completo y entonces los rayos rojos se desvanecieron en el aire. La caída recobro su velocidad normal y Scott pudo ver cómo el suelo de piedra estaba cada vez mas cerca, después todo se puso negro.


-x0x-
Unos cuantos años después, un chico abría abruptamente los ojos mientras se sentaba en la cama como movido por un resorte. El chico era joven, entre unos dieciséis o diecisiete años, tenia el pelo negro y los ojos marrones, sin embargo su mirada estaba oculta por unas gafas de cristales rojos de grueso espesor. El adolescente temblaba violentamente, envuelto en sudor. Agacho la cabeza respirando agitadamente mientras se pasaba una mano por su espeso cabello negro. Realizo una serie de inspiraciones lentas y profundas intentando tranquilizarse. Había vuelto a tener la misma pesadilla, aquel terrible momento en que había perdido a toda su familia y su vida había cambiado para siempre. Ahora los recuerdos lo acosaban como una pesada losa que le oprimía la respiración. Daba igual lo que hiciera o lo mucho que lo intentara jamás volvería a ser el mismo que era antes y aunque había pasado por unos cuantos lugares jamás encontraría un lugar que remplazara al que perdió hace tanto tiempo atrás como tampoco podría quitarse nunca esas gafas de cuarzo rojo.


Última edición por Ninth Doctor el Jue Ago 28, 2014 8:37 am, editado 3 veces
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Chuck Shurley el Lun Ago 18, 2014 7:08 pm

User escribió:Dios... Como mola *-* No sé si podía comentar o no pero era morir si o si (?). Es el típico comentario pero no tengo palabra para decir lo mucho que mola, ¡me lo he leído todo! Espero leer más fics tuyo *-*  :pandakiss:  :monky: 


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Well, there's only one explanation. Obviously I'm a god... I'm definitely a god. A cruel, cruel, capricious god.

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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Lun Ago 18, 2014 7:57 pm

Gracias, me alegra que te guste tanto :) La verdad tengo mas historias, incluidos mas capítulos de esta historia, las iré subiendo poco  a poco, como una vez por semana aproximadamente.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Sáb Ago 23, 2014 9:53 am

Una cruel realidad
El muchacho no pudo evitar recordar como hacía años todo eran pesadillas con aviones incendiados, paracaídas rotos, rayos rojos y caídas que no llegaban nunca. Todo eso cambio en el momento en que abrió los ojos. Lo primero que vio fue una pequeña habitación iluminada por luces fluorescentes. La habitación se veía muy desnuda pues solo tenía una cama de hospital. La habitación era muy pequeña pues el techo estaba a pocos metros del suelo. Las paredes eran blancas y estaban prácticamente desnudas, sin un adorno ni nada que las cubriera, tan solo dos pequeñas puertas de color blanco, una al lado de la cama, y la otra puerta en la esquina izquierda de la habitación, enfrente de la cama de Scott con un gran espejo a su lado. El espejo tenia una forma horizontal que cubría la pared desde la puerta hasta la esquina derecha. El muchacho fijo su vista en el espejo, en su superficie lisa vio a un muchacho tapado con sabanas blancas. El chico tenia el pelo despeinado y observaba a Scott con mirada posesa, sus ojos castaños miraban hacia delante sin rumbo fijo. Scott trato de recordar el motivo por el que se encontraba en aquella habitación, pero su mente solo le mostraba unos nombres y unos rostros difuminados, casi borrados por el paso del tiempo. No recordaba ni siquiera quién era, eso lo invadió de angustia. En el espejo los ojos de su yo reflejado empezaban a cambiar de color de un castaño a un rojo pálido, que poco a poco fue volviéndose mas intenso. Entonces dos haz de luz rojiza salieron de los ojos de Scott chocando contra el espejo. El espejo resistió el embate provocando un ruido sordo. Scott se aterro cuando no pudo detener el torrente de energía que salía a través de sus ojos. Desesperado alzo la vista hacia el cielo arrastrando los haz del luz por toda la pared, empezando desde el espejo para llegar al techo. La luz rojiza golpeo ese techo con toda intensidad pero lo único que logro fue derretir la pintura revelando un color metálico que cubría las paredes, por donde la luz había pasado.
—¡Cierra los ojos!
Dijo una profunda voz que se escucho por todos los rincones de la habitación, sin embargo Scott no pudo ver a su transmisor. El chico dudo por un segundo, preocupado por lo que pasaría si hacia caso,¿esa luz dañaría sus ojos? En vista de que no hacia caso la misteriosa voz volvió a repetirle que cerrara los ojos. Scott cerro los ojos mientras temblaba aterrado. A medida que la oscuridad se acentuaba más se acentuaba el miedo y la incertidumbre de Scott al no saber que estaba ocurriendo. Scott escucho el ruido de una puerta al abrirse y unos pasos que se acercaban a él. Por instinto, retrocedió hasta que su espalda choco contra la cabecera de la cama. Scott sintió como una mano se posaba suavemente en su hombro.
—Tranquilo, chico. Aquí estas a salvo.
Dijo la profunda voz tratando de tranquilizar al muchacho. Scott dirigió su mirada hacia la voz por lo que esta le previno contra abrir los ojos.
—¿Qué… qué me ocurre? ¿Dónde esto? ¿Quién eres?´—las preguntas salieron disparadas de la boca de Scott cómo si fueran balas hasta que se dio cuenta de que no estaba preguntando lo que realmente le interesaba saber —¿Quién soy yo?
El muchacho escucho un largo silencio antes de que la voz volviera a sonar:
—Te llamas Scott Summers.
El chico quedo un rato en silencio, mientras luchaba con todas sus fuerzas por superar la tentación de abrir sus ojos, la oscuridad lo inquietaba y le hacia sentir la necesidad de escapar de esa negrura. Pero más le aterraba abrir los ojos y que esos rayos de luz escarlata volvieran a aparecer destruyéndolo todo a su paso.
Poco a poco asimilo el nombre que había pronunciado la voz "Scott Summers" ese nombre se apodero de su nombro como una luz en la oscuridad que lo guío hacia pedazos de su memoria. Poco a poco los recuerdos fueron aflojando y así recordó que tenía una familia.
—¿Dónde están mis padres? ¿y mi hermano?
—¿Recuerdas algo de lo que te sucedió?
Pregunta la voz de manera fúnebre y Scott se temió lo peor trato de seguir la voz en la oscuridad y recordar algo de lo sucedido, pero solo recordaba fuego, humo y truenos, el resto no era más que oscuridad. No dijo nada simplemente se limito a negar con la cabeza.
—Scott, tuvisteis un accidente de avión, tu familia a muerto —le dijo la voz con veracidad pero con un gran pesar traslucido en su tono de voz. La noticia le sentó como un golpe en el pecho, sintió como se quedaba sin respiración y el mundo daba vueltas haciendo que su cabeza le doliera hasta el punto que parecía que iba a reventar. Por el shock que le provoco la sorpresa termino abriendo los ojos y dos haz de luz salieron de sus ojos para estrellarse contra la pared, que de nuevo resistió firmemente.
Scott vio a un hombre de constitución fuerte, vestido de traje y aspecto respetable a su lado. El hombre, que tenia un cabello castaño y unas gafas de pasta, se hecho hacia atrás mientras se escudaba la cara con los brazos.
—¡Vuelve a cerrar los ojos!
Pronunció el hombre dedicándole una mirada entre temerosa y sorprendida. Su tono de voz era muy severo. Scott cerro los ojos mientras sentía como algo se había quebrado en su interior ya habría caído en un llanto descontrolado si no fuera porque sus lagrimas se derretían antes de salir por las cuencas de sus ojos. Privado de el único consuelo que le quedaba y envuelto en una completa oscuridad dirigió su cabeza hacia el hombre de las gafas de pasta.
—¿Qué me ocurre?
Grito Scott completamente aterrado y con una voz temblorosa mientras se llevaba las manos a los ojos para evitar abrirlos. Entonces sintió como unas manos se apoyaban con suavidad en sus hombros.
—Calmate, te lo explicare todo, pero debes estar tranquilo.
A Scott le costó mucho trabajo tranquilizarse, sin embargo siguió sintiendo el peso de esas manos sobre sus hombros y eso lo comenzó a calmar. Empezando a dar una serie de lentas respiraciones poco a poco se tranquilizo.
—¿Qué me pasa?
Volvió a preguntar más tranquilo y no tuvo que esperar mucho antes de que la voz le diera la respuesta:
—Veras Scott, existen cierta clase de personas especiales que son capaces de hacer cosas increíbles, tú eres una de ellas.


-x0x-
Años después, en el presente un chico alza la cabeza, saliendo de sus pensamientos, y observa el lugar en que se encontraba, un lugar muy diferente de la habitación blanca en que había despertado tras salir del coma. La habitación tenía las paredes blancas, pero el suelo de madera. Era de un tamaño mucho mayor que la habitación blanca. Poseía una ventana con la persiana bajada . Enfrente de la cama había una cómoda y un espejo. Situada al lado de la ventana había un escritorio con una silla y una lamparita. A pesar de los muebles básicos no había mucho a la vista, nada que no estuviera ya amueblado cuando Scott entro por primera vez, nada que perteneciera a Scott. Por último la puerta se encontraba a la izquierda del armario y casi siempre permanecía cerrada.
Scott finalmente emite un suspiro mientras aparta las sabanas blancas y se levanta de la cama. Lo único que llevaba eran unos slip negros por lo que dejaba al descubierto un cuerpo joven que ya empezaba a mostrar una compleja musculatura. El chico camina varios pasos hasta llegar a la ventana, subir la persiana y abrir la ventana. Scott mira las inmediaciones de la mansión, el césped recién cortado, el lago Breakstone y el gran bosque a lo lejos fue lo que más llamo su atención, realmente era un lugar hermoso. Aunque obviamente su vida antes de llegar allí no había sido fácil, antes no podía disfrutar de unas vistas tan hermosas. Cuando tenía los ojos abiertos un haz de luz salía de sus ojos y arrasaba todo lo que miraba y eso hacia que tuviera que tener los ojos cerrados todo el tiempo, lo cuál había sido muy duro.

-x0x-
Tiempo atrás el hombre de las gafas de pasta le había explicado a Scott lo que le sucedía y hasta le había prometido a Scott darle su ayuda, sin embargo se negó a revelar su nombre ni el sitio donde se encontraba, solo se limito a decirle qué estaba en un lugar seguro. Tras eso el hombre de las gafas de pasta se marcho de la estancia no sin antes decirle que aquella habitación era el único lugar en que podía abrir los ojos. Tras eso Scott se tumbo en la cama y por un momento tubo los ojos cerrados, hasta que se canso y los abrió el torrente de energía salio de sus ojos y se estrello contra el techo, pero sin causar muchos rasguños. Scott permaneció en esa postura, echado y con los ojos abiertos, dejando salir el torrente de energía escarlata por los ojos, hasta que finalmente se quedo dormido.
Scott abrió los ojos, no sabía cuanto había dormido, pues en esa estancia era imposible saber si era de día o de noche, tampoco sabía que hora era, ni tampoco el día de la semana, ni tampoco el tiempo que había transcurrido desde el accidente de avión. Solamente sabía que estaba vivo y que un rayo de luz roja salía por sus ojos.
Scott se levanto de la cama y fue hacia la puerta por la que se había marchado Noah. Grito con todas sus fuerzas mientras golpeaba la puerta. Pero nadie respondió. Tras un rato Scott se rindió y volvió sobre sus pasos para examinar la otra puerta. En ella encontró otra sala blanca, aún mas pequeña en la que solo encontró un orinal. Cuando entro miro el orinal y el rayo por poco le da al WC, pero termino estrellándose en la pared a pocos centímetros. Finalmente regreso a la cama, evitando mirar el mueble para no destruirlo. Sin nada más que hacer se derrumbo sobre la cama y disparo al techo con su rayo de luz. Sin poder mirar otra cosa observo los haz de luz. Prestando atención a su luz escarlata, a como tras salir de sus ojos los haz de luz terminaban por juntarse hasta hacer una forma perfecta, recta y directa, que se estrechaba contra el techo con un golpe sordo. Sin duda, el techo estaría hecho de un material muy resistente para resistir su mirada rojiza.
El tiempo paso lentamente y Scott pasaba el tiempo pensando en sus padres, su hermano, la vida que había perdido, el extraño rayo que salía por sus ojos y como su vida había cambiando tan drásticamente. Alguna vez se escuchaba una voz mecánica que le ordenaba que cerrara los ojos. Cuando los cerraba oía como la puerta se habría y unos pasos que se movían por la habitación hasta que dejaban de escucharse volviendo a salir por la puerta. Al abrirlos de nuevo encontraba una bandeja de comida en el suelo. Algunas veces miraba la comida por inercia y terminaba chamuscándola con lo que se quedaba sin comer hasta que la voz volvía a sonar. Algunas veces consideraba abrir los ojos y disparar a la voz para intentar escapar, pero se contenía de hacerlo ya que no tenía a donde ir. Por otro lado, hacer sus necesidades tampoco resultaba tarea fácil pues siempre tenia que hacerlas con los ojos cerrados o mirando de reojo, ya que si no el WC terminaría reducido a cenizas.
Así paso mucho tiempo hasta que un día le volvieron a decir que cerrara los ojos, pero esta vez fue diferente. Los pasos se acercaron a él y pudo sentir como le colocaban algo en los ojos. Tan apretado que le impedía abrirlos por más que lo intentara. Scott se aterro y tembló en su cama, sin embargo lo ignoraron y le obligaron a caminar. Scott se vio arrastrado por unas poderosas manos y su miedo crecía a cada paso que daba. Tras una caminata, que pareció eterna, le hicieron sentarse en un lugar que parecía ser cómodo. Por algo recto y duro a su espalda supuso que sería una silla.
—Hola, Scott —dijo una voz demasiado conocida que sorprendió a Scott e hizo que mirara perplejo en la dirección de su precedencia. —Tranquilo, ya te dije que estás en buenas manos.
—¿A donde me han traído? ¿por qué me han tapado los ojos? —Pregunta Scott algo desconcertado, aunque algo mas tranquilo al escuchar la voz del hombre de las gafas de pasta.
—Es por seguridad, ya has visto lo que sucede cuando abres los ojos.
Dijo el hombre de las gafas de pasta con voz comprensiba y tranquila. Scott se le quedo mirando triste pero al final se limito a asistir con la cabeza.
—Si no puedes usar los ojos será mejor que aprendas a moverte sin el sentido de la vista.
Le explico el hombre de las gafas de pasta enigmaticamente, Scott no pudo evitar girarse en la dirección de la que venía su voz. Scott le pregunto al hombre como sería capaz de hacerlo y la respuesta no tardo en llegar. Le enseñaron igual que le enseñarían a un hombre ciego. Le enseñaron a guiarse por los sonidos, por los olores, por el tacto, también le enseñaron a leer braile y entender el código morse. Scott se pregunto de que le serviría el código morse pero no hizo preguntas. Pronto los sentidos de Scott comenzaron a desarrollarse lo que hizo que fuera mas fácil su adiestramiento. Cuando eso paso lo llevaron a una sala especial donde le quitaban las vendas. Le decían que cerrara los ojos y se concentrara, entonces escuchaba sonidos o vibraciones en un lugar de la habitación y Scott tenia que concentrarse en localizar la procedencia de esos objetos y abrir los ojos para dispararles. Según le decían eso le ayudaría a controlar sus poderes. Asi paso el tiempo y Scott hacia todo lo que le decían pues esperaba que algún dia aprendiera lo suficiente de sus poderes para abrir los ojos sin hacer daño a nadie.
Scott fue acostumbrándose a su nueva vida y hasta llego a disfrutar del entrenamiento y de la compañía del hombre de las gafas de pasta, aunque nunca llego a saber su nombre. Pero todo eso cambio.
Como todos los días Scott sintió como la puerta se abría sin embargo se extraño cuando nadie le había dicho que cerrara los ojos. Como todos los días escucho pasos, pero estos eran diferentes, eran pisadas lentas y cautelosas, como si alguien entrara furtivamente en su habitación y se acercara a él para no despertarlo. En ese momento sintió miedo y quiso levantarse para salir corriendo a toda velocidad. Pero se contuvo, diciéndose que nadie le haría daño allí y que ahora podía defenderse. Scott se quedo echado en su cama esperando el momento oportuno. Entonces los pasos se detuvieron enfrente de su cama. Scott abrió los ojos guiado por su instinto. Por un momento vio una poderosa mano que se dirigía hacia él. Pero no era una mano cualquiera, la mano estaba encorvada y de sus dedos salían unas uñas larguísimas que le daban el aspecto de garra. Solo vio la garra por unos instantes, pues enseguida el rayo de luz golpeo el pecho del sujeto. El tipo fue proyectado hacia atrás y termino estrellándose contra la pared. El hombre quedo sentado en el suelo, con la espalda encorvada y la cabeza agachada. No se le escuchaban los latidos de su corazón. Scott cerro los ojos y se incorporo en la cama, asustado, creyendo que había matado al intruso. Pero eso no sucedió, por suerte o por desgracia escucho como algo se movía, un corazón que volvía a latir y el ruido de una respiración reanudándose.
—Has cometido un grave error, chico.
Dijo una voz grave con tono amenazador. Scott abrió los ojos aterrado. Delante de él descubrió a un hombre rubio de cabello corto. El hombre tenía una barba tan rubia como su pelo. Era muy alto y tenía un cuerpo muy musculoso con unos hombros anchos. Llevaba ropa oscura ataviada con una gabardina negra. Sus manos eran muy grandes y terminaban en unas uñas de 10 centímetros de largo. El tipo mostraba una media sonrisa que inspiraba temor. Pero lo que más llamaba su atención era su mirada, una mirada salvaje que irradiaba rabia. El sujeto lo miraba con unos ojos amarillos que recordaban a los siniestros ojos de un depredador.
El haz de luz impacto contra él a plena potencia. Pero esta vez el depredador estaba preparado y coloco sus brazos por delante escudándose la cara. El hombre se encorvo hacia delante y comenzó a andar con un paso lento pero firme, el hombre avanzaba resistiendo la mirada rojiza y cada vez estaba más cerca de Scott. Este se puso muy nervioso, sentía como su corazón latía a mil por hora y un sudor frío le recorría la cara. Qué lo alcanzara era inevitable y Scott se vio aterrado pensando que iba a morir y ni siquiera sabía por qué. El pobre chico vio como esas afiladas garras lo alzaban por la camiseta y lo estrellaban contra una pared haciendo que todo su cuerpo se estremeciera de dolor, luego todo se volvió negro.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Sáb Ago 30, 2014 4:33 pm

Prisionero
Años después un chico observa el cielo nocturno y el bosque a lo lejos, termina suspirando y cierra la ventana. Antes de dar varios pasos e ir hacia el armario. Scott cogió unos pantalones deportivos y una camiseta. Se vistió rápido y termino usando unas zapatillas deportivas como calzado. Así vestido se dirige hacia la puerta. La abre con furtividad y sale al pasillo. Los corredores son unos pasillos largos llenos de puertas de madera que llevan a las distintas habitaciones. Scott atravesó los pasillos hasta llegar a una antesala con unas grandes escaleras que conducían directamente hacia un gran vestíbulo. Scott bajo por las escaleras y al llegar al vestíbulo atravesó la puerta de la calle en dirección a su lugar especial. Un lugar al que acudía cuando no se encontraba bien o cuando necesitaba cavilar sobre algún asunto. Era su lugar para pensar y estar a solas.

-x0x-

Tiempo atrás había sido atacado y dejado inconsciente por una persona muy grande de grandes uñas. Cuando se despertó se encontraba en un lugar frío y húmedo. No veía donde se encontraba pero si sabía que era un lugar pequeño pues cuando trataba de moverse siempre chocaba con algo que le impedía seguir moviéndose. Su tacto era frío, alargado y con una forma de circunferencia. Por el espacio que había entre las formas supuso que estaban algo separadas. Al tocar el techo descubrió una forma áspera y dura. El suelo tenía la misma forma. Entonces empezó a unir las formas y se aterro. Estaba en una jaula. Se acerco a los barrotes y comenzó a chillar. Preguntaba donde estaba y exigía que lo soltaran. Pero solo había silencio. Se desespero y empezó a golpear la jaula de manera histérica, nada funcionaba. Entonces intento quitarse lo que le tapaba la visión pero estaba firmemente colocado contra su cabeza y no conseguía nada. Entonces se sintió terriblemente solo y asustado. Pensando en donde lo habían traído y si se encontraría por ahí el hombre de las gafas de pasta. En esa situación su habitación blanca le parecía la habitación de un palacio y deseaba volver a ella.
—Ahorra energías, niño. No te están escuchando y si lo hacen no les importa.
Dijo una voz suave pero dura a unos pocos metros a la izquierda. Scott se giro con una expresión enojada en su rostro. Si sus ojos no hubieran estado tapados con unas vendas se podría haber detectado un deje de enojo en ellos.
—¡No soy un niño! —bramo Scott irritado.
—¿No? ¿entonces por qué lloras y pataleas como sí lo fueras —fue la tajante y burlona respuesta emitida por la que sin duda sería una voz femenina.
—Claro y ahora me dirás que cuando apareciste aquí tu te quedaste tranquila, ¿Verdad? —dijo Scott muy irritado mientras trataba de orientarse en su jaula. Ahora que esa voz le había enojado ya no sentía tanto miedo. Además le habían adiestrado a mantener la calma y tener paciencia —¿y sabes donde estamos o por qué estamos aquí?
—¿Sabes por qué te vendaron los ojos? —respondió la voz de manera cortante. Scott se irrito porque la chica cambiara de tema y la miro de manera desconfiada. No quería revelarle lo de sus capacidades especiales a una extraña. Sin embargo la voz interpreto su silencio como un sí —Pues ya sabes por qué estamos aquí.
—¿Lo sabes? —dice Scott completamente atónito —¿Quieres decir qué eres como yo?
—Vaya, brillante deducción, Sherlock ¿qué te llevo a descubrirlo?
Responde la voz femenina con aire burlón. Scott emite un ruido frustrado y se sienta en el suelo rodeando sus piernas dobladas con los brazos y apoyando su barbilla en las rodillas.
—Supongo que es la única explicación posible.
Murmura Scott con tono fúnebre. Hablando más para sí mismo que para la voz. Al menos no estaba solo en esta pesadilla.
—Lo es —dijo la voz femenina de manera tajante —así qué yo que tu ahorraría fuerzas, puede que las necesites.
—¿Y llevas mucho aquí?
Pregunta Scott con curiosidad y temor de la respuesta. Se escucha un largo silencio antes de que la voz responda:
—Demasiado —la voz sonó pesada y triste y eso estremeció a Scott tan solo de pensar en quedarse tanto tiempo en un lugar tan pequeño y húmedo. Realmente añoraba su habitación blanca.
—¿Y nunca has intentado escapar? — pregunta Scott mientras trata de acercarse a la voz pero los barrotes le impiden el avance.
—Infinidad de veces —respondió con voz ausente pero luego su voz gano seguridad y fiereza —pero tranquilo, mi hermana nos sacara de aquí y se lo hará pagar caro.
Scott llevo su cabeza hacia atrás y la apoyo en los barrotes dando un amargo suspiro. Pensaba en sí realmente la hermana de la voz podría ayudarla o tan si quiera si sabría donde estaba su hermana. Pero si era así ¿Cómo es que si su hermana trataba de ayudarla ella llevaba tanto tiempo encerrada Scott no ponía demasiadas esperanzas en eso. Aunque se guardo sus impresiones para sí mismo.
—Soy Scott, por cierto.
—Me llamo Emma.
Dijo finalmente la voz con tono cansado. Scott se pregunto cuanto tiempo exactamente habría pasado en aquella celda. Seguramente ni ella lo sabía, al igual que él tampoco sabía cuanto tiempo había pasado desde el accidente de sus padres, ni tampoco sabía el nombre de las personas que habían cuidado de él desde que despertó, ni siquiera el nombre del de las gafas de pasta. Ambos tenían habilidades especiales y ninguno de los dos era dueño de sus vidas. Su destino estaba en manos de otros. Pero al menos Scott había tenido un sitio seguro antes de estar ahí. Se preguntaba si Emma habría tenido tanta suerte. También le preocuparía lo que había sucedido, ¿por qué estaba en aquel lugar?
Las preguntas no obtuvieron respuesta y paso el tiempo. Scott comenzó a sentir como sus piernas se dormían y se volvían torpes por el poco espacio que tenía para estirarlas. Y por la noche no era capaz de pegar ojo. Estaba en un lugar tan pequeño y húmedo que no encontraba la forma de estar cómodo. Y lo peor de todo es que a todas horas se oían gritos aterrorizados y llantos de niños asustados haciendo que el propio miedo de Scott se aumentara y temblara de puro terror, pensando en lo que le sucedería, las cosas que le harían. No sabía que ocurría, ni la razón por la que estaban todos ahí, eso hacia que un sudor frío le recorría el cuerpo y sufriera temblores. Muchas veces se encontraba tirado en el suelo, en posición fetal abrazando sus rodillas. Esperaba un milagro, una oportunidad de escapar, pero cuanto más tiempo pasaba más dudaba de que eso fuera a suceder. A veces sufría desmayos y despertaba tiempo despues con un fuerte dolor en los brazos o en el cuello. Temía lo que sucedía cuando se desmallaban, pues en contables ocasiones escuchaba pasos y como habrían una de las jaulas para luego alejarse con alguien que gritaba. Varias veces se llevaron a Emma y él chico gritaba y sacudía la jaula histérico, pensando que no la volvería a ver. Sin embargo, luego la volvían a traer solo que Emma no recordaba nada más que haberse desmallado. Eso le ponía los pelos de punta. Tenía miedo de lo que le harían. Y también pasaban hambre, pues solo los alimentaban una vez cada mucho tiempo. Cada día que pasaba se hacía mas borroso y Scott estaba peor de cuerpo y de mente, algunas veces pensó que iba a enloquecer. Sin embargo había una cosa que evito que cayera en la locura, sus conversaciones con Emma, hablaron de muchas cosas, ella le contó que era de una familia adinerada, le hablo de su hermana y hasta le contó que antes de ser atrapada había tenido un romance con un tal Ian, aunque Scott sintió que no le contaba todo, pero aún así no insistió. El le hablo sobre su familia y se sincero sobre lo que les había pasado y como se sentía por ello, como con nadie más se había sincerado. Hasta hablaron de lo que harían después de escapar de allí, aunque Scott no sabía que haría, ni siquiera sabía como localizar el lugar en el que estaba o si realmente fuera seguro. Al estar en situaciones tan extremas los dos terminaron por sentirse muy unidos y Emma le ofreció a que fuera con ella. Hasta hicieron planes de viajar por el mundo y Emma le menciono varios sitios a los que podrían ir. Paso el tiempo y Scott pensó que nunca saldría de aquel lugar pero entonces un milagroso día escucho como un chirrido metálico al desgarrarse y un golpe sordo. Se levanto con cautela y se quedo inmóvil escuchando. Hasta que sintió un suave toque en su mano.
—¡Vamos! ¿A que no adivinas quién a venido a rescatarnos por navidad?
Dice la ahora alegre voz de Emma que lo ayuda a levantarse y comienza a guiarlo. Scott se deja guiar confiando plenamente en su compañera en ese infierno. Scott camina al ritmo que Emma le marcaba, una marcha que sin correr era forzaba y no le dejaba tiempo para asimilar los sonidos y los olores que había a su alrededor. Además, todo su cuerpo se encontraba entumecido por el largo tiempo encerrado en un lugar tan pequeño. El dolor era una buena distracción de todo lo que sucedía a su alrededor. De repente la marcha se detuvo abruptamente, como si algo la hubiera detenido. Tras eso pudo detectar un chisporreteo de luz al ritmo de varios chirridos metálicos, como el que haría una espada al salir de su vaina.
—De acuerdo —dice una voz masculina y ronca un poco por delante y hacia la izquierda de Scott —Kayla, llévate a estos niños.
Scott se irrito tanto porque lo llamara niño que se perdió el resto de la conversación, quiso protestar pero no era el lugar ni el momento, pues rápidamente Emma lo volvió a agarrar del brazo para que volviera a caminar. Antes de que se alejaran mucho escucho una última cosa de la voz ronca.
—¿Bradley, eres tú?
La marcha se emprendió con mayor velocidad que antes, tanta que Scott tuvo que correr para mantener el ritmo. No llevo mucho tiempo antes de que Emma le agarrara del brazo, tirando de él hacia atrás para luego ponerse delante de Scott. Lo siguiente que se escucho fueron unos disparos y el ruido de las balas rebotando sobre una superficie dura. Scott fue arrastrado hacia atrás donde se agacharon y estuvieron quietos por unos momentos. Scott comprendió que estaban refugiados de gente que les disparaban y de alguna manera habían parado las balas.
—¡Puedo ayudar! ¡Ponedme mirando hacia ellos!
Sabía que podía hacerlo, no por nada había sido entrenado por tanto tiempo. Scott no escucho nada y por un momento pensó que lo habían ignorado pero entonces sintió como alguien se movía hacia el al compás de unas balas que silbaban en el aire, hasta estrellarse en una dura superficie.
—Cierra los ojos.
Entonces noto como desgarraba el papel y tras unos instantes, en los que Scott creyó que peleaba contra lo que mantenía sus ojos prisioneros, se vio libre de la presión en sus párpados. Acto seguido Emma se lo colgó a la espalda, haciendo que el chico la rodeara con sus brazos. Scott sintió un tacto frío y aspero, casi como si estuviera tocando una especie de mineral, tal vez un diamante.
—Continua con los ojos. No quiero que me quemes el pelo.
Escucho la voz burlona de Emma. Scott se movió arrastrado por la chica hasta un punto en que se quedaron inmóviles. Scott oía disparos pero ninguno lo alcanzaba, supuso que Emma lo estaba protegiendo de alguna manera.
—Tu turno, chico guapo.
Dijo con aire divertido. Scott asistió con la cabeza antes de abrir los ojos. Un potente rayo de luz rojiza salio a toda potencia hacia una plataforma donde había apostados varios hombres con rifles. El haz de luz hizo impacto contra la plataforma dejándola reducida a un montón de tablas de madera. Los tablones, las armas y los hombres que las sostenían cayeron al vació.
—Buen tiro, ojos rojos.
Scott cerró los ojos con una sonrisa, orgulloso de todo lo que había avanzado desde el accidente de Jet.
Una vez librados del peligro, se dispusieron a seguir la marcha antes de que hubiera más problemas:
—¡Vámonos! —escucho la familiar voz de Emma, liderando al grupo:
—Yo no puedo ir —le contesto otra voz, que sonaba femenina y suave. La voz sonaba detrás de ellos.
—Kayla, ¿Qué estas diciendo? —pregunta la voz de Emma confundida. Por el tono de su voz pudo deducir que quién hablaba era su hermana.
—Tengo que quedarme, alguien me necesita.
Contesto la otra voz, con tono triste pero a la vez decidido, Scott le recordó a la voz de su padre antes de obligarlo a saltar del avión. Una ola de tristeza recorrió su interior. Scott se pregunto si Emma estaría viviendo una situación parecida a la que el había vivido hace ya tanto tiempo. Por instinto, busco la mano de Emma y cuando la localizo la estrecho con fuerza, como si intentara demostrarle que estaba a su lado, para apoyarla.
—¡Corre! ¡Ponlos a salvo! ¡Ellos te necesitan!
Scott sintió como apretaban su mano fuertemente y acto seguido una voz seria y fuerte dijo:
—Esta bien, pero si te matan te pateare el culo.
Era la voz de Emma. Tras eso sintió un fuerte tirón y comenzaron a alejarse del lugar lo más rápido que podían tratando de evitar cualquier peligro que pudiera acecharles. Scott se estremeció al escuchar el frío silbido de unas espadas acompañadas de ruidos secos que le recordaban al ruido que haría una pistola. Pero por suerte ese ruido se encontraba a lo lejos. Lo mas preocupante fue cuando escucho una voz muy profunda que le indicaba que debía ir a la izquierda, pero no la escuchaba con los oídos, sino que surgía directamente de su cerebro. Era como una sensación primitiva e innegable que le hacia confiar en esa voz.
—Ahí que ir a la izquierda.
—No te lo tomes a mal, guapo, pero tu no ves.
Le recordó Emma algo sarcástica desacreditando las palabras del chico. Pero este giro su cabeza en su dirección con gran seriedad.
—Es a la izquierda, confía en mí.
Scott tardo un momento en recibir respuesta, pero entonces giraron a la izquierda. Y supo que Emma lo había escuchado. Corrieron por un rato y subieron unas escaleras antes de que todos se volvieran a detener. Scott estuvo a punto de preguntar lo que ocurría pero sintió aquella misteriosa voz que le hablaba desde el fondo de su conciencia:
—"Todo ira bien, Scott. Mi nombre es Charles Xavier. Soy un mutante como tú".
Scott no oyó nada por un segundo, todo había quedado a un silencio incomodo que la misma voz rompió, sin embargo ahora la escuchaba con los oídos.
—Ya estáis a salvo.


-x0x-

En la actualidad Scott Summers sale de la mansión y el aire nocturno le golpea en la cara, despejandolo. Atraviesa los grandes jardines y se dirige a la parte trasera de la mansión. Donde tras atravesar todos los jardines se adentra en una senda que sigue hasta llegar a lo alto de una colina cercana. Colina desde donde puede ver los terrenos de la mansión en su completo esplendor. Desde ahí podía ver la gran mansión de muros de piedra, los brillantes jardines delimitados por vallas blancas y hasta puede ver la carretera que lleva a la gran ciudad de Nueva york. Mientras que sí miraba al otro lado podía ver el lago Breakstone. También se puede ver el gran bosque a lo lejos. Una vez toda aquella zona fue un gran bosque, pero se talaron muchos árboles para construir la mansión. Sin embargo, a pesar de que los alrededores de la mansión estaban podados, el bosque seguía presente a lo lejos. A veces cuando Scott se sentía mal, confuso o simplemente quería estar solía ir a dos sitios, la colina o el bosque. En el bosque solía recorrer sus grandes sendas y sus verdes caminos observando cada árbol y escuchando cada canto de pájaro. A veces, el Profesor le prevenía sobre los peligros del bosque, pero Scott no tenía miedo pues había pasado por cosas mucho peores que un bosque y ni siquiera la noche le hacia evitar el bosque, pues estaba acostumbrado a la oscuridad. La, respetaba y hasta la valoraba como a una buena amiga.
Scott suspiro y se sentó en los verdes pastos de la colina observando el lago. Le gustaban esas vistas por qué además de ser muy hermosas y transmitirle lindos recuerdos, eran las primeras vistas que veía sin temer a sus poderes.

-x0x-

Hace años cuando los niños encontraron a Charles Xavier hubo un gran silencio y alguna exclamación de sorpresa y después gritos de jubilo. Rápidamente Scott fue arrastrado por la corriente de niños moviéndose a toda velocidad. Emma lo ayudo a subir un peldaño y a caminar hasta que finalmente lo ayuda a sentir en una superficie cómoda y alcolchada, que poseía un respaldo. Scott supo de inmediato que se trataba del asiento de un vehículo. Sintió el suave tacto de Emma tocando su mano para que estuviera que estaba con él. Rápidamente las sospechas de Scott se vieron confirmadas cuando sintió el ruido de un motor y las vibraciones de movimiento. Espero que estuviera en un coche, pues se estremecía con solo de pensar en estar en un avión, con todo ese fuego y los truenos. Scott sintió como un escalofrío recorría su espalda y como la frente se parlaba de sudor frío.
—Tranquilo, todo saldrá bien —le dijo la suave voz a Emma pretendiendo calmarlo. Pero Scott dirigió su faz hacia ella con una expresión de desconfianza.
—No estaremos en un avión, ¿no?
—Qué va, para nada, no estamos en un avión.
Dijo Emma, aunque algo en su voz hizo que Scott desconfiara de ella. Así que siguió con el rostro orientado hacia ella.
—¿Seguro?
—Seguro.
Le aseguro Emma consiguiendo que Scott se calmara un poco. Tiempo después Emma le confesaría que definitivamente no estaban en un avión, estaban en un jet. Scott tendría gana de matarla por eso, pero al menos sabía que lo había engañado por su bien, según las propias palabras de Emma.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Sáb Sep 06, 2014 8:04 am

Una nueva vida
El tiempo paso sin mayores incidentes, salvo por el hecho de que Scott sintió como el sillón se inclinaba unos centímetros y eso hizo que el corazón le diera un vuelco. Pero no paso mucho tiempo en que las vibraciones se detuvieran y Emma le indicara que habían llegado a donde quisiera que fueran. Emma lo ayudo a levantarse y a caminar por un pasillo hasta bajar el escalón. Scott sentía que no estaban solos pues podía oír el tono de voz de más personas y una profunda gama de olores diferentes. Siguieron caminando mientras las risas y los gritos de alegría los acompañaban. Caminaron hasta entrar por una abertura y entrar en algún lugar que Scott no pudo reconocer, había un singular número de olores desconocidos. Al entrar se quedaron inmóvil y se impuso un silencio sepulcral. Lo único que se escucho fue el sonido del deslizar de rueda y unos pasos.
—Bienvenidos a la mansión X. Como ya he dicho soy el profesor Charles Xavier y ella es la doctora Moira MacTaggert.
Scott escucho con mucha atención y entre las palabras del Profesor una voz femenina los saludaba afectivamente, luego la voz profunda y misteriosa prosiguió hablando.
—Sé que habéis pasado momentos muy difíciles pero ya estáis a salvo. Nadie volverá a haceros daño. Se llamara a vuestras familias para informarles de que estáis bien y vengan a recogeros sí así lo deseáis. No obstante los que no tengan a donde ir o quieran quedarse serán bien recibidos en la mansión. Pero no os precipitéis en tomar una decisión. Ahora acompañad a Moira hasta vuestras habitaciones.
Tras ese discurso todos comenzaron a caminar y subieron largos escalones. Scott fue ayudado a recorrer el camino hasta que después de terminar de subir escalones y caminar en línea recta comenzaron a escucharse una serie de chirridos, como de puertas que se abrían. También escuchaba una voz femenina que daba instrucciones y hablaba de manera amable, aun así Scott se sorprendió cuando le hablo con ese mismo tono de simpatía:
—Scott Summers, ¿verdad? este es tu cuarto, si tienes frío hay mantas extra en el armario, a la izquierda de tu cama. Dentro de poco te traeré la cena. Si necesitas algo solo tienes que pedirlo.
—Sí puedes hacer que vuelva a ver sin que arda el mundo...
Dijo Scott de manera sarcástica mientras palpaba la pared para orientarse. Entonces alguien lo tomo por el brazo con cuídado:
—Veré que podemos hacer.
Dijo Moira cordialmente mientras alguien lo guiaba con suavidad hacia el interior de la habitación para ayudarlo a tumbarse en la cama. Scott sintió el peso de las mantas cobijandolo.
—Nos veremos luego, mirada escarlata.
Dijo la linda voz de Emma mientras se escuchaba el chirrido de una puerta al cerrarse. Scott suspiro y se quedo inmóvil en la cama, tratando de dormir. Cuando casi lo había logrado sintió unos golpes en la puerta.
—Scott, soy Moira. Te traigo la cena.
Dijo la voz de antes de que se escuchara el chirrido de la puerta. Scott se incorpora y alguien le coloca algo duro en el regazo. Scott lo palpo y supo que era una bandeja con un bol y una cuchara.
—Espero que te guste.
Dice la voz de Moira antes de que se escuchen pasos y la puerta se cierre tras ella. Scott dio una cucharada a la comida y sus ojos se deshicieron en lágrimas cuando descubrió que era lo más sabroso que había comido desde hace muchísimo tiempo. Una rica sopa caliente. Scott la devoro con ansia disfrutando cada cucharada. Luego palpando dejo la bandeja en la mesita y se hecho en esa suave cama. No tardo ni cinco segundos en dormirse.
No supo cuanto tiempo había pasado exactamente cuando escucho como volvían a picar a la puerta antes de entrar a la habitación.
—Hola mirada escarlata, ¿A que no adivinas quién soy? —Scott sonrío alegremente al oír ese tono de voz.
—No se, ¿Tal vez Emma?
—Tal vez... —contesto la voz de Emma de una manera alegre. Nunca había visto su rostro, sus ojos o su sonrisa. Pero Scott sabía que si pudiera verla la vería sonriendo. Seguro ella estaba tan agusto como él en aquel lugar —Venga, arriba, pequeño. Tengo una sorpresa para ti y presiento que te va a encantar.
—Una sorpresa, ¿qué sorpresa? —pregunta Scott incorporando un poco la parte superior de su cuerpo, apoyándose en los codos.
—Tú ven a verlo.
Dijo Emma de manera enigmática. Pero Scott la miro con cansancio y solo resoplo.
—No creo que pueda ver nada.
—Oh, vamos no seas aguafiestas. Tú ven.
Dijo Emma alegremente. Sin darle tiempo a negarse, lo agarro por las muñecas y lo obligo a levantarse. Scott suspiro pesadamente.
—Oh, esta bien.
Dijo con resignación. Emma lo empezó a guiar y Emma lo guió por un camino que recordaba del día anterior. Recorrieron el largo pasillo, bajaron las escaleras y finalmente atravesaron la puerta de entrada.
—Emma, ¿a donde vamos?
Pregunto algo inquieto, a pesar de todo el tiempo que llevaba sin vista no le gustaba no ver a donde iban.
—Ya lo verás.
Contesto Emma Scott volvió a preguntar pero Emma lo ignoró, así que Scott no tuvo mas remedio que confiar en Emma. Caminaron un buen trecho, Scott se dio cuenta de que el camino comenzaba a inclinarse. Cuando Scott comenzaba a impacientarse se detuvieron en una zona que volvía a estar recta. Scott sintió como le colocaban algo en los ojos y luego unas manos sobre sus hombros.
—Abre los ojos.
Dijo con una voz dulce pero Scott se aparto bruscamente. Estaba realmente espantado de la petición de Emma, no sabía que se proponía con todo eso y no quería descubrirlo.
—¡Emma! ¿te has vuelto loca? ¡Podría matarte! ¡Ya viste lo que puedo hacer!
—Scott Summers, ¿confías en mí?
Dijo con voz seria y profunda mientras las manos volvían a posarse en sus hombros. Scott respiraba agitadamente y temblaba como cual hoja frente a un vendabal. Pero se obligo a recordar todo lo que había vivido desde que conocío a Emma en aquellas jaulas y si alguien lo había apoyado desde entonces era ella.
—¿Confías en mi?.
Repitió Emma con voz suave y tierna mientras una suave mano le recorría la mejilla en una dulce caricia. Scott respiro hondo y decidió confiar en Emma. Tras un momento de lidiar consigo mismo abrió los ojos.
Y para su sorpresa nada paso, poco a poco fue fijándose en todo lo que le rodeaba, primero vio a una hermosa chica de ojos azules. La joven no sería mucho mayor que él, tenía unas facciones palidas y suaves que le daban el aspecto de una muñeca de porcelana. No llevaba mucho maquillaje, pero si el necesario para acentuar todavía más su extraordinaria belleza. Vestía con una camiseta blanca, pantalones vaqueros blancos y zapatos del mismo color. La chica lo miraba con una sonrisa enternecida y un brillo especial en los ojos. Su pelo era rubio platino y en el se reflejaban los rayos del sol. A Scott le empezó a latir el corazón con una gran fuerza y le dio un pasmo al ver por fin a esa chica con la que compartió tantas cosas.
Lo siguiente en lo que se fijo es que se encontraba en un lugar alto, una colina, una colina desde la que se podía ver una gran mansión con césped, piscinas. También se veía un bosque a lo lejos y en el otro lado un lago de agua cristalina. Realmente ese sitio era muy hermoso y la belleza de ese sitio se veía aumentada por los rayos naranjas de la aurora. Pues la tercera cosa de la que se dio cuenta Scott es de que estaba amaneciendo.
Sin duda Emma había escogido el momento mas hermoso y perfecto para devolverle la visión, entonces Scott se sintió muy emocionado por lo que la chica había hecho por él y aún mas feliz por poder ver algo tan magnifico despues de pasar tanto tiempo sin ver. La visión de Emma en aquel lugar lleno de naturaleza y bajo los rayos naranjas de la aurora lo cautivo y sintió muchas ganas de besarla pero cuando iba a hacerlo le dio mucha vergüenza y se puso rojo de solo pensarlo.
—Vaya, vaya, Scott, no me digas que es la primera vez que ves a un chica guapa —dice Emma sonriendo de medio lado y dejando al descubierto unos dientes blanquísimos.
—¡No! Solo qué... hace mucho que no podía ver a nadie.
Dijo Scott hablando muy deprisa y cada vez con más color en las mejillas hasta el punto en que casi parecía un tomate. Emma se limitaba a mirarlo con una sonrisa divertida.
—Bueno, espero que te haya gustado, no madrugo por cualquiera.
Scott la miro maravillado y con el corazón latiendo a mil por hora mientras la aurora seguía avanzando para dar paso a un nuevo día.
—Oh, Emma, gracias, esto es...
—Lo sé. No tienes que agradecérmelo —dijo con un tono inocente pero con un brillo especial en los ojos —aunque si te empeñas un beso no estaría mal.
Dijo Emma con una sonrisa maliciosa viendo con deleite como el rojo en las facciones de Scott subía hasta limites insospechados y como se quedaba congelado pero aún temblando de los pies a la cabeza.
—Bueno, está bien —dijo Emma poniendo una expresión triste pero rápidamente se acerco a Scott y lo rodeo con sus brazos —pero si cambias de idea no estaré muy lejos.
Le dijo al oído con un tono sensual que hacia que el cuerpo de Scott se estremeciera de arriba a abajo y sintiera como su corazón se desbocaba. Tenía el cuerpo de Emma pegado al suyo y eso le agradaba más de lo que hubiera esperado. Finalmente ella se separo abruptamente cortando el contacto y dejando a Scott con un misterioso calor que no sabía como explicar. Quiso decir algo más pero no era capaz de articular palabra. La chica se dio la vuelta y empezó a alejarse meneando un muy bien formado trasero que Scott observo sin poder evitarlo. Y seguía observando en la misma dirección rato después de que Emma se hubiera marchado. No fue hasta que los rayos del sol incidieron del todo en aquella colina que Scott pudo reaccionar y más importante aún. Darse cuenta de las misteriosas gafas que llevaba en los ojos. No se atrevió a quitárselas sospechando que eran la razón por la que podía ver sin peligro. Dichas sospechas se verían confirmadas más adelante. También averiguaría que el hombre que los había traído allí sabía lo que le ocurría por lo que consiguió esas gafas especiales para él.


-x0x-

En el presente una sonrisa se esboza en el rostro de Scott que recordaba como si fuera ayer aquel recuerdo tan maravillosos, que hasta la fecha era uno de los más felices de toda su vida. El momento en que había abandonado la oscuridad y el miedo a abrir los ojos y lo había hecho en la compañía de aquella persona que conoció cuando las cosas no podían ir peor y le había demostrado que por oscuras que parecieran las cosas nunca estaría solo de el todo. A veces le resultaba algo incomodo llevar gafas todo el rato, pero esas gafas no eran más que un pequeño precio por poder observar la forma de los árboles, la belleza de la luna, la lisa superficie del lago cuando esta en calma o los hermosos ojos de una chica. Nunca podría explicar con palabras lo agradecido que se sentía a aquellas personas que lo apoyaron y lo ayudaron en sus peores momentos.
Desde que Scott estuvo en la colina con Emma vio la vida con nuevos ojos. A pesar de verlo todo a través de unas gafas apreciaba cada forma que veía, cada color. Se sentía libre y capaz de hacer cualquier cosa. Era cómo si tuviera una segunda oportunidad para vivir lo que antes no pudo.

-x0x-

No paso mucho rato cuando escucho la voz de Charles Xavier en su cabeza:
—Scott, necesito hablar contigo.
Dijo una voz profunda en su cabeza y acto seguido le indico el camino a su despacho. Scott entro en la casa por una puerta principal de madera y al entrar en un gran hall de entrada giro a la derecha y se interno en una sala muy bien decorada, pero con un aire antiguo como del siglo XIX . Había una gran mesa de caoba delante de una antigua chimenea de piedra. Delante de la mesa había un par de sillas. Una alfombra de forma circular en el suelo y al lado de la pared había varias estanterías con libros, y junto a los pesados tomos unas fotos adornaban los estantes. Antiguas lamparas adornaban las paredes y había un candelabro sobre la mesa. Scott se quedo observando aquel despacho, saboreando cada detalle.
—Hola, Scott, ¿te gusta mi despacho? —pregunta Xavier con una sonrisa cordial.
Xavier era un hombre prematuramente calvo. Sus ojos eran penetrantes, cómo si fuera un cazador en busca de su presa. El hombre iba muy bien vestido con su traje y tanto sus facciones como su porte le daban un aspecto respetable.
—Bueno, es un poco antiguo para mi gusto, señor. Pero supongo... —respondio el muchacho volviendo a echar un vistazo alrededor y usando el seudónimo que le enseñaron a usar en uno de los sitios que había estado. De nuevo centro su vista en Xavier —que tiene cierto encanto.
—Mientras tenga encanto esta bien —dijo el Profesor con una sonrisa antes de hacerle un gesto para que se sentara. Scott lo miro un momento dubitativo como si estuviera sopesando si aceptar la invitación o no hacerlo —aunque preferiría que me llamaras Profesor X o simplemente profesor.
—Ésta bien, profesor —dice Scott finalmente acercándose a la mesa y sentando en una de las sillas de cuero rojo. Se quedo un momento en silencio, tenía muchas preguntas, pero aún así quería sopesar cada palabra que pronunciaba para saber como hacerlas aunque estoy seguro que no me a llamado para hablar de su despacho.
—Es cierto, Scott, te llame por otro asunto —dijo el profesor desde su silla con una sonrisa cordial —aunque aprovechar el momento siempre es bueno, ¿no crees?
—Supongo —contesto Scott algo dubitativo, extrañado por la gran amabilidad que mostraba el profesor con él, se pregunto si sería sincera. Pero finalmente llego a la conclusión de que el hombre tenía razón —¿Profesor de qué? ¿A que viene la X?
—La mansión X es un instituto para Jóvenes Talentos y yo soy su director en esta escuela además de profesor en esta escuela contestó el profesor con palabras pacientes y tranquilas —y la X es por mi apellido, Xavier.
—¿Instituto para Jóvenes Talentos? — repitió Scott sin poder comprenderlo del todo.
—Talento como el que tu tienes, Scott —dijo Charles mientras hacia una pausa y clavaba sus penetrantes ojos en Scott, esa forma de mirarlo hizo que Scott sintiera como lo traspasaba con la mirada, cómo si el Profesor tuviera la cualidad de llegar hasta su alma —¿Qué te han contado sobre tus habilidades?
Scott se quedo pensativo, desde que llego había sospechado que sabía lo que él y Emma podían hacer, ahora había dejado claro que sí lo sabía. Cayó un momento pensando si contestarle o no, finalmente opto por la primera opción.
—¿Qué soy alguien especial? —respondió dubitativo, sin estar seguro de que debería responder.
—Es cierto, eres una persona muy especial, pero cuando se esta entre personas especiales cada uno lo es a su modo —explico el profesor haciendo que Scott lo mire intrigado sabiendo que aún le quedan muchas cosas por entender —tus poderes son diferentes a los del resto de personas, pero, ¿sabes por qué los tienes?
—No... —contesto Scott negando con la cabeza y completamente intrigado por las palabras del profesor.
Scott se quedo estupefacto, no podía creer lo que estaba oyendo, sin embargo creía hasta donde iba esa conversación y era algo que lo dejaba completamente impactado.
—Estás diciendo que... —empezó a decir Scott con dificultad ya que le faltaba el aliento.
—Estoy diciendo que la especie humana esta cambiando y nosotros somos el resultado. —dijo con voz profunda y resonante que hizo que Scott sintiera como un escalofrío le recorría el cuerpo, desde la cabeza hasta la planta de los pies.
Scott agacho la cabeza y se mantuvo en silencio tratando de asimilar la nueva y abrumante información. Desde hace mucho tiempo soportaba la carga de sus poderes, pero nunca se había llegado a imaginar que formaba parte de algo tan grande como eso, ni siquiera había llegado a imaginar que la humanidad pudiera cambiar. Aunque ya le había mencionado Emma algo sobre la evolución humana en una de sus muchas conversaciones mientras estuvieron encerrados. También dijo que es algo que siempre explican en la escuela. Sin embargo, algo que era obvio para cualquier estudiante no lo era para Scott, pues debido a las cosas que le habían sucedido el había dejado la escuela hace mucho tiempo cuando era pequeño. Finalmente levanto la cabeza y miro a Xavier con ojos algo distante que no conseguían enfocar bien debido a lo impactado que se encontraba.
—¿Por qué yo? —consiguio decir Scott con voz temblorosa y bastante agitada.
—No te preocupes, Scott —le contesto Charles con voz tranquilizadora Por inercia alargo un brazo por encima de la mesa del escritorio y coloco su mano en el hombro del muchacho para reconfortarlo —no te sucede nada malo, solo tienes un gen diferente a los demás.
—¿Un gen diferente? —respondió Scott en un murmullo casi apenas audible a lo que Charles asistió con serenidad.
—Sí, Scott, aunque eso lo dejaremos para otro momento. —dijo el profesor no queriendo abrumar al muchacho más de lo que estaba ya —por ahora solo necesitas saber que tus poderes son un don, algo de lo que sentirse orgulloso.
Scott escucho atentamente y se tranquilizo aunque ya nunca olvidaría esa frase "son un don". Los días siguientes fueron muy tranquilos y agradables. Por primera vez en tanto tiempo se sentía completamente libre para elegir, antes o estaba encerrado entre cuatro paredes blancas o en una jaula y ahora tenía toda una mansión por recorrer. Se pasaba el día recorriendo sus largos pasillos, viendo sus grandes estancias, observando cada detalle de la gran biblioteca y explorando los grandes terrenos que rodeaban aquel lugar desde el bosque hasta el hermoso lago o las colinas cercanas. Por no hablar de la piscina o las canchas deportivas. Su libertad no solo se refería al espacio en el que se podía mover sino que también en lo que podía hacer antes le decían paso por paso lo que debía hacer, ahora era libre para escoger si quería pasear por los jardines, quedarse en su habitación o leer en la biblioteca. Y además poder ver cada lugar y cosa que le rodeaba lo hacia como un sueño hecho realidad. Él único defecto de aquella situación era el exceso de personas. Sus experiencias pasadas le habían hecho una persona tranquila y solitaria. A quién no le agradaba la compañía de los demás y mucho menos el bullicio que armaba una aglomeración de gente reunida. Por lo que solía evitar la compañía en la medida de lo posible, salvo por dos excepciones Emma, con la que solía hablar a menudo, y Charles quién le había explicado que las gafas especiales estaban hechas de un rubí de cuarzo rojo que retenía sus poderosos rayos ópticos. También le explicó que muchos de los otros mutantes volverían a sus hogares, pero que él podría quedarse a estudiar en la mansión sí así lo deseaba pues en septiembre comenzarían las clases. Scott acepto sin dudarlo, no por nada disfrutaba de todo lo que había cambiado su vida desde que llego a la mansión sino que no tenía ningún otro lugar al que ir. Aunque pronto comprendería que tomar esa decisión no sería tan fácil como pensaba:
—La verdad dudo mucho que me vaya a quedar.
Dijo Emma con voz meditabunda. La chica rubia estaba sentado en lo alto de la colina, Scott estaba a su lado. Ambos observaban la mansión a lo lejos cuyas luces brillaban en la oscuridad de la noche. La estrellas y la luna llena se veían claramente en el cielo nocturno. A Scott y a Emma les encantaba ir a esa colina al ser el lugar más tranquilo de la mansión. En noches en que Emma se insinuaba sutilmente esperando ver cual era el límite de Scott antes de ponerse completamente rojo y riéndose cada vez que lo conseguía, mientras Scott no podía desearla más pero a la vez era demasiado tímido para atreverse a tomar la iniciativa.
—¡¿Qué?! ¿por qué no? —replico Scott volviendose hacia Emma. Las palabras de la chica habían tenido el mismo efecto que si le hubiera dado una bofetada —No creo que puedas encontrar un sitio mejor.
—Yo no puedo quedarme, debo buscar a mi hermana —repuso Emma con voz firme sin apartar la vista de aquella gran estructura que los había cobijado desde que llegaron.
—¿Y por qué no vuelves cuando la hayas encontrado? —escruta Scott negándose a la idea de no volver a verla. Cuando pensaba en eso se daba cuenta de lo mucho que estaba unido a Emma y lo mucho que le dolería que se marchara.
—No lo se, tal vez. ¿Tú por qué quieres quedarte? —pregunta Emma volviéndose hacia Scott para confrontarlo para luego volver a mirar hacia el horizonte. Emma trato de darle poca efusividad a lo que iba a decir para que no se notara que le importaba, sin embargo el sentimiento estaba claro —podrías venir conmigo.
Por un momento la petición de Emma le dejo impactado, no se había esperado algo así y por un momento la idea de ir con ella le tentó sin embargo le bastaba con mirar a su alrededor para comprender que no había ningún otro sitio para ellos.
—No, Emma. Tú deberías quedarte conmigo. —Sin quererlo Scott había empleado un tono más duro del que pretendía. Hace una pausa tras la que emite una breve carcajada nerviosa y abre los brazos en un ademán de aferrar todo lo que le rodeaba. —Mira a tu alrededor, aquí estamos a salvo y somos libres. ¿Realmente crees que puede haber un sitio mejor para nosotros?
—Libertad es ir donde queramos y hacer lo que nos plazca —contesto Emma de manera tajante antes de relajar el tono, pero manteniendo la suficiente firmeza para que Scott supiera que hablaba en serio —hay un mundo entero por recorrer, ¿Sabes?
—¿Y si decidiera que quiero quedarme aquí? ¿y si me placiera estudiar en la mansión? —pregunta Scott con hosquedad mientras alterna la mirada entre Emma y la mansión —El mundo estará lleno de personas como las que nos capturaron, no es seguro.
—Eso fue diferente. Además aún no nos conocíamos. Juntos podremos con todo.
—Tal vez podamos con todos, pero tal vez el profesor nos enseñe algo que deberíamos que saber —contesto Scott con rostro serio y con voz firme. No quería perder a Emma pero sabía que no podía hacer otra cosa que no fuera quedarse en aquel lugar.
Dudo que el calvo pueda enseñarnos algo que no podamos averiguar nosotros —se burló Emma con un sonsonote en su tono de voz que irritó a Scott.
—¡Oye! Comprendo que tengas que ir a buscar a tu hermana pero El Profesor nos salvo la vida, nos a ofrecido un lugar donde estar a salvo, lo mínimo que puedes hacer es mostrarle algo de respeto —explotó Scott muy enojado por la forma en que había hablado de Charles y más porque Emma ni siquiera lo estaba mirando en la mayor parte de la conversación.
—Mi hermana nos salvo —dijo Emma girándose abruptamente y hablando con bastante mas dureza de lo habitual, para ser alguien que no dejaba ver sus emociones con facilidad se notaba que eso le había afectado. Y luego se encogió de hombros —bueno, mi hermana y su novio.
—La llegada de tu hermana fue tan oportuna como la del Profesor, ¿no te parece? —dijo Scott que sin haber visto nada de lo que paso si sabía que había alguien que se quedo atrás antes que la hermana de Emma y que la hermana de Emma les abrió el camino hasta el lugar en que encontraron al Profesor, demasiadas coincidencias como para no ser un rescate coordinado —seguro que a tu hermana le gustaría que te quedaras aquí.
—¿En serio? ¿Ella hubiera querido que me quedará? —pregunta Emma dubitativa antes de que en su cara se esbozara una sonrisa divertida —Pues que lastima que nunca haga lo que ella quiere, ¿no crees?
—No deberías llevarle la contraria a personas que quieren lo mejor para ti —refunfuña Scott mirándola con seriedad pero empezando a resignarse de que la iba a perder y sintiendo cómo su corazón se desgarraba a causa de ello.
—Tal vez, pero yo no permito que nadie decida por mi —hablando con mucha convicción e hinchando el pecho como prueba de que estaba orgullosa de hacerlo —además esto es algo que tengo que hacer.
—¿En tal caso por qué no le pides ayuda al Profesor? —pregunta Scott mirando a Emma intrigado a sabiendas de que su orgullo no le importaría en esto, no tratándose de la vida de su hermana.
—Lo hice —contesta Emma con sombría mientras aparta la mirada y observa la mansión —pero él contesto que no la encuentra y que tal vez le haya pasado algo malo.
Scott la miro consternado y se pregunto si la verdadera razón de que no lo mirara fuera que estaba llorando y era tan orgullosa cómo para no mostrárselo. Todo parecía encajar, ella ya estaba en la colina y rara vez lo había mirado, solo en breves ocasiones en que debido a la luz no había visto su rostro con nitidez. Scott no supo que hacer por un momento y se quedo paralizado, pero al final llevo su mano hacia el hombro de Emma de manera tímida y vergonzosa. Desde que había recuperado la visión evitaba el contacto físico, pues le recordaba malas experiencias en que necesitaba que lo tocaran para guiarlo, sin embargo Emma era especial y quería hacerla sentir mejor. Quería reconfortarla, demostrarle que mientras él estuviera cerca nunca estaría sola, pues estaría ahí para ella. También quiso decirle algo pero finalmente no lo hizo, no sabía que decir en esa situación así que quedo callado esperando que su presencia fuera suficiente para aliviarla. Emma se llevo una mano a la cara e hizo algo que Scott no vio, el chico supuso lo que hacia:
—No pasa nada. No importa lo que digan o lo mucho que lo repitan. Yo encontrare a Kayla, sea como sea lo haré. Y cuando la haya encontrado tal vez nos volvamos a encontrar.
Emma se giro para mirar a Scott con una gran sonrisa y la sombra de la convicción brillando en sus ojos. Eso hizo sonreír orgulloso a Scott, muchas cosas había vivido con Emma, muchas cosas había aprendido con ella, pero nunca se había sentido tan orgulloso de la chica de ojos azules como en estos momentos.
En ese momento los dos chicos juntaron sus manos, estrechándolas en una sincera promesa que les acompañaría el resto de su vida, a pesar de no saber que pasaría en el futuro, en ese preciso instante estaban seguros de que pasará el tiempo que pasará sus caminos se volverían a cruzar.
—¡Prometido!
Dijeron tanto Emma como Scott con una forma firme que no dejaba sombra a cualquier duda.


-X0X-

Tiempo después Scott esta solo, en el mismo lugar en que aquella promesa había tomado lugar. Cada vez que recordaba esos momentos una sonrisa de nostalgia asomaba en su cara. Tras notar como el frío nocturno comenzaba a calarle los huesos se levanto. Deshizo todo el camino de regreso a la mansión. Ahí entro con una llave que le había dado el Profesor. Al entrar procuro que la puerta no chirriara para no armar un escandalo. La mansión era gigantesca y tenía un sinfín de estancias y pasillos. Podría pasar toda la noche recorriéndolos si así lo deseara o sí simplemente se perdiera. Pero Scott sabía perfectamente donde ir. Subió por las escaleras principales hasta el piso de arriba, luego camino por varios pasillos y entro en una estancia tras la que tras una puerta había unas escaleras secundarias que llevaban a otra parte de la mansión. Al bajarlas accedió a un pasillo con una multitud de puertas algunas muy diferentes de otras. En concreto Scott entro por la tercera puerta a la derecha. Una puerta doble con vidrieras. Al entrar encontró una estancia sin ventanas pero con numerosas maquinas de deporte, bicicletas estáticas, cinta de correr o maquinas de pesas. Scott inmediatamente se puso a entrenar para aliviar su mente de los recuerdos que lo acosaban en esa noche libre. Después de hacer el entrenamiento reglamentario se puso a levantar pesas. Sin embargo de vez en cuando le venían a la mente recuerdos de su pasado a consecuencia de las pesadillas que lo atosigaban por las noches.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Dom Sep 14, 2014 9:12 am

Vivir el momento
Los días siguientes a esa conversación los paso junto a Emma, disfrutando en todo lo posible el tiempo que les quedaba para estar juntos. Emma se relacionaba mejor que él y de ella Scott se entero de bastantes cosas. Se entero de que el grupo que los había secuestrado era una organización terrorista anti-mutante. El grupo había hecho verdaderas atrocidades contra mutantes. Y a pesar de que la sociedad por lo general no sabía de la existencia de mutantes, sabía lo suficiente de esa organización como para que estuvieran en busca y captura. Los buscaron por mucho tiempo pero cuando por fin lograron dar con la isla, donde se suponía que estaba su base, no quedaba ni rastro ni de la organización, ni de sus lideres, ni tampoco sus víctimas. Era como si la organización se hubiera desvanecido en el aire, un verdadero misterioso. La teoría oficial era que anticipándose a la llegada de la CIA y el FBI se largaron sin que nadie los advirtiera. Ahorra mismo el líder terrorista, William Stryker, era el hombre más buscado en los Estados Unidos.
También contó que ella no sería la única que se marcharía, pues otros querían volver a sus hogares, hasta había gente que vivía fuera de Estados Unidos, en países muy lejanos. Un ejemplo de ello era un irlandés cuyo poder consistía en controlar las ondas sónicas mediante su voz.
Nada de eso le interesaba a Scott, de lo que había pasado solo quería saber que ya estaba a salvo y que los demás se marcharan solo hacía más agradable su estancia en la mansión, sin embargo creaban un tema de conversación muy eficaz.
De todas las conversaciones no olvidara la del último día antes de que muchos estudiantes regresaran a sus hogares, según le contaron. Fue por eso que decidieron celebrar una fiesta, con el permiso del Profesor.
—¿Entonces sabes cuando te marcharas? —pregunta Scott mientras observaba los amplios corredores que atravesaban de camino a la fiesta.
—Vaya, ¿tantas ganas tienes de que me vaya, Scott? —pregunta Emma con voz afligida pero muy sarcástica —y yo que pensaba que me echarías de menos.
Scott agacha la vista muy apenado, le dolía hablar de ese tema con Emma, pero lo veía necesario. Para superarlo concentro su atención en observar los detalles de aquellos pasillos.
Recordaba haber visto la tele, haber leído y también haber escuchado música. Eso hizo que Emma le llevara a ver la tele a la sala de estar. Realmente a Scott le impresiono volver a verla, pero no tardo en aburrirse y dejar vagar su atención. Al día siguiente no encontró a Emma por ningún sitio y no paro de buscar hasta que el Profesor le dijo que algunos alumnos habían manifestado su deseo de ir a la ciudad. Por lo que ese día Moira se llevo a unos cuantos de compras a Nueva York, Emma incluida. Al volver la rubia venía con un libro de George Wells y un MP3. Sin embargo, Emma no se lo devolvió hasta conseguir llenarlo de canciones que le gustaban mediante los ordenadores de la escuela. Scott guardaría el libro y el MP3 como verdaderos tesoros. Nunca olvidaría quién se los había regalado. Y lo más curioso de todo es que el día en que le dio el MP3 con canciones fue el día en que cumplía 15 años. Scott ya no le daba importancia, pero ella sí y se lo hizo saber felicitándole, dándole ese regalo tan personal y lo que más impacto a Scott dándole un beso en su mejilla, la cuál tardaría en perder su color rojo tomate.
Todos esos momentos maravillosos no hacían más que probarle que la marcha de Emma no sería más que una gran yaga en lo profundo de su corazón.
—Claro, que te echare de menos —dijo tras emitir un profundo suspiro luego agacho la cabeza de manera lastimera —nunca podría dejar de echarte de menos.
Termina de contarlo con una voz triste, sin embargo Emma no puede evitar sonreír satisfecha.
—Así me gusta, pequeño —respondió Emma con tono jocoso antes de ponerse seria y que su rostro adquiera un deje de incertidumbre —¿Pero entonces a que viene la pregunta?
—Por qué el momento llegara, es inevitable, quiero estar preparado —contesta Scott con voz apesadumbrada.
—¿Preparado para qué?
—Para despedirme de ti —contesto Scott con rostro afligido y mirando al suelo de manera apenada.
—Eso es una tontería.
Contesto Emma encogiéndose de hombros y con una sonrisa de despreocupación mientras siguen atravesando pasillos en busca de la sala de la fiesta. Scott no pudo evitar levantar la cabeza y mirarla anonadado, preguntándose que pensaría hacer Emma.
—¿Realmente quieres que el último recuerdo que tengas de mi sea el de mi trasero saliendo por la puerta? —pregunto Emma con palabras jocosas y una sonrisa burlona. Scott abrió la boca para decir algo, pero Emma estiro su brazo hacia Scott y coloco su mano abierta a pocos centímetros de la boca del chico —No digas, ya lo se, mi trasero es una visión realmente hermosa. Pero eso no significaba que debamos dejar que una despedida nos amargue el día.
—Hablas como si hubiera otra opción.
—La hay —dijo Emma girándose a mirar a Scott con una mirada enigmática y una sonrisa orgullosa, como si escondiera la mejor de las formulas secretas.
—¿En serio? ¿y cuál es? ¿qué es lo que se te ocurre que podríamos hacer? —pregunta Scott completamente atónito y con la mirada brillando en sus ojos.
Emma sonríe de lado y se gira para plantarse delante de Scott y escrutarlo con su mirada. Scott se paro nervioso y la miro completamente atento a lo hacia Emma. La chica paso su suave mano por la mejilla de Scott, haciendo que el chico se estremeciera. Emma acerco su boca a la oreja de Scott y le susurro algo:
—Vivir el momento, pequeño, vivir el momento.
Scott se estremeció por sentir el cálido aliento de Emma en su oreja pero la sorpresa de su respuesta le hizo quedarse pasmado, trato de decir algo más pero Emma ya se había separado de él y se alejaba por el pasillo. Scott se quedo observándola asombrado, antes de sonreír levemente y apresurarse a seguirla.
Scott se estremeció por sentir el cálido aliento de Emma en su oreja pero la sorpresa de su respuesta le hizo quedarse pasmado, trato de decir algo más pero Emma ya se había separado de él y se alejaba por el pasillo. Scott se quedo observándola asombrado, antes de sonreír levemente y apresurarse a seguirla.
No tardaron mucho en llegar al salón de baile, una sala grande y espaciosa, suelo de mármol blanco y paredes adornadas con colgaduras de terciopelo de diferentes colores y tamaños. Hacia el centro a la derecha, había una pista de baile de forma circular y algunos focos que apuntaban al escenario. A la izquierda de la pista había pequeñas mesas redondas. Entorno a la mesa había varias sillas, las sillas estaban colocadas de manera que miraran al escenario y a la pista de baile. Las mesas tenían un mantel blanco y numerosos platos de comida entre los que se encontraban platos tan variados que iban desde ganchitos, hasta jamón y queso. A la derecha de la pista de baile había una tarima que servía como escenario. A la tarima se podía acceder por escaleras o por una rampa.
Emma y Scott no lo dudaron ni un momento y ocuparon una de las mesas más cercanas a la pista de baile. Scott no paraba de sentirse fascinado por todas las estancias y lujos de la mansión, sin embargo a Emma no podía importarle menos.
La doctora Moira, a la que Scott había visto en numerosas ocasiones, bien sea al llegar a la enfermería mientras exploraba, al encontrarla en el despacho de Xavier o simplemente encontrándosela por los pasillos, subió a la tarima y con un micrófono empezó a hablar:
—Buenas noches a todos. Me alegra tenerlos a todos aquí esta noche. Espero que disfruten de esta maravillosa noche al máximo, ya que sin duda será una noche memorable. Pero antes de que comience la fiesta el director Xavier quiere decirles unas palabras.
Moira dejo de hablar y Charles ascendió por la rampa con dirección a la tarima. Mientras aguardaba a que el Profesor hablara Scott fue testigo de como Emma apoyaba la mejilla en la mano y como colocaba el codo encima de la mesa, en un gesto de autentico sopor.
—Este tipo siempre dando discursitos —murmuro Emma hablando para sí misma, con la voz baja impidiendo que los demás la escucharan. Aunque Scott sabía que sí el Profesor quería saber lo que pensaba Emma no tenía ni que escucharla, podía enterarse solo entrando en su mente. Emma aunque no le importaba nada que la escucharan si que le molestaba que invadieran su intimidad privada y eso Scott lo sabía muy bien.
—Buenas noches. Ya han pasado varios meses desde que llegasteis a la mansión y debo comunicarles que a sido un verdadero honor tenerles como invitados en la Mansión X. —dijo Charles Xavier con una voz profunda y resonante, hablando con tono solemne a los alumnos que lo observaban, algunos afortunados sentados en una mesa y otros de pie.
—Ya se que mañana muchos de vosotros abandonaran la mansión, mientras otros se quedaran. Debo decirles a todos los que se quedan que será todo un honor seguir teniéndoles por aquí. A los que se van solo les diré que será una verdadera lastima despedirse de ellos, pero deben saber que las puertas de esta escuela, estarán siempre abiertas y que la academia X nunca negara ayuda a quién la necesite. Buena suerte a todos.
Tras sonreír amablemente al público volvió a pasarle el control a Moira quién no tardo mucho en dar la fiesta por comenzada. Sonó música, la gente comió, rió, bailo. A Scott no le gustaba mucho ese ambiente festivo, ni toda la muchedumbre ruidosa que había en aquel lugar, pero por estar con Emma lo soportaba. Gracias a ella fue que estuvo ahí para comerse esa rica comida y que pudo reír libremente. Sin embargo, cuando llego el momento de bailar no se mostró muy receptivo.
Y llego de manera inesperada y apasionada, cuando Emma puso una expresión de interés cuando comenzó una nueva canción. Apto seguido se levanto de manera muy enérgica y atrapo la mano de Scott de manera suave pero firme.
—Hora de mover el esqueleto, pequeño.
—¡Emma, yo no... ! —empezó a farfullar Scott antes de verse forzado a levantarse y empujad hacia la pista de baile, lo que le ponía muy nervioso.
—No te he preguntado —dijo Emma con voz alegre y una sonrisa divertida en su rostro que dejaba bien claro que disfrutaba poniendo nervioso a Scott.
Al llegar a la pista Scott se quedo completamente inmóvil, con las mejillas ruborizadas, aunque esperando que con la luz actual Emma no se diera cuenta, lo cuál era esperar demasiado.
—Emma, yo... no se bailar —le dijo rogándole con los ojos y voz suplicante a lo que Emma se quedo mirándole con una expresión enigmática.
—Vaya, vaya, Mirada escarlata, ¿Lanzas rayos por los ojos y te da miedo la pista de baile? —pregunta Emma con sorna, antes de pegarse a Scott y pasarle una mano por la cintura aumentando la temperatura del chico —¿o es otra cosa lo que te da miedo?
—Yo no temo a nada —dice Scott con la voz temblorosa y tartamudeando —solamente no se bailar.
—Eso no es problema para mi, Scotty —contesta Emma en su oído antes de agarrar una mano del chico alrededor de su cintura y agarrando la otra en alto, cogiendo la posición adecuada.
—Emma, ¿crees que es el momento? —pregunta Scott de manera muy tímida, aumentando el color de sus mejillas. Emma ríe de manera cantarina.
—Por supuesto, ninguno mejor —dice Emma completamente segura de sí misma —muévete varios pasos hacia atrás.
Emma avanzo hacia delante provocando que Scott fuera hacia atrás, luego camino varios pasos hacia atrás y Scott se adelanto algo cohibido por los nerviosos pero dejándose llevar.
—Un paso adelante, otro atrás... —le susurra Emma mientras hace su mejor esfuerzo por enseñarle. Scott a pesar de estar muerto de vergüenza trataba de corresponder al entusiasmo de Emma, la cual parecía estar satisfecha con los resultados —¿Ves? no es tan difícil.
—Si tú lo dices.
Replico Scott dubitativo, por un lado tenía muchas ganas de detenerse y salir huyendo, pero por otro no podía sentirse más a gusto tan cerca de Emma.
La noche transcurrió y los dos jóvenes seguían bailando sin darse cuenta de ello. Aunque al principio Scott estaba muy nervioso, el lado que estaba disfrutando con ello fue ganando terreno y cuanto más tiempo pasaba más se relajaba concentrándose en disfrutar del momento, en lugar de si lo hacia bien o mal. Emma se daba cuenta de ello y no podía evitar disfrutarlo, saboreando cada momento. Habían empezado por mover un poco los pies para luego dar giros uno alrededor del otro. Cada vez bailando mas pegados el uno al otro, Emma disfrutaba con todo ello. Ver como de un Scott temeroso cuyas mejillas se teñían de rojo a alguien sin ese color tomate en las mejillas y mucho mas atrevido, "ni siquiera le hizo falta el alcohol" pensaba Emma alegremente". Ahora bailaban una canción lenta y romántica tenía su mano derecha alrededor de él y la mano de Scott en su cintura. La otra mano la tenían unida, con los dedos entrelazados. Sus ojos tenían la mirada clavada en los ojos de Scott. Su corazón latía acaloradamente y sus pensamientos estaban nublados. Nunca había sentido algo así, si bien no solía tener lazos muy fuertes por nadie, como mucho contaría a dos personas y una de ellas siendo su hermana. Pero Scott era completamente diferente, alguien que la hacia sentir miles de cosas. Podía verlo como un niño asustado al que proteger, un chico vergonzoso con el que disfrutar, un amigo con el que echar unas risas o podía ser la persona con la que un baile lo significaba todo. Que confuso.
Para Scott estaba siendo la mejor noche de su vida, se sentía feliz como pocas veces lo había estado. Es posible que cuando su hermano y sus padres estaban vivos hubiera disfrutado de buenos momentos, pero eso se sentía tan lejano que ya no importaba. La única persona que le importaba de su vida era Emma y ella le hacia sentir realmente feliz. La había conocido en uno de los peores momentos de su vida y desde ese mismo instante se había convertido en su luz en la oscuridad, la persona en la que apoyarse cuando peor se sentía. Sin duda sentía muchas por ellas, algunas sabía lo que significaban y otras eran demasiado nuevas como para comprenderlas. Pero a él le daba igual, sabía que le importaba, que disfrutaba a su lado y que cuando no estaba se sentía mal, eso era lo que necesitaba saber.
Ninguno de los dos sabía que la noche aun les guardaba alguna sorpresa que ninguno esperaba. Todo paso cuando una de las canciones termino. En ese momento por circunstancias del destino o por pura inercia y efusividad del momento Emma se inclino hacia Scott, acerco sus labios a los de él y lo beso. Eso los dejo a ambos sin aliento sintiendo sensaciones que ninguno podía comprender con exactitud. Pero tras quedarse paralizado, Scott no reacciono como podía esperarse. No se puso rojo ni retrocedió confundido, que va... Dio un paso adelante, respondió el beso con una gran pasión que hizo que los dos compartieran ese beso con ternura, pero a la vez pasión y deseo. Al final lo único que pudo separarles es la necesidad de tomar oxígeno.
—Me temía que sería yo quién diera el primer paso —dijo Emma con voz pensativa y algo anonadada por la fuerza del momento —pero quién hubiera pensando que terminarías siendo tan apasionado. Es decir... a sido...
Scott la miro también sorprendido pero también por la forma en que se estaba comportando Emma, para cualquier otro habría pasado desapercibido, pero el la conocía demasiado bien. Si la rubia empezaba a divagar es que se encontraba verdaderamente sorprendida. El tuvo que sonreír travieso pensaba que si alguien terminaría sin saber como reaccionar sería él. Pero ahora que había sucedido se sentía en calma, como si ese beso fuera el final de un camino que habían recorrido juntos.
—¿Mágico? —dijo de manera tierna y algo tímida, pero ni una pizca tan nervioso como lo había estado antes. Ese beso había resultado un bálsamo liberador, algo que hizo que algo en su interior cambiara. Ni siquiera podía explicar cómo pero el beso había transformado a un chico tímido e inocente, en alguien mas decidido y seguro de sí mismo. Y todo por una sencilla razón, sabía lo que quería, a quién quería. A Emma, ya no habría más dudas, ni miedos.
—Sí, mágico —asistió Emma tratando de reencontrar la compostura y mostrarse segura de sí misma, sin embargo las dudas no paraban de recorrerle la mente. El beso, le había gustado, eso lo sabía, pero había tantas cosas y ya no estaba segura de que hacer —Pero solo hay una manera de conservar esta magia, Scott.
—¿En serio? ¿y cual seria esa? —pregunta Scott con una sonrisa, aliviado de que ese beso no hubiera aturdido el buen animo de Emma. Pues ya estaba con sus ideas, ideas que solo se le podían ocurrir a ella y que nunca dejaban de ser fantásticas. Le gustaba como pensaba.
—Cierra los ojos.
Le susurro Emma, Scott la miro de manera enigmática pero finalmente los cerro. Entonces sintió como sus labios volvían a tener contacto con los sensuales labios de Emma. Y no dudo en responder el contacto. Cuando el momento expiro escucho la voz de Emma diciendo:
—Bibidi Babidi Bu, no abras los ojos hasta contar veinte.
Scott se pregunto que se tramaba pero entonces sintió como una mano acariciaba su melena y sonrió. Dejo de cuestionarlo y conto, esperando alguna sorpresa que Emma tuviera. Pero cuando los abrió Emma se había esfumado. La verdad si quería magia sin duda ese era la versión de Emma de desaparecer. Se acerco al Profesor y le pregunto por Emma y el le dijo que se había ido a su habitación. Scott le dio las buenas noches. Por su mente paso la idea de que Emma había sobreactuado esta vez al irse y dejarlo ahí con los ojos cerrados. Pero decidió perdonarla, así era ella, cosa que nunca se molesto en ocultarlo. Por lo que no se podía decir que hubiera engaño o trampa.
Finalmente Scott también se marcho a su habitación, tras asegurarse que la puerta de Emma estaba cerrada, como sospechaba.
Al día siguiente Scott se levanto, fue a desayunar esperando reunirse con Emma, pero se desilusiono cuando no vio su cabellera rubia aparecer por la puerta. Pero no se desanimo, al contrario se levanto y fue a ver su lugar favorito en la colina, pero tampoco estaba, ni tampoco en el bosque. Desconcertado y a la vez plenamente alarmado, con una idea terrible recorriéndole la mente regreso a la mansión y se apresuro escaleras arriba, para recorrer los pasillos y llegar a la mansión de Emma.
Llamo a la puerta, pero su corazón dio un vuelco cuando nadie respondió la llamada, se temió lo peor y de un empujón abrió la puerta.
La cama estaba hecha, las estanterías recogidas y ordenadas, casi sin ningún contenido, igual que el escritorio. Tampoco había muestra alguna de que ahí hubiera dormido alguien. Eso le sentó como un fuerte golpe que le sacudió todo el pecho y casi lo tira al suelo, de la impresión que le provoco ver la habitación de Emma tan vacía.
Se interno en la habitación, angustiado, buscando cualquier escusa que le permitiera cualquier mínima esperanza de que la chica rubia aún residiera en la mansión y solo hubiera ido a la ciudad.
Pero entonces se fijo en un sobre blanco sobre la almohada. Scott se acerco y con manos temblorosas agarro el sobre mientras se sentaba a un lado. Abrió el sobre y saco un trozo de papel, escrito con una caligrafía elegante y distinguida, que comprendía con suma tristeza de quién sería. Respirando hondo para tranquilizarse y contener las lágrimas empezó a leer:
"Hola Scott, he ido a la ciudad y llegare tarde... en realidad no. Como sabías, me tenía que ir y como sabes odio las despedidas. En parte siento irme después de lo de anoche, pero tenía que hacerlo. Si me llego a quedar un día más me temo que no tendría las fuerzas suficientes para irme. Aunque si he de ser sincera, deseaba crear un recuerdo imborrable para que nunca te olvidaras de mi. Mi plan original era tirarte a la piscina y reírme un poco, como broma tienes que admitir que habría sido divertido... para mi. Seguro que tardarías un buen rato en olvidarte de eso, ¿no crees? Pero el beso lo cambio todo. Puedes estar seguro que el beso significo tanto para mi como para ti. Pero ambos elegimos diferentes caminos, diferentes maneras de vivir la vida. Tuviste razón en decir que el beso fue mágico, sin duda lo fue. Por eso si existe un recuerdo por el que tengas que recordarme que sea ese. Y una última cosa, asegúrate de nunca dejar de vivir el momento.
Con amor cariño, Emma Frost

Posdata: siento que no puedas disfrutar de la visión realmente hermosa que es mi trasero, pero si quieres te envió una foto."
Scott leyó el contenido varias veces, demasiado impactado como para reír y demasiado impactado como para llorar. Simplemente se quedo completamente inmóvil mirando la nota. Paso mucho tiempo antes de estar capacitado para hacer cualquier cosa. Finalmente se levanto y se dirigió a la cama donde se quedo mirando al techo. En su subconsciente sabía que tendría que sentirse triste, pero en ese momento solo se sentía adormilado y con un gran vació en el estomago. Todo le parecía tan irreal que pensaba que Emma entraría por la puerta en cualquier momento o que simplemente despertaría siendo todo un sueño. Trágicamente no despertó y el tiempo pasaba. Scott tuvo que aprender a cargar con eso y lo peor es que al perder a Emma perdió a la única persona con la que podía estar en paz, con la que podía hablar con completa confianza. Ahora pasaba la mayor parte del tiempo solo y apartado del resto de los residentes de la mansión, con lo que termino encerrándose en si mismo. La mayor parte del tiempo la pasaba oyendo música, leyendo un libro en la biblioteca o entrenando al máximo en el gimnasio cualquier cosa que lo ayudara a evadir sus recuerdos, una carga que se había vuelto mucho mas pesada desde que no tenía a nadie con quién compartirla.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Sáb Sep 20, 2014 5:41 am

Bueno, este momento tenia que llegar y aquí les presento el último capitulo de esta historia:

El peso de los recuerdos
Tiempo después el tiempo demostraría que no volvería a ver Emma y que nada había cambiado desde que ella se marcho. Otra noche más en la que tenía que machacarse el cuerpo para poder dormir. Aunque tenía sus ventajas, su obsesión le había llevado a desarrollar un cuerpo bien formado y musculoso. Cuando por fin estaba tan cansado que casi no se podía mover dejo de entrenar y regreso con sigilo a su habitación para coger ropa para cambiarse. Posteriormente regreso al gimnasio y se dirigió al vestuario. Allí dejo que el agua fría de una ducha aliviara su cuerpo cansado. Cuando termino se vistió y salió al pasillo en completa oscuridad. Pero en mitad del pasillo se dio cuenta de que no estaba solo.

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Años atrás, Scott enfrentaba una dura tarea, sobrellevar el día a día, solamente acompañado por sus propios pensamientos y breves charlas con El Profesor y Moira Mactaggert. Scott no estaba interesante compartir su tiempo con otras personas, solo echaba de menos la compañía de una sola, Emma. Desde que se había ido todo había ido a peor, el peso de sus recuerdos a veces resultaba excesivo y las pesadillas tendían a acosarlo. Por eso dedicaba su tiempo a otras aficiones que lo distrajeran.
Eso al parecer agradaba mucho a los padres y a los demás estudiantes, pues los padres quedaban contentos al ver la clase de educación tan profesional que les daban, aún sin que muchos supieran lo que enseñaban realmente a sus hijos. Mientras los estudiantes quedaban tranquilos sabiendo que tenían una educación equiparable al resto de jóvenes de su edad.
O al menos esto era lo que le contaban cuando expresaba sus dudas sobre estudiar algo que no tuviera que ver con sus poderes. Aunque el siempre respondía que no quería una vida normal. Pero de nada le servía pues le decían que no sabían que pasaría en el futuro o lo que desearía hacer llegado el momento.
Las razones de Scott para dudar de este método era que adoraba las clases prácticas que tenían que ver con mejorar sus habilidades y por tanto se le daban bien. Pero no veía que sentido tenían asignaturas como matemáticas, Lengua Inglesa y literatura o conocimiento del medio. Su falta de interés hacia que no se le dieran del todo bien y si pudiera se olvidaría de ellas para hacer las que les gustan. Pero tras sus charlas con Xavier o Moria cambiaba de idea y se esforzaba, no porque le gustara o realmente lo creyera, sino porque Charles y MacTaggert habían hecho mucho por él y no quería decepcionarlos. Aunque eso no quería decir que se las pasara estudiando, pero no las dejaba de lado y así sacaba notas bastante decentes, superaban el aprobado básico pero nunca llegaban al notable. Mientras que en las practicas ,como las de controlar su rayo óptico o la optativa de defensa personal, sacaba muy alta notas, superando a muchos compañeros. Muchos opinarían que se exigía demasiado, pero nada más lejos de la realidad, él no se exigía simplemente le fascinaban esas asignaturas lo cuál hacia que su entusiasmo lo hiciera hacerlo muy bien, además de apartar cualquier mal recuerdo de su mente. Siempre terminaba con el cuerpo dolorido pero con una sonrisa de satisfacción.
Quizás fuera ese entusiasmo y la lealtad hacia sus salvadores lo que harían que su vida cambiara hacia un rumbo que el no esperaba.
Una tarde se estaba dirigiendo hacia el gimnasio, como de costumbre, cuando oyó la llamada del Profesor directa a su cerebro. Charles Xavier requería su presencia en su despacho. Eso provocó la curiosidad de Scott, que se pregunto la razón de la llamada. Naturalmente se apresuro a responder la llamada y comenzó a desandar el camino recorrido. Pero en vez de subir al piso de arriba, ruta que era más larga y le servía como calentamiento, tomo un camino más corto atravesando la puerta al fondo del corredor y que lo llevo directamente al ala Noroeste de la escuela. De ahí no tardo en llegar al despacho.
Scott abrió la puerta y estuvo tanteando el despacho. Era el mismo despacho de cuando había llegado, el estilo a siglo XIX aún persistía. Tenía los mismos muebles de madera, las lámparas viejas, el candelabro sobre la mesa. Scott dirigió su mirada hacia las fotos de la estantería y sonrió por una décima de segundo. En esas fotos había gente a la que conocía y otras que no. Había una foto muy antigua en ella salía una pareja con un bebe. Ambos tenían una sonrisa feliz de pareja de enamorados.
En otra salía una pareja de edad más avanzada, la mujer era la misma de la foto anterior pero el hombre no. Junto a ellos había dos críos uno de ellos tenía un rostro de preocupación mientras que el otro mostraba un rostro algo enfadado, esta también era una fotografía antigua. Charles Xavier también salía en las fotos. En una se veía muy joven y con pelo, al lado de un hombre de facciones duras y aristocráticas de cabello negro, ambos portan una especie de uniforme. La foto sale en blanco y negro.
En otro foto salen Charles y aquel hombre, pero se nota mucho mayores. Charles a perdido el pelo y porta un traje negro, el otro hombre tiene el pelo blanco y lleva un traje violeta. En el centro de la foto, justo entre estos dos hombres se encuentra una niña de cabellos rojos y ojos verdes. La niña se ve muy inocente, pero a Scott no dejaba de inquietarlo. Los ojos verdes de esa niña eran muy profundos y penetrantes, de esas miradas que se te clavan en la nuca y parecen ver tu interior y su sonrisa era muy misteriosa pero Scott no podía determinar la razón. En otra foto se encontraba Charles ya en su silla de ruedas al lado de Moira a las puertas de la mansión.
Scott recordaba el momento en que se había tomado una de las fotos más recientes del Profesor. En ella salían Charles y Moira en el centro de la foto, rodeados por un grupo de jóvenes. Entre esos jóvenes se encontraba Scott, con una sonrisa inocente y cogiendo de la mano a una Emma que mostraba una sonrisa ladeada. Esa foto se había tomado pocos días después de su llegada a la mansión.
Aparte de las fotos antiguas y las del Profesor había de otras personas y algunas de ellas recorrían la mansión actualmente y se les podía encontrar si así se deseaba. Pero Scott le llamaron la atención dos de ellas:
En ellas una mujer que no conocía mostraba unas cualidades muy singulares. Tenía la piel azul, un pelo rojo como el de la sangre recién derramada y ojos amarillo metálico que recordaba al de los felinos. La mujer tenía protuberancias por todo el cuerpo.
La foto que hizo sonreír a Scott no fue otra sino una foto de él y Emma en un momento feliz. Un momento feliz que quedaría congelado ante el paso del tiempo, refugiado contra el olvidado. Un momento que permanecería impasible ante el paso del tiempo. En el estaban Emma y Scott vestidos de manera elegante y bailando juntos, si te fijabas bien se podía notar el rubor en las mejillas de Scott. En ese momento no se había dado cuenta de que alguien les había tomado una foto, pero al enterarse se alegro porque esa foto de ellos dos parecía sacada de un cuento de hadas. Cada vez que la veía no podía evitar sonreír, ahora cada vez que pasara por el despacho de Charles recordaría aquella maravillosa noche que pasaron juntos.
Pero ahora se había vuelto algo más serio, así que aparto su vista de las fotos y la concentro en el hombre que se encontraba sentado detrás del escritorio de caoba.
—Hola Charles —pronunció Scott con una voz dura y profunda que junto a unos ojos penetrantes daban a entender que en él había mucho más de lo que parecía.
El muchacho no espero respuesta y sin más camino con una aparente seguridad hacia una silla en frente del escritorio en la que tomo asiento. Tampoco dijo nada más simplemente se apoyo en el respaldo de la silla y clavo su mirada en Xavier, esperando a que hablara.
—Hola, Scott —le saludo Charles con una sonrisa cordial —tengo un asunto que tratar contigo.
—¿Cuál?
—Scott, desde que llegaste a la mansión no he podido evitar fijarme en que no te relacionas bien con el resto de tus compañeros, ¿existe algo de lo que necesites hablar?
—No —dice Scott encogiéndose de hombros con naturalidad. Existían muchas cosas revoloteando por su mente pero ese peso solo le correspondía a él y no deseaba compartirlo con nadie, ni creía que hacerlo fuera a servir de algo —En realidad nos llevamos bien, Charles, ellos no me incordian a mi y yo no les molesto a ellos.
—Ya veo —contesto Xavier con baja y pensativa antes de proseguir —Y aparte de eso, ¿te gusta estar en la mansión?
—No me puedo quejar —fue la escueta del chico, que como era su costumbre decía menos de lo que pensaba. Realmente le encantaba el sitio, no sabía en que otro lugar podría estar en paz. Sin embargo, lamentaba la marcha de Emma y frecuentemente se preguntaba si la rubia estaría bien o se habría metido en problemas. Aunque finalmente terminaba pensando que Emma era muy capaz de cuidarse sola y que estaría bien. Pero a veces era imposible no preocuparse. Ojala algún día volviera.
—Me alegro de oírlo —contesto el Profesor, comprendiendo a Scott más de lo que el chico creía —Supongo que sabes cuál es el objetivo principal de esta escuela.
—Lo tengo muy claro —asistió Scott con sequedad sin dar ningún punto a favor o en contra.
—¿Y no te gustaría ser parte de ello? —pregunta Xavier mirando a Scott con una mirada enigmática.
—¿Qué propones, Charles? —pregunta un receloso Scott frunciendo el ceño.
—Yo siempre he tenido un sueño, Scott —empezó a explicar Charles haciendo una pausa por sí Scott quería preguntarle algo, pero este se limitaba a mirarlo en silencio, con una expresión que no dejaba traslucir ninguna emoción —el sueño de que humanos y mutantes pudieran coexistir pacíficamente.
—¿Coexistencia? —pregunta Scott incrédulo, haciendo el amago de una risa. Humanos, las experiencias que había tenido con ellos desde el accidente no habían sido muy buenas. Si echaba la vista atrás podía recordar el miedo y el cuidado con que lo trataban. No creía que los humanos fueran capaces de tal coexistencia. —Eso será difícil.
—Soy consciente de ello. Por eso tengo un proyecto en mente. —Prosiguió el Profesor, con un gesto de cabeza Scott le indico que prosiguiera —Voy a formar un equipo. Un equipo que luche tanto por los derechos de los mutantes como de los humanos. Qué preste su ayuda allí donde se la necesite para finalmente lograr este ansiado sueño.
—Vaya, eso es... —empezó a decir antes de hacer una pausa y repasar cada una de las palabras de Charles. Sin poder evitarlo, recordó los cómics que había encontrado por la mansión y que había leído por pasar al rato. Por su mente pasaron esos personajes con nombres raros y ropa ridícula. Y verse en uno de esos grupos de superhéroes como La liga de la Justicia o la Patrulla Condenada no le hizo ninguna gracia —una locura. Sin embargo, si usted me necesita, cuente conmigo.
A Scott no le gustaba nada esa idea de estar en un grupo tan loco como para creer que podría haber coexistencia con los humanos, ni mucho menos uno que pretendiera ser un grupo raro de superhéroes. Pero era la idea del Profesor Charles Xavier y en el si creía lo suficiente como para intentarlo. Es más le había salvado la vida, le había devuelto la vista y lo había dejado quedarse en ese sitio tan agradable y seguro. Sin duda, tenía una gran deuda con él, no se sentiría bien si ignoraba a alguien que se preocupaba tanto por el y lo ayudaba tanto. Aunque pensará que el sueño del Profesor era un sueño imposible, ¿Qué gratitud seria esa en la que solo apoyamos a alguien cuando lleva las de ganar?
Así Scott mostró su lealtad a Charles Xavier decidiendo no luchar por algo en lo que creía, sino por la persona que salvo su vida. Finalmente decidió que su función en el grupo sería ayudarlo en todo lo que pudiera y defenderlo si algo se atrevía a intentar hacerle daño. Pues creía que alguien con unas pretensiones así y un sueño tan grande terminaría haciendo enemigos contrarios a esos ideales.


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Tras esa primera reunión Scott tardo un tiempo en saber algo más del proyecto, llego a pensar que el Profesor había cambiado de idea pero finalmente recibió la llamada. Al entrar actúo de la misma manera. Sentándose y esperando con paciencia a que el Profesor hablara.
—Scott, ya tengo tu primera misión.
Le dijo con tranquilidad y Scott miro a su alrededor y espero que entrara alguien más pero al verse solo decidió no preguntar, mejor para él.
—¿En serio? ¿Y de que trata?
—A habido un incidente en Long Island —empezó a explicar el Profesor —un chico a usado sus poderes en público. Nuestra misión será encontrarlo y convencerlo de acudir a nuestra escuela antes de que se meta en un problema del que no pueda salir.
—Parece fácil —asistió Scott con tranquilidad. Se alegraba de que su primera misión no fuera una excentricidad como luchar contra el Lex Luthor de turno. —Por curiosidad, ¿qué poderes tiene?
—Crioquinesis, la capacidad de controlar el hielo.
Le contesto Charles Xavier. No añadieron mucho más antes de partir, solo dialogaron el mejor modo de llegar al lugar ya que Scott se negaba a ir en el jet.


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En el presente Scott acaba de salir del vestuario cuando se dio cuenta de que no estaba solo en aquel pasillo oscuro. Se quedo por un momento completamente inmóvil, escuchando en la oscuridad. Finalmente dijo:
—Hola Charles.
Dijo con una media sonrisa pero sin girar la cabeza para observar al viejo Profesor que se acercaba a él.
—Buenas noches, Scott —lo saludo el Profesor cordialmente con una sonrisa amable, Scott no la vio pero ya conocía bastante al Profesor para poder imaginársela —¿No es un poco tarde para andar merodeando?
—Ya me conoce, Charles —dijo Scott hablando con tranquilidad pero con un tono algo duro, no porque le molestara sino porque su tono solía ser así. Antes de agregar algo más se giro para encarar al Profesor con una mirada llena de confianza en sí mismo. —Demasiadas cosas que hacer.
—Tienes razón, te conozco —dijo el Profesor asistiendo. Scott seguía inmóvil taladrando al Profesor con la mirada. Tras la marcha de Emma había llegado a tejer una relación especial con el Profesor y Moira. A pesar de no ser muy hablados ni dado a contar sus sentimientos, se sentía muy cercano a ellos y se podría decir que confiaba en ellos. Cosa que no podía decir de mucha gente. —Pero tómatelo con calma, mañana podría ser un día duro.
—No más de lo habitual —contesto Scott con sequedad con la mirada fija en Charles que asistió con la cabeza.
—En tal caso, solo me queda desearte un feliz comienzos de curso —dijo el Profesor con su sincera sonrisa. Antes de hacer que la silla prosiguiera rodando. Antes de alejarse del todo Scott lo escucho decir —Nos vemos mañana, Scott.
Scott se quedo inmóvil viéndolo desaparecer en la oscuridad y no se movió hasta que la silla de ruedas del Profesor dejo de oírse en el pasillo. Tras eso reanudo su camino a su habitación.
Esa noche era la última del verano y al día siguiente comenzarían las clases. El Profesor sostenía que ese nuevo curso podría cambiar el transcurso de sus vidas, pero Scott no se lo creía. Para él no significaba otra cosa que tener otra vez a críos correteando los pasillos armando jaleo. Esos mismos críos que habían vuelto a casa a pasar el verano y que ya empezaban a regresar. La verdad, ni siquiera sabía porque el Profesor le daba tanta importancia a un año que seguramente sería cómo el anterior. Pero siempre que pensaba en la cuestión, una voz le repetía las mismas palabras que le había dicho una amiga tiempo atrás: "vive el momento". Así que finalmente se olvidaba del asunto, decidido a no tener respuesta hasta que lo descubriera por sí mismo.

Éspero que os gustara esta histora. Pero aunque este es el final de la historia,  no es el final de "Nuevo mundo" y mucho menos será lo último que escriba así que pronto seguiré con nuevas historias.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Mar Sep 30, 2014 12:34 pm

Como dije aunque termino la historia de Scott, no es la última y aquí presentare la siguiente. No iba a subirla tan pronto pero como es mi favorita tenia muchas ganas de subirla, así que aquí está:

Desayuno en familia
Era una familia normal, una familia corriente, nada del otro mundo. Los padres estaban entre los treinta o cuarenta. Tenían un hijo apunto de terminar la secundaria, el otro se encontraba en primaria. Sus nombres eran los Drake. Una familia de clase media-alta. Su vida no estaba fuera de lo común y como muchas familias, empezaban sus días con un desayuno, algunos eran bastante estresantes, otros muy tranquilos y otras veces desayunaban cada uno por su lado.
   Cuando Jessica Drake abrió los ojos miro a su izquierda por costumbre. Encima de la mesita vio un despertador negro, la manecilla pequeña marcaba el once, mientras la grande el seis, faltaban seis minutos para la seis de la mañana. Jessica giró su cabeza a la derecha y vio a su marido, Thomas Drake. Hombre de cabello corto y facciones duras que trasmitían respeto. Jessica miro el techo, sentía su cuerpo muy pesado, la tentación de quedarse en la cama era muy grande, tan solo tendría que apagar el reloj y cerrar los ojos.
   Pero tenia una responsabilidad con su familia, aunque su marido era quién traía dinero a casa, ella era quién se quedaba y se ocupaba de que todo estuviera bien. No, no se trataba de que los Drake fueran una familia chapada a la antigua, de hecho eran liberales. Anteriormente tanto Thomas como ella habían tenido trabajo. Pero era un trabajo que les obligaba a estar muchas horas lejos de casa y llegar reventados a casa. Ambos comprendían que trabajar les quitaba mucho tiempo, así que probaron con dejar a sus hijos con familiares. Jessica había dejado a su hijo Lucas con su hermana Stephanie, pero ella también tenia su vida y no siempre podía cuidar de Ronald. Así que probaron dejándolo con una niñera, pero Jessica no se sentía cómoda dejándola con una completa desconocida. Finalmente y al nacimiento de su hijo Drake decidió abandonar su trabajo y dedicarse por enterró a sus hijos. No supuso ningún trauma, adoraba tener una vida familiar y le encantaba ocuparse por entero de sus hijos y  estar muy al pendiente de como eran sus vidas. De hecho era la presidenta del consejo escolar, dedicándole mucho tiempo cuando sus hijos estaban en la escuela. Realmente Jessica se sentía una gran madre. En respecto a Thomas, siempre dejo claro que no tenía porque dejar su trabajo sí no quería y que podrían buscar otras alternativas para que no tuviera que renunciar a su carrera, pero Jessica estaba muy decidida y finalmente Thomas acepto su decisión y la apoyo en todo, como siempre había hecho.
    Finalmente, Jessica estira su brazo, mientras gira en la cama hasta apoyarse en un costado. Apoya su mano, suavemente, en el hombro de su marido, mientras se pega a él quedando los dos de costado, uno junto al otro.
   —Cariño, es hora de levantarse.
   Le dijo con un leve susurro a su oído.  Con su suave mano acaricio los cortos cabellos de Thomas haciendo que este se estremeciera. El marido salió de su sueño lentamente, sintió en su estado de inconsciencia como algo alguien le tocaba la cabeza, suavemente y un arrullo suave, que poco a poco fue despejando el mundo de sombras en que se encontraba. Thomas abrió los ojos y se percato de la cercanía con el otro cuerpo, de como unos dedos removían su melena y como el arrullo que escucho en su sueño eran unos susurros dulces que le decían que se despertara. Thomas bostezo pesadamente, antes de voltearse en la cama para quedar frente a frente con su mujer. Ella le sonrió tiernamente y el le devolvió la sonrisa.
  —Buenos días —susurro la mujer con tono sedoso, mientras clavaba en él una mirada amorosa. Thomas sonrió y estiro el brazo para acariciarle la mejilla.
  —Buenos días, cariño. ¿Has dormido bien?
   Le responde Thomas, pasando su mano por la mejilla de Jessica. Que sonríe y asiste con la cabeza. Ambos se acercan para darse un beso apasionado, pero a la vez romántico.
   Ambos se mostraban felices al estar juntos, aún se querían después de todo el tiempo que llevaban casados. No es que no tuvieran problemas, los tenían como cualquier otra pareja, pero ambos se esforzaban en solucionarlos. No era fácil, pero todo lo habían superado, mediante la sincerad, el apoyo y la comprensión mutua. Tanto el uno como el otro se sentían como si estuvieran en el final de uno de esos cuentos de hadas, no uno de los cursis, sino uno de los realistas donde la relación perfecta no era amarse,  comer perdices y no tener problemas, sino que su relación perfecta consistía en el equilibrio y la estabilidad estando juntos.
   No añadieron más, tras el beso, Jessica se levanto y se introdujo en el baño para darse una buena ducha, mientras el marido se estiraba y quedaba tumbado en la cama, esperando que su cuerpo se desentumeciera. Cuando el ruido del agua saliendo del grifo Thomas se incorporo y se encamino a la puerta del baño.
   Con una toalla grande rodeando el cuerpo de Jessica y otra mas pequeña enrollada alrededor de su cabeza, la mujer salió del baño e intercambio una sonrisa de cortesía cuando se cruzó a su marido que inmediatamente se interno en el baño. No se tardo en volverse a escuchar el sonido del grifo.
   Jessica comenzó a prepararse, se vistió con un vestido de flores y unos zapatos sin tacón. Tras eso entro en el baño y se preparo el pelo, dejando que su melena castaña le cayera en bucles sobre los hombros.
   Cuando estuvo lista, Jessica salió de su cuarto. Y se dirigió a despertar a sus dos pequeños. Uno ya tenía catorce años y estaba en esa fase, en la que cualquier chico huye del afecto de sus padres en un intento por mostrar madurez. Ese momento en la adolescencia en que se huye de los dibujos animados, los juguetes y sobretodo de los achuchones de los padres. Y por lo que respecta a Jessica trataba de no avergonzarlo demasiado. Por lo que de la manera más formal posible pico en la puerta, antes de abrirla con un suave empujón.
  —Hora de levantarse, Ronnie.
  Le saluda con una sonrisa mientras se internaba en la habitación sin esperar respuesta y abría las cortinas de par en par dejando que los rayos del sol entraran en la habitación, la luz incidió directamente en los ojos de Ronnie, que se escudo los ojos con la mano mientras emitía un quejido como protesta.  A su alrededor se pudo distinguir una pared de un azul claro.
  —Venga, arriba, no seas perezoso.
   Le insto Jessica con una sonrisa divertida mientras daba varios pasos hacia la cama para que se levantara. El chico bostezo mientras se erguía en la cama y estiraba los brazos. Luego quedo sentado con la cabeza algo agachada por el aturdimiento de comienzo de día.
  —Sí, ya voy, mama.
  Usando el termino por habito, pues a pesar de no querer recibir muchos besos y abrazos de su madre, no quería perder la costumbre de llamarla así.
  Jessica asistió con una sonrisa divertida antes de rehacer sus pasos y salir de la habitación dejando la puerta entreabierta, para evitar a Ronnie la tentación de volverse a echar.
   El siguiente lugar que visito fue el cuarto de Bobby, él era el más pequeño de sus dos hijos y cómo aún tenía nueve años, cumplidos ese mismo mes, Jessica aprovechaba para brindar en él toda sus atenciones, besos y abrazos incluidos, pues debía hacerlo antes de que su pequeño creciera y decidiera que no quería recibir tanto afecto.
   Jessica abrió la puerta de la habitación de su hijo, internándose en en las sombras del cuarto. Entro con mucho cuidado, tanteando con el pie lo que tenía delante antes de pisar para evitar cualquier juguete que su hijo se hubiera olvidado de recoger. Finalmente se situó al lado de la cabecera de la cama en la que su hijo reposaba. Se inclino para acariciar la nuca de su hijo.
  —Arriba Bobby, es hora de levantarse.
  El chico protesto con un gemido y estiro el brazo para taparse la cabeza con la manta, como si no hubiera escuchado a su madre, o mas bien como si no quisiera escucharla. Jessica frunció el ceño.
  —¡Vamos, cielo, he dicho que arriba!
  Le regaño Jessica con tono afable pero con la seriedad necesaria para que el niño le hiciera caso. Jessica espero unos segundos a que Bobby se espabilara y saliera de su escondite. Su cara reflejo desilusión cuando una especie de arrullo salía de debajo de las mantas. El bribón se había vuelto a dormir.
  —¡Pero bueno, niño! ¿quieres hacer el favor de levantarte ya? Tienes que ir al cole.
  Le urgió Jessica entre sorprendida, por tener un hijo tan caradura, y severa para intentar disciplinarlo y a la vez, ¿para que negarlo? divirtiéndose con eso. Bobby cómo no podía ser de otra manera dio una vuelta en la cama y le dio la espalda.
  —Ya, voy... dentro de mil años o así.  
 —¡¿Dentro de mil años?! ¡Ni cinco minutos te dejo ! ¡Descarado! —le riño su madre fingiendo mostrar seriedad pero sin poder ocultar una sonrisa de diversión. —Oh, ya se lo que tú necesitas.
  Jessica sonrió de forma maligna mientras apoyaba una pierna en la cama, con su mano retiro las mantas para dejar ante ella a un niño de nueve años desprotegido y a punto de volver a entrar en el mundo de los sueños. Los ojos de Jessica adquirieron un brillo extraño, mientras estiraba las manos hacia Bobby.
 —¡Necesitas una lección de la monstruosa señora de las cosquillas!
  La monstruosa señora empezó a hacer su trabajo en Bobby, haciendo que este se despertara y se sentara, doblando el vientre mientras grandes carcajadas escapaban por su boca.
 —¡Vale! ¡Vale! ¡Ya me levanto!
 Exclamo Bobby con la voz entrecortada debido a las carcajadas, Jessica continuo un poco más antes de que finalmente aceptara la rendición del muchacho.
  —Muy bien, te espero abajo —dijo dedicándole una mirada de ojos tiernos a su hijo pero luego endureció el rostro, mirándolo con seriedad —pero si no bajas, volveré y las cosquillas serán dobles.
  Bobby asistió mirándola con unos ojos redondos y muy abiertos y los ojos de Bobby no eran unos ojos cualquiera, eran azules, pero un azul claro, muy inusual. Jessica nunca había pensado que detrás de esos ojos se encontrara algo inusual, pero cada vez que le miraba a los ojos tenía la sensación de mirar directamente al hermoso cielo azul. El resto de Bobby era algo dentro de lo normal, el pelo castaño y peinado con un estilo corto, una cara ovalada y dulce por estar en la tierna infancia, pero sus ojos...
  —Vale, bajo ahorra te lo prometo, mama.
  Dijo Bobby con una cara de absoluta inocencia. Eso hizo sonreír a Jessica que asistió con la cabeza y deposito un beso en su frente. Jessica no se fue de inmediato, sino que tanteando en la oscuridad, de la misma manera que entro, Jessica se acerco a la ventana y subió la persiana. La habitación de Bobby también era azul claro, pero la pared estaba cubierta por posters. Tenía varios de clásicos Disney que habían ido a ver al cine o tenía en VHS, como Los aristogatos, Robin Hood o Oliver y su pandilla. También tenía númerosos poster de videojuegos como el de Mario Bross o Zelda. Y por supuesto, también tenia de algunas series televisivas como patoaventuras, las tortugas ninja y Scooby Doo. Con solo observar su habitación se podía comprobar que Bobby era un niño al que le encantaban los carteles desde que su tía Stephanie le había regalado poster de Mickey Mouse y Bugs Bunny . Sus últimas adquisiciones eran la de la última película que había visto el cine, o mejor dicho la que había visto ese fin de semana en el cine, la del también clásico Disney La Bella y la Bestia. Y claro, no podía faltar la de su nuevo personaje favorito, Sonic, the hedgehog. Desde que había salido el juego no había parado de insistir en tener una consola de Sega y una vez que se la regalaron en su reciente cumpleaños, también logro tener el cartel y hasta una taza.
   Jessica aparto la vista de los carteles y se acerco al armario, para sacarle el chándal  azul que su hijo llevaría a la clase de educación física. Se lo coloco en la silla para que se vistiera. Tras eso , miro a Bobby transmitiéndole una advertencia en su mirada y salió de la habitación cerrando la puerta para dejarle intimidad.
  Al ver como se cerraba la puerta, Bobby se quedo inmóvil, meditando la idea de volverse a acostar, le encantaba estar en la cama sin hacer nada mientras observaba la nieve caer por su ventana, si fuera por él abriría la persiana y volvería a echarse con la vista clavada en lo que se veía a través del marco de la ventana. Finalmente bostezo pesadamente, estiro los brazos y aparto la manta, podría hacerlo, pero no quería desobedecer a su madre, se sentía capaz de desobedecer a cualquiera menos a ella.
  Jessica fue a la cocina, antes de entrar olió el delicioso olor del café haciéndose, una sonrisa ilumino su cara. En la cocina vio a Thomas de espaldas, con una mano en el mango de la sartén y otro con una espátula, estaba friendo unos huevos. Mientras en la misma cocina una cafetera hervía él café.
  Jessica se acerco a la encimera y saco cuatro platos que deposito con cuidado en la mesa de la cocina. También abrió las puertas de la encimera y saco cuatro tazas. Que coloco una delante de cada plato. Para  terminar coloco las servilletas y la cubertería.
  Jessica se acerca a su marido con una sonrisa picara y al estar detrás de él le da una palmada juguetona en el trasero.
  —Este es mi chef favorito. —dijo mientras le pasaba un brazo por los hombros y se ponía a su lado, deleitándose con la visión de los huevos fritos y el aroma del café, también se estaba calentado un cazo con leche, pero eso no le llamaba tanto la atención.
  —Vaya, ¿coqueteando con el chef? —su marido sonríe divertido mientras apaga el fogón. Thomas se gira y la mira con ojos amorosos. Con el índice y el dedo medio acaricia un mechón de pelo de la señor Drake y se inclina hasta que su rostro esta muy cerca del de ella. —¿Qué diría tu marido?
  —Mi marido diría que tengo muy buen gusto.
  Sonrió Jessica pegando sus labios a los de Thomas, mientras sus brazos rodean la espalda de su marido. De repente escucharon un carraspeo en la puerta de la cocina. Al girar sus cabezas vieron a Ronad observando con seriedad y con la mochila colgada al hombro y a Bobby poniendo caras de asqueo.
   —¿Interrumpimos?
   Pregunta el mayor con una expresión seria en su rostro, escrutándolos a los dos con los ojos. Bobby se mantenía a su lado con una expresión de asco.
  —Oh, por favor, no sabía que vuestro desayuno de hoy fueran a ser babas.
  Jessica sonrió a su marido de forma complicidad antes de separarse de él y reírse por la reacción de Bobby. Los niños tan inocentes que a veces da pena que se hagan mayores, pensaba Jessica, a quién le gustaría que Bobby siempre fuera su pequeño.
  —Anda sentaos, que ahora os servimos el desayuno.
  Los dos chicos asistieron con la cabeza y ocuparon los lugares laterales de la mesa, entonces Bobby puso una cara de concentración y sujeto la taza con su mano derecha y la observo con detenimiento:
  —Eh, mama, o mucho a cambiado o este no es Sonic.
   Su madre se giro mirándolo sorprendida y Bobby levanto la taza para que la viera. Tenía pintado un muñeco con cara de bonachón, bigote espeso, vestido con mono azul y con una camiseta roja a juego con la gorra, la gorra mostraba una gran M. En efecto ese no era Sonic, pero había sido la taza oficial de Bobby desde que su hermano le dejo jugar con su NES de Nintendo y eso fue hace unos cuantos años. Sin embargo ahora Bobby tenia su propia consola y mientras Ronald había preferido seguir con Nintendo y su nueva Super NES o SNES, él había preferido la Mega Drive de Sega y se encontraba fascinado con ella, gracias a que por fin podía jugar con Sonic. Por esa razón, ese año había cambiado de taza oficial, sin embargo a Jessica se le olvidaba y debido a la costumbre le había puesto la de Mario.
   —Perdona, cielo —se disculpa Jessica con una leve sonrisa mientras coge la taza de Mario y la guarda en el armario mientras saca la taza de un erizo azul y la coloca en la mesa delante de Bobby, luego la lleno de leche fría. Este sonrió de manera deleitada.
 —Gracias mamí, me haces el niño más feliz del mundo.
  Jessica asistió con la cabeza, con una sonrisa de cariño, luego ayudo a su marido con el desayuno supervisando la leche y el café. Ronald miro a Bobby con una sonrisa burlona.
  —Tranquilo, Bobbo, solo es una taza.
   Bobby saltó en el sitio sorprendido y luego clavo en su hermano una mirada enconada que no hizo más que aumentar la sonrisa de este, quién había olvidado el valor que algo tan simple como una taza tenía para un crío de nueve años.
 —Protesto, no es simplemente una taza, Ron licor, es la taza de Súper Sonic.
  Bobby habla con efusividad y usando el nombre que le había puesto a su hermano tras oír la famosa canción: "Y una botella de ron". Ante este mote su hermano mostró una cara de disgusto.
  Thomas termino de freír los huevos y los comenzó a servir en los platos, mientras Jessica llenaba el vaso de Ronnie con leche caliente y luego terminaba echándole varias cucharadas de Nesquik. Luego llevaba su taza y la de su marido con café negro y caliente.
  —Chicos, dejen de pelear y pónganse a desayunar.
  Thomas riño a sus dos niños y dejo la sartén en el fregadero, para poder sentarse y empezar a comer su propio desayuno. Los huevos fritos estaban deliciosos y toda la familia los comía con ansias. Todo parecía normal, sin embargo Bobby se percato de que su leche no estaba perdiendo el frío al estar fuera de la nevera, sino que estaba cada vez mas fría. A Bobby le agradaban las cosas frías, pero hasta él, en la inocencia de su edad, se daba cuenta de que ese enfriamiento tan repentino de su leche no era algo ordinario.


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Años después, Bobby abre los ojos. Había estado soñando con que era el Power Ranger azul y que usando sus poderes luchaba contra la malvada Rita Repulsa y Lord Zedd. La idea de ser algo similar a un Power Ranger no era nueva, había tenido esos sueños desde hacía tiempo y habían aumentado ese verano, pues sabía que cuando empezara el curso sus ambiciones se cumplirían, iba a ser un gran año. Por esa misma razón no había podido dormir bien esa noche, los nervios se apoderaban de él y hacia que diera vueltas en la cama sin poder dormir y siempre pensando en el gran futuro que le deparaba ese curso. Bobby despertó en una habitación en tinieblas, en la que apenas se veía, normalmente había cerrado los ojos y se habría vuelto a dormir, pero ese día empezaba a clases, lo que significaba el inicio del súper grupo y estaba muy emocionado. Bobby aparto las sabanas que lo tapaban y se incorporo.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Jue Oct 09, 2014 5:39 pm

Los poderes despiertan

El incidente de la leche no paso más que como una anécdota curiosa a la que Bobby no dio mucho importancia y que no tardo en olvidar. El chico vivió una vida normal sin ningún incidente, tal vez se repetía lo de la leche pero Bobby no le dio ninguna importancia y hasta se acostumbro a esa curiosidad. Nadie más noto esa peculiaridad, al menos durante los años siguientes. Pero un día eso cambio. Él y su prima Mary habían ido a ver El Rey León, su madre los acompañaba, pues su madre Stephanie había salido en viaje de negocios y Mary se había quedado el fin de semana en casa de los Drake. Al salir del cine hacia mucho calor, así que Jessica les había comprado un helado. Él de Mary era de limón, pero el de Bobby era un cucurucho de chocolate, así que tanto Mary como Jessica sabían lo que le sucedería a ese helado.
     —Qué miedo me dieron las hienas, ¿escuchaste como se reían? ¡Que aterrador!
     Exclamo Mary con un escalofrío. Ambos caminaban por la calle mientras daban lametones a sus respectivos helados. Jessica caminaba detrás de ellos vigilando que no se perdieran o se alejaran.
     —A  mi no me dieron miedo, pobres hienas, me identifico con ellas.
    Dijo Bobby con toda naturalidad mientras le da varias lamidas a su helado. Mary lo miro entre sorprendida y espantada y aumento el volumen de su voz.
   —¿Con esos animales? ¡Se querían  comer a Simba!
  —Sí me dejaran sin comer también me comería cualquier cosa. ¿Por qué el morenito fue el único que les dio un jamón? Seguro que si les hubieran dado más jamones nada de eso habría pasado.
  —Bueno... —dijo su prima adquiriendo una expresión dubitativa por unos segundos pero luego le miro con cierto reproche —¡Pero aún así se querían comer a Simba! ¿Te hubiera gustado que se lo comieran?
   —Claro, que no, esa habría sido una peli muy corta —dijo Bobby con una sonrisa divertida mientras se encogía de hombros. Ante la mirada escandalizada de Mary, al pensar que esa era la única razón. Bobby se limito a darle una lamida al helado —¿Qué? Simba era divertido, pero seguro sabría rico. Y el pájaro seguro tenía sabor a pollo.
   Realmente Bobby no es que quisiera que se comieran a Simba, realmente le había caído muy bien y sintió pena por él durante la mayor parte de la película, sin embargo le encanta ver esa cara de indignación en su prima, era un juego muy divertido para él, y si no en realidad no defendía las acciones de las hienas parte de él comprendía sus motivaciones para hacer lo que hicieron.
    —¡Pero Simba es un león! ¡Los leones no se comen!, ¡No saben ricos!
   Exclamo Mary con los ojos casi desorbitados, tan impactada estaba con las palabras de Bobby que se había olvidado de su helado y comenzaba a derretirse. Bobby emitió una risa suave y levanto la ceja.
     —No los comemos porque preferimos cosas aún más sabrosas.
    Mary quedo tan impactada que pego un bote y el helado se le tambaleo en la mano apunto de caérsele. Miro a ambos lados de la calle buscando un forma de contradecir a Bobby, como si la solución estuviera en los edificios de los alrededores. Finalmente miro hacia atrás donde estaba su tía que observaba la escena con mucha atención y con una sonrisa entretenida disfrutando de la charla de los dos chicos.
    —Tía Jess, ¿Verdad que los leones no se comen?
   —No que yo sepa —respondió Jessica con tranquilidad. Sabia que Bobby tenía razón y tanto en la naturaleza como en situaciones extremas uno era capaz de comer cualquier cosa con tal de sobrevivir, pero no quería angustiar más a la pobre Mary, para eso Bobby se bastaba solo —comeos el helado antes de que se derrita.
    Entonces Mary lo recordó de pronto y miro el helado de su mano, se lo encontró medio deshecho y un liquido amarillo y frío le corría por la mano, casi pasando por el brazo. Su desilusión fue grande al ver que había desperdiciado su helado, dio lamidas intentando rescatarlo. Pero entonces se le ocurrió que si ella estaba así Bobby debía estar mucho peor, giro su cabeza para mirar el desastre en que estaría metido, pero sus ojos se abrieron impactados y su mandíbula se desencajo por completo.
   —No deberías abrir tanto la boca, te entraran mosquitos y te picaran el estomago —dijo Bobby dándole una lamida al helado mientras meneaba la cabeza mirando a su prima con suficiencia, la cuál tenia tanto la cara como las manos manchadas de helado —Con esos coloretes pareces la fugitiva de un circo.
    —¿Qué has hecho, Bobby? ¿Cómo lo has hecho? —pregunta Mary ultrajada mientras encara a Bobby con una mirada enconada.
    —¿El qué? ¿Distraerte para que se te derrita el helado? —dijo Bobby con una sonrisa divertida y luego se encoge de hombros —A sido fácil.
    —¡No! —exclama Mary con los ojos abiertos y una mueca de irritación. Bobby disfruta aún más de ese enojo por los ríos de helado que corrían por las mejillas de su prima —me refiero a porque el tuyo no se deshace.
   —Porque mis helados son de calidad, primita —dice con una sonrisa burlona mientras sigue lamiendo su helado con gestos exagerados de placer con el único fin de irritar más a su prima.
   —No, chistoso, lo compramos en el mismo sitió y el tuyo es de chocolate —luego abrió la boca para añadir algo más, pero se detuvo un momento recordando como Bobby siempre sabía darle la vuelta a las cosas,  en como sabía convencerte mediante su ingenio de cualquier trola supuestamente "inocente" que inventara. Realmente si quería que le dijera tenia que recurrir a alguien con más influencia así que giro su cabeza para mirar a su tía —A que los helados de chocolate se derriten antes.
   —Sí, tiene razón, Bobby, ¿Cómo es que tu helado no se a derretido? —pregunto con incertidumbre y perplejidad, lo que decía su prima ya no eran juegos de crío, realmente algo pasaba y como la única adulta presente no podía evitar percatarse de que eso era extraño mas allá de cualquier marca de helado, no era solo un juego de niños.
   Bobby trago saliva, se había metido en un lió y le habían pillado en su truco especial, ese truco que no sabía lo que era ni como funcionaba pero que a veces le servía de ayuda, sin embargo aún con su inocencia de niño sabía que no era un secreto que quisiera compartir, era estrictamente suyo, su truco especial.
  —Es que soy un mago—dijo con una sonrisa inocente y que fingía despreocupación, mientras tanto lamía su helado, ignoro las miradas de incredulidad de su madre y su prima, mientras se le ocurría algo que decir
   —Lo aprendí en el kit de magia que me compraste en Disleyland, ¿recuerdas, mama? Cómo ves lo he aprovechado bien.
   Su madre y su prima lo miraron con fijeza, Bobby trago saliva pensando que no se lo tragarían y que tendría que inventar otra cosa o exponer su secreto, pero finalmente su madre asistió.
   —Claro, es verdad, veo que has practicado mucho, Bobby.
    Su madre le dedico una cálida y Bobby pudo dejar escapar el aire que había estado guardando inconscientemente, creyó que su madre le había creído. Pero no fue así, su madre tenía sospechas de que algo ocultaba Bobby, pero no quería exponer a su hijo de esa manera, revelando algo que le preocupaba delante de su prima así que guardo silenció y fingió que creía lo de la magia. Su prima abrió los ojos como platos y la ilusión se le reflejo en la cara. Como una acción puramente refleja dio un paso hacia Bobby con una sonrisa amplia.
  —¡¿Magia?! ¡¿En serio?! Me enseñaras, ¿verdad? —dijo con los ojos brillando de entusiasmo y una voz llena de efusividad. Sin embargo, pese a la ilusión que parecía hacerle a Mary, Bobby la miro con burla.
  —Ni lo sueñes, primita —el tono de Bobby fue burlón pero a la vez parecía decirlo en serio y empezó a caminar mientras lamía su helado que ya casi se había acabado. Aunque Bobby hubiera esperado respuesta Mary se había quedado tartamudeando intentando decir algo, pero la respuesta que Bobby le dio la había dejado impactada, sentía como un intenso frío la recorría donde antes había alegría. Cuando por fin se sintió capaz de contestarle algo Bobby añadió algo que pretendía acallar sus próximas quejas —No necesito una aprendiz.
    Él no solía comportarse así, pero aun en su corta edad sabía que ese asunto debía atajarse lo antes posible o sino insistiría y no dejaría el tema, necesitaba hacer que se olvidara del asunto si quería proteger su secreto. Eso era lo que importaba y algo en su interior se lo  decía, su prima no debía saberlo. Además nunca podría enseñarle nada que no sabía, ¿verdad?
   La prima lo miro con indignación mientras levantaba el puño en muestra de enojo, Bobby siguió caminando consciente de que eso era lo que tenía que hacer.
    —¡Egoísta! —le grito su prima agitando el puño en el aire. Su prima resoplo frustrada y se cruzo de brazos —Voy a aprender a hacer magia por mi misma y pienso ser mucho mejor que tú.


-X0X-

    Bobby Drake camina por la penumbra de su cuarto, procurando no chocar contra ningún objeto. Finalmente sus manos palparon una superficie lisa y fría. Recorrió esa superficie con las manos hasta dar con algo que sobresalía del marco, una textura recta y estrecha. Al lado notó otra superficie, el cristal de la ventana. Se fue orientando hasta encontrar la cuerda áspera. Tiro de ella y la persiana subió dejando penetrar los rayos de sol. Bobby vislumbro su habitación, consciente de que ya no dormiría en ella por un tiempo. La habitación no era la misma en que la había dormido desde que nació, los mismos muebles, colocados de una forma similar, pero no era el mismo cuarto si no en uno mayor con balcón desde el que se podía ver el bosque. El mismo color de pared que en su anterior habitación, azul claro. Los pósters adornando la pared solo que ahora la mayoría habían sido renovados quedando el de Sonic y el de Scooby Doo, pero ahora tenía posters más recientes como el de Batman, Los Simpsons y Toy Story. Había conseguido tener una mesita con una televisión conectada a una Nintendo 64. Además de tener una Play Station en su otra habitación. También tenia acceso a la Sega Saturn pero no era suya exactamente. Y no se podía olvidar de la Game Boy guardada en su mochila preparada para el viaje.

-X0X-

   El ambiente estaba muy cargado en la casa. Bobby jugaba en el salón con el nuevo juego de la Mega Drive, Sonic the Hedgehog 3. En el videojuego aparecía un nuevo personaje de los juegos Sonic llamado Knuckles el equidna, que a Bobby le gustaba mucho. Su prima estaba leyendo un libro en la habitación de invitados, por lo que sabía Bobby era uno llamado Marmia o Namia, un nombre extraño y de todos modos Bobby no estaba muy en contacto con la literatura. Su madre estaba fregando los platos de la cena. Los padres de Bobby se turnaban las tareas, la mayoría de los días era Jessica quién cocinaba y Thomas fregaba los platos, el Domingo era al revés, eso era así por lo tarde que llegaba Thomas a casa. Sin embargo había llamado para decir que ese día trabajaría hasta tarde y por tanto no cenaría en casa. Tampoco estaba Ronald, su hermano se encontraba en casa de una amiga para estudiar. Aunque el siempre sacaba notas muy altas lo cuál, en opinión de Bobby, lo volvía muy arrogante. Qué Bobby no sacara notas tan altas no quería decir que fuera menos inteligente, si no que no le interesaban los estudios y eso es lo que el chico no se cansaba de recordarle a su hermano.
    De repente un sonido armonioso como el que produciría una campana sonó desde la puerta. Bobby se tensó por un momento pero finalmente lo ignoró y siguió jugando a Sonic. Unos pasos sonaron desde el piso de arriba, señal de que Mary se había levantando y bajaría en cualquier momento. Jessica dejo de fregar los platos y atravesó la casa en dirección a la puerta. La señora Drake abrió la puerta y sonrió a la persona que esperaba en el pórtico.
    —¡Hola Steph! —la saludo luego alzó la voz para que los dos chicos la escucharan —¡Mary, tu mama esta aquí! ¡Bobby ven a saludar a tu tía!
    En el salón, Bobby suspiro resignado y coloco al juego en pausa justo cuando más emocionante estaba. Se levanto cansadamente del sofá y camino hacia la entrada. Al llegar a la puerta, Bobby se queda de pie al lado de su madre con las manos metidas en los bolsillos.
    —Hola, tía Steph —pronuncia sin mucho entusiasmo. Stephanie lo miro extrañada, pero su madre lo miró con el brillo de la comprensión brillando en sus ojos. Bobby se veía muy silencioso y con poca energía, eso no era habitual en él.
    —Hola, Bobby, ¿por qué esa cara enfurruñada? ¿Te ocurrió algo? —pregunta Steph con una sonrisa pero Bobby se encoge de hombros.
    —Nada, tía Steph.
    Stephanie abrió la boca para añadir algo pero entonces algo le saltó encima con una fuerza que la hizo dar un paso hacia atrás, antes de que pudiera darse cuenta tenia entre sus brazos a su hija que la saludaba  efusivamente.
    —Hola, mama. ¿Cómo te a ido en el trabajo? ¿Me has echado de menos? Vimos el Rey León, ¿te lo a dicho la tía Jess?
    Empezó a hablar a toda velocidad la pequeña, diciendo un montón de cosas en pocos segundos. Stephanie la estrecho entre sus brazos antes de dejarla con suavidad en el suelo.
    —Parece que pasaste un buen día —comenta Stephanie mientras sonríe divertida por la vitalidad e inocencia de su hija —¿Tienes todo preparado para irnos?
    —Claro, mama. —responde Mary dejando caer la cabeza varias veces.
    —Bien. Entonces despídete de tu tía y tu primo.
    —Gracias, por llevarme a ver El rey León, tita —Mary sonrió agradecida antes de abrazarla transmitiéndole todo su cariño. Al separarse miro a Bobby de manera enconada y dijo un frío: —Adiós.
    Mary espero unos segundos, casi como si esperara la disculpa de Bobby, pero al silencio de este irguió la cabeza de manera orgullosa. Le dio la espalda y camino hasta atravesar el umbral de la casa. Ahí se paro en la estrada esperando a su madre. Bobby se sintió mal al verla irse así, sabia que una disculpa tal vez podría arreglarlo todo. Pero sabía que cualquier bacilamiento lo pondría en jaque y correría el riesgo de exponer su secreto.
    —¿Es que a pasado algo? —le pregunto Stephanie a su hermana en voz baja mientas levantaba una ceja. Jessica sonrió levemente y negó con la cabeza: —Cosas de críos.
     —Esta bien —Eso le basto a Stephanie, sabia como eran los niños, capaces de pelearse por cualquier tontería para luego estar súper unidos al día siguiente —Hasta mañana, hermana, gracias por cuidarla.
    —Para eso estamos  —dijo Jessica con una sonrisa mientras inclinaba la cabeza en gesto de cortesía —¡Hasta pronto!
    Ambas hermanas se abrazan antes de que Stephanie se separe y salga al exterior de la casa, Jessica ve como agarra de la mano a Mary y comienzan a alejarse. Jessica asoma la cabeza por la puerta mientras coloca su mano en el marco. Ve a su hermana levantar la mano en gesto de despedida antes de desaparecer al fondo de la calle.
    Jessica suspira y cierra la puerta. Se gira para decirle algo Bobby, pero ya no está. Jessica comenzó a andar por el pasillo, rumbo hacia el salón principal que se encontraba todo de frente. Al acercarse, una música extraña comenzó a aumentar en volumen exponencialmente.  Al asomarse, vio a Bobby sentado en el sillón, con la espalda reclinada hacia delante, su vista concentrada en la televisión y sus manos moviéndose velozmente sobre el mando de la consola. Jessica se acerco y se sentó en el sofá, al lado de Bobby. El chico no dio muestras de percatarse de su presencia.
    —Bobby, ¿Podrías dejar eso un momento? Quiero hablar contigo  —dijo Jessica con tono de voz afable pero a la vez serio y precavido. Bobby la ignoro al principió fingiendo que no la había escuchado. Jessica le dedico una mirada severa —¡Bobby!
    El niño suspiro pulsando el botón y se giro para mirar a su madre, evaluando la situación para ver como salir de esa. Su madre se mostraba seria, mala señal.
    —Mira, no es que quisiera hacer llorar a la prima, es que si le digo que sí no me la hubiera quitado de encima ni echándole pimienta a su leche —dijo con sarcasmo para relajar la situación, aunque su postura se reflejo una actitud a la defensiva —es que a veces me acosa  más que Silvestre a Piolín.
    —Tranquilo, Bobby, no se trata de eso —le respondió Jessica hablando con lentitud y claridad para que Bobby pudiera calmarse y comprender que su intención no era reñirlo  —Es sobre lo que paso esta tarde.
    —¿Y que paso esta tarde? —replico Bobby con un tono impasible, sin dejar traslucir ninguna emoción. Pero en sus ojos podía observarse una mirada dura y profunda. Bobby creía saber a lo que se refería su madre, pero la prudencia le hacia ir con cuidado y no anticiparse en sus conclusiones.
    —Ya sabes de lo que estoy hablando, cielo. De tu truco. —Jessica le dedico una sonrisa suave y llena de complicidad. Sin embargo, a pesar de su actitud tranquila, Bobby se puso nervioso y la miro con temor. Se sentía como si hubiera hecho algo malo, la clase de sensación que se siente cuando tu madre te pilla tras realizar una fechoría y sabes que te va a regañar.
    —No me dirás que ahora quieres estudiarlo tú también, ¿Verdad? —exclama Bobby de manera sarcástica, adoptando más aun una postura defensiva —No pensé que me vieras como una especie de mago Merlin, mama.
    —Tal vez no sea magia como la del mago Merlin, pero ese truco si es algo muy especial, ¿Verdad? —pregunta Jessica clavando unos profundos ojos en Bobby, quién siente como la boca le va quedando seca y su respiración se vuelve más violenta —Y no es la primera vez que lo haces, ¿Me equívoco?
    Bobby miro sorprendido a su madre y la idea de mentir le cruzó por la mente, pero al darse cuenta de que no tendría muchas posibilidades de engañar a una adulta que lo conocía también se limitó a agachar la cabeza y asistir silenciosamente.
    —Tranquilo, no has hecho nada malo —dice Jessica mientras rodea con su brazo los hombros de Bobby. Con la mano empezó a acariciar los cabellos del chico de forma maternal, con el fin de hacerlo sentir seguro.
    Bobby abrió los ojos como platos y se giro para mirar a su madre sorprendido, no se lo esperaba, creía que su madre se enojaría y lo miraría con cara de decepción.
    —¿Entonces no estas enojada conmigo?
    —¿Por qué debería de estarlo? —pregunta Jessica con una sonrisa cariñosa, antes de mostrar un tono de voz más seguro para reafirmar sus palabras —Tú no has hecho nada de malo, Bobby.
    Bobby miro a su madre con ojos vidriosos. Tenia el cuerpo tembloroso y su respiración estaba descontrolada, pero por encima de eso sentía su corazón henchido de agradecimiento y alivió porque su madre no quisiera reñirlo ni castigarlo. Sentía una gran dicha por sentir a su madre tan cercana y ser consciente de que siempre contaría con su apoyo. No pudo contenerse, se lanzó contra ella y la rodeo con sus brazos, apoyando su cara contra su hombro.
    —Gracias, mama —musitó un tembloroso Bobby con la voz rota. Sentía como su madre le acariciaba la nuca tratando de consolarlo.


-X0X-

    Años más tarde, tras abrir la ventana y dejar que los rayos del sol incidieran sobre la habitación Bobby camina hacia el armario. Abre la contrapuerta y se fija en el espejo rectangular que hay en el reverso de la puerta izquierda. En ella un chico bajito y menudo le devuelve la mirada. El chico del espejo tiene facciones delicadas, su cara se ve pálida, no más de lo que sería normal, pero si demasiado pálido para haber pasado el verano de sus catorce años tomando el sol. Su pelo era corto, rizado y de castaño. Pero lo que siempre le llamaba la atención eran sus ojos azules como el hielo, cada vez que se miraba a los ojos delante de un espejo se preguntaba como nadie se había percatado de sus cualidades, aunque luego recordaba que no era tan raro, pues supuestamente la existencia de los mutantes era un secreto. Finalmente, suspira, se encoge de hombros y se concentra en la tarea por delante. Agarro la ropa que tenía delante, la que había dejado en el armario especialmente para ese día, pues el resto estaba en la maleta. Se trataba de unos vaqueros, una camiseta negra de Batman y una cazadora vaquera azul. Tras sacarla del armario y quitarle la percha, la extendió cuidadosamente en la cama y fue a buscar las deportivas negras y blancas junto a la cama. Lo último que preparo fue la ropa interior, unos calcetines negros de Adidas y unos bóxer. Con todo preparado, Bobby se quitó la parte de arriba del pijama para comenzar a vestirse.

-X0X-

    Los días pasaron, su madre le dijo que debían guardar su cualidad especial en secreto porque había gente muy peligrosa que no lo verían con buenos ojos si llegaban a enterarse de lo que podía hacer. Bobby ya era reacció a revelarlo, pero que su madre se lo dijera le daba más motivos para ocultarlo. De momento, no le dirían nada ni siquiera a su padre, no hasta poder contarle algo más solido. Pero no todo eran secretos, Mary y Bobby ya se habían vuelto a hablar y las cosas habían regresado a la normalidad. Sin embargo, Mary ahora mostraba un especial interés por las películas del estilo de "Merlín, el encatador", "la bruja novata" o "Taron  y el caldero mágico"; las pelis sobre magia y hasta se había comprado un juego de magia.
    Bobby esperaba que tras tener un juego propio se percatara de que no había ningún truco como el del helado, pero Mary no había dicho nada de eso.  Ese día habían decidido ir a casa de un compañero de la escuela que tenia piscina, Jhon Perry.
    En total eran cinco, contando a Bobby, ya se habían dado numerosos baños y ahora cada uno estaba a lo suyo, Jhon Perry jugaba a las cartas con Catherine Peterson, Mike McCarthey disponía apasionadamente de la comida del picnic que los padres de Jhon habían preparado para ellos. Mientras Bobby y Mary corrían hacia la piscina para volver a bañarse.
    —¡A que no me ganas! —Exclamo Mary con entusiasmo, mientras sentía como el corazón bombeaba con fuerza en su pecho; debido a la emoción del momento.
    —¿Ganarte? Cuando esto acabe tendrás que esconderte dentro de tu caparazón —responde Bobby completamente seguro de sí mismo y apresurándose para recorrer la distancia que los separa de la piscina.
     —Te recuerdo que la tortuga gana a la liebre —dijo Mary subiendo al bordillo de la piscina y cogiendo impulso para saltar a la piscina. En ese preciso instante, sintió como un líquido frío la salpicaba hasta hacer que se estremeciera.
    —No si esa liebre se llama Bobby Drake —le respondió flotando en el agua. Mary pudo ver como una sonrisa burlona iluminaba su cara. Bobby la miraba divertido desde el agua, esperando que se metiera. Desde luego había ganado esa carrera, pero no la guerra, pensó Mary.
    —Oh, esto me lo vas a pagar —replico Mary mientras le enseñaba la lengua a Bobby. Recupero el impulso y saltó. Mientras caía, Mary abrazó sus rodillas y doblo su espalda formando una bola. El choque contra la piscina levanto el agua en pequeñas olas. Bobby levanto los brazos para escudarse la cara, pero aún así sintió el toque gélido del agua en la cara, eso le agrado.
    —Oh, salpicado por Mary, la tortuga —Dijo Bobby con fingida indignación, luego muestra una sonrisa maligna y mueve sus brazos de atrás hacia delante para provocar movimiento en el agua. Una fuerte salpicadura impacto contra la cara de Mary justo cuando esta emergía a la superficie —yo que tú me buscaría un caparazón para esconderme.
    Mary soltó una exclamación de sorpresa al sentir la fría agua sobre su cara. La niña entorno los ojos mientras respondía el ataque salpicando a Bobby.
    —No, querido primo, tú serás el que se esconda.
    Bobby sonrió divertido ante el tono de fingida amenaza de Mary, rápidamente la imito y ambos empezaron a salpicarse mutuamente en un juego de niños del que no se detendrían hasta que uno de los dos se rindiera.
    Mary estaba muy concentrada buscando la derrota de Bobby, pero durante el juego no pudo evitar notar algo inusual, no se estaba acostumbrando a la temperatura del agua, sino que la notaba cada vez más fría, cada vez le costaba más concentrarse y llego a un punto en que le fue imposible aguantar en el agua. En ese momento, levanto las manos y las agito en el aire como muestra de rendición.
    —¡Me rindo! —musitó Mary con voz temblorosa a causa del frío —tengo que salir del agua.
    Le susurro a Boby echando bao por la boca, empezó a nadar hacia la escalerilla mientras tiritaba de frío. Bobby la miro consternado, sintiéndose culpable, ya que se daba cuenta de que su prima se había puesto así debido a sus poderes. Su madre le había dicho que tratara de no llamar la atención sobre sus poderes y debido a la emoción del juego no había podido controlarlos. Pero mas culpable se sentía por haber afectado a su prima y verla muerta de frío. Tras un momento de duda, Bobby nado detrás de su prima para salir del agua.
    Bobby sale detrás de Mary, y al subir por la escalinata agarra la toalla blanca y se acerca a su prima para enrollarse alrededor del cuerpo para cobijarla. Bobby la mira a los ojos con una expresión preocupada y algo culpable.
    —¿Te encuentras bien? —pregunta Bobby con voz preocupada y algo tierna debido a la culpa que sentía debido a lo que hizo.
    —Tranquilo, Bobby. Solo tengo frío —le susurro la prima sonriendo tiernamente para que se tranquilizara.


-X0X-

Una vez vestido, bobby camino por la habitación asegurándose de que todo estuviese listo para salir. Finalmente, se colgó la mochila a la espalda. El chico miro a su alrededor para observar su habitación una última vez. Luego giro el picaporte y salio al pasillo. Consciente de que todo volvía a empezar. Qué volvía a la escuela. Justo en aquel momento fue consciente de lo mucho que había cambiado su vida desde que habían  despertado sus poderes y de lo mucho que cambiaría aún.

-X0X-

    Años antes, Bobby había ocultado su secreto a todo el mundo hasta a su prima Mary, a veces se sentía mal por ocultarle lo que podía hacer. Sin embargo, le preocupaba como podrían reaccionar ella o cualquier otro que lo averiguara. Su madre le prevenía sobre contarlo, le solía decir que sabía lo difícil que era para él ocultarlo, pero que había muchas personas en el mundo y que no todas eran buenas. No sería nada bueno que esas personas no buenas lo descubrieran pues podrían tratar de hacerle daño. Pese a su corta edad Bobby lo comprendía, sabía que cuantas menos personas conocieran ese secreto más seguro estaría.
    Tras el incidente en la piscina, su madre se puso nerviosa y llego a una conclusión, era tan peligroso que Bobby huyera de sus poderes y no los usara nunca como el que los usara en plena calle, así que solo quedaba que aprendiera a controlarlos. Le indico a Bobby que practicara sus poderes cuando nadie lo viera y ella investigaría sobre sus poderes.
    Durante los siguientes meses, Bobby se enceraba en su cuarto, bajaba la persiana y se sentaba en la cama con un objeto en la mano, durante un tiempo todo fue en vano, ningún objeto se congelaba, ni siquiera llegaba a mediamente enfriarse. Pero si ocurría algún pequeño incidente cuando se distraía, como que casi se le congelara un lápiz en mitad de una clase, o un balón en mitad del recreo, en ambas ocasiones tuvo que actuar rápido para que no lo descubrieran o para que no lo relacionaran con él. Pero finalmente un día enfrió una botella de refresco. El suceso tardo en repetirse, pero al final fue capaz de congelar cosas con más frecuencia.
    Así paso el tiempo y llegaron a los meses fríos del año, concretamente en Noviembre, el día en que Robert cumplía doce años. Ese día había sido muy especial, pues él siempre disfrutaba de su cumpleaños, comía tarta de chocolate, venían sus familiares y amigos y tenía muchos regalos. Sus padres le habían regalado una game con varios juegos como el de Super Mario world. También le regalaron varias películas de animación, ropa, colonias, etc. Realmente Bobby se había sentido dichoso ese día y cuando acabo la fiesta se sentía con animo para seguir practicando con sus poderes. Así que se encerró en su cuarto, cerro la persiana y cogió una botella de agua vacía. No paso mucho tiempo intentándolo antes de que la botella adquiriera un profundo color azul, pero esa vez era especial. No solo se había enfriado, sino que se congelo hasta quedar encerrada en un pequeño bloque de hielo. No muy resistente, pero un bloque de hielo al fin y al cabo. Entonces sintió unos golpes en la puerta.
    Bobby frunció el ceño y escondió la botella detrás de la espalda. Guardo silencio, esperaba que quién fuera pensara que estaba durmiendo. Volvieron a picar a la puerta y Bobby suspiro resignado.
    —¡Adelante!
    La puerta se abrió y Jessica entro en la habitación con una sonrisa afectuosa. Bobby le respondió la sonrisa aliviado de que fuera ella.
    —Hola, ¿Has disfrutado de la fiesta?
    Pregunto su madre con tono afable y Bobby sonrió con una sonrisa agradecida. Había sido una fiesta genial y sus regalos le encantaban.
    —Sí, gracias mama.
    —Me alegro —respondió Jessica asistiendo complacida. La señora Drake levanta la mano en el aire para mostrarle a Bobby un objeto envuelto en un papel de varios colores.
    —¡¿Otro regalo?!—exclamo Bobby con una expresión entre deleitada y sorprendida —Vaya, yo creo que alguien llego tarde a una fiesta.
    —Este es especial —dijo su madre con una sonrisa enigmática. Le tendió el regalo y Bobby lo agarro ansiosamente. Sin tomarse las molestias de cuidar el papel, lo desgarro apasionadamente para ver lo que ocultaba. Pero su cara supero la estupefacción, el regalo consistía en un pesado libro de tapa dura y con un número excesivo de páginas. El libro era azul, Bobby se dio cuenta de que lo miraba por la contraportada en la que aparecía un hombre de entre los cuarenta y cincuenta años, el pelo alrededor de la coronilla y la barca era de color blanco. Bobby le dio la vuelta al libro y vio el dibujo de una linea con varias curvas que le recordó a la imagen de un libro y dos títulos escritos: "La evolución en marcha" y "Chandra Suresh".
    Bobby supo enseguida lo que era un libro de ciencias, nunca había sido de leer ni tampoco de ciencias y que todo ello se juntara en un regalo "especial" no le hacia ninguna gracia. No obstante se obligo a mostrar una sonrisa fingida para no desilusionar a su madre.
    —Muchas gracias, mama, no soy precisamente Einstein, pero me has hecho el chico más feliz del mundo.
    Jessica notó enseguida la expresión real de Bobby y no pudo evitar soltar una risa leve antes de fruncir el ceño.
    —Oh, vamos, Bobby, ¿realmente crees que te regalaría algo así sin una buena razón?
    Pregunta Jessica con cierto tono de burla mientras alzaba los brazos a modo de fingida irritación. Luego suspira y se sienta al lado de Bobby coloca el libro en su regazo y lo abre sin siquiera rebuscar entre sus páginas, casi como si se supiera el libro de memoria. Al ver la página en la que había abierto el libro, Bobby abrió los ojos ampliamente. La página era el principió de un nuevo capitulo. El capitulo se llamaba: "Crioquinesis". Bobby se giro para mirar a su madre sin comprender.
    —Según este libro hay personas que nacen con poderes especiales como los tuyos, Bobby —dijo Jessica con una sonrisa fascinada en el rostro —Quizás con él podrás comprender mejor lo que te ocurre.

-X0X-

    Bobby abrió la puerta y se encontró a su madre y a punto estuvieron de chocar. Su madre lo miro con una cara sorprendida, como si no esperara verlo.
    —Buenos días, no esperaba verte despierto.
    Bobby sonrió divertido, ese día era uno de los pocos en levantarse temprano por su propia voluntad, normalmente siempre tenían que sacarlo arrastras. Pero era normal, tenía muchas ganas de empezar un curso que prometía ser muy especial.
    —Es que me empezaba a dar el síndrome de huevo en su cascaron.
    Jessica sonrió suavemente mientras enarcaba una ceja y se cruzaba de brazos. Ya sabía lo que ocurría y le parecía curioso ya que Bobby no era precisamente una persona estudiosa, de echo el primer día de clases no había manera de levantarlo, eso era algo bueno, significaba que la escuela le estaba haciendo bien.
    —Estas ansioso por empezar la escuela, ¿verdad? —dice Jessica con una sonrisa mientras señala la cocina con la mano —Pasa te hemos echo el desayuno.
    —Oh, que bueno, mi estomago me estaba echando la bronca —dijo con una sonrisa divertida mientras caminaba rápido para llegar a la cocina.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Dom Oct 19, 2014 6:41 am

Soy como tú
Tras recibir ese libro de parte de su madre, Bobby se enfrasco en su lectura ansiando descubrir todo lo que pudiera decirle. Al principio le costo su lectura, pero pronto se sumergió en él como nunca se había sumergido en ningún otro. El libro decía como su poder se debía a un cambio en su ADN con respecto a la del resto de los humanos y que de eso venían sus poderes. El libro llamaba a eso evolución y decía que era algo que cambiaría el destino de la raza humana para siempre. Bobby se sintió aliviado y fascinado por toda la información que traía ese libro. Comprender que lo que le sucedía no era algo malo, ni nada de lo que avergonzarse, sino que era algo completamente natural y más aun que era algo bueno para la raza humana, así que se decidió a disfrutar en lo que pudiera de ello.
    Aun así su madre sostenía que la humanidad no estaba preparada para ello y que su momento no había llegado. Bobby no comprendió que quería decir con "su momento" pero acepto guardar el secreto mientras seguía intentando comprenderlo. Bobby se dio cuenta de que una vez había aprendido a congelar una botella su aprendizaje se había vuelto mucho más fácil. Eso combinado con su pasión por aprender y su amor por su poder hicieron que lograra grandes avances.
    Pese a las ventajas que suponía su poder, aún había una parte difícil como no decírselo a su padre o a su prima, con la que solía ir a patinar o a esquiar, sus deportes favoritos.
    Aquella tarde competían por ver quién era mejor patinando, no era la primera vez que lo hacían ni sería la última. No era extraño que estando charlando en el salón de la casa de Bobby de forma súbita se les ocurriera patinar, cogieran sus patines y salieran a la calle.
    Bobby pasa al lado de su prima, sintiendo la fuerza de los latidos de su corazón, el viento en la cara y la emoción que se siente al volar como el viento. No puede evitar sonreír fascinado y mirar hacia atrás para ver donde quedo su prima, quién no estaba muy detrás de el, solo un metro o dos.
    —Mueve esos pies tortuga —dice divertido, pero en ese momento siente como toca una zona con relieve, una zona que lo desequilibra y hace que pierda el equilibrio. Bobby siente como traspasa el aire hacia delante y cae de fruces. Por instinto extiende sus manos para que le escuden la cara, pero siente un fuerte dolor en las rodillas al chocar contra el suelo. Bobby lucho cuanto pudo pero al final las lagrimas de dolor rodaron por sus mejillas.
     Mary abre los ojos impactada por el golpe y patina hacia Bobby, para cuando casi llegaba su lado dejarse deslizar y quedar de rodillas a su lado.
    —Bobby, ¿Estas bien?
    Pregunto nerviosa mientras colocaba su mano en su espalda y con la otra le ayudaba a darse la vuelta hasta tenerlo tendido boca arriba, con la cabeza apoyada en su brazo.
    —Claro, ahora mismo estoy bailando salsa —dijo Bobby con sarcasmo pese a lo adolorido que se encontraba. Ocultando la vergüenza por su caída. Trato de levantarse pero las piernas le dolían demasiado y no podía.
    —Tranquilo, Bobby, no hagas esfuerzos bruscos...
    Dijo Mary nerviosa. Tenía un nudo en la garganta y temblaba de pies a cabeza. Bobby se percato y la miro con burla. Sin embargo, su prima no se percato de ello.
    —Tranquilizate, prima, hoy no me reuniré con San Pedro a beber vino —dijo Bobby con sarcasmo, mientras trata de aguantar el dolor de sus rodillas. Mary lo mira con seriedad —Oye, Mary, ¿esta muy mal?
    Mary cierra los ojos mientras trata de controlar su respiración y luego dirige su vista hacia las rodillas de Bobby. Siente un escalofrió recorriendo su cuerpo. Su pantalón se encontraba desgarrado. Sus rodillas mostraban hendiduras de color rojo intenso. La sangre manaba de las heridas.
    —No se ve bien, esta rojo —musita Mary tratando inútilmente de que su voz no temblara. Luego giro su cabeza mirando a Bobby directamente a la cara. El chico se encontraba tendido en el suelo. El dolor se le marcaba en la cara. —¿Te duele algo más?
    —Me duele el dedo gordo del pie, pero mis rodillas me preocupan más —dijo Bobby con sarcasmo. A pesar de tratar de parecer calmado el dolor se reflejaba en su voz. Mary sonrió. Sabía que Bobby trataba de calmarla con su sarcasmo.
    —Oye, Bobby, puedo hacer que te sientas mejor —Bobby levanto la cabeza. En su rostro se reflejaba una expresión de incertidumbre. —Pero debes prometerme que no dirás nada a nadie.
    —Debería demandarte por extorsión por haber dicho eso, pero vale.
    Dijo Bobby adolorido. Suspiro resignado y reclino la cabeza sobre la acera. Cuando vio como su prima llevaba sus manos a la herida se encrispo. Pensó que le iba a hacer algo doloroso. Pero entonces sintió algo parecido a una brisa caliente que incidía sobre su rodilla. El dolor comenzó a remitir. Con curiosidad Bobby levanto la cabeza para ver lo que estaba haciendo su prima. Sus ojos se abrieron impactados. De las manos de su prima salia un haz de luz de tintes azuladas y blanquecinas.
    Cuando la luz desapareció se llevo con ella el dolor. Bobby llevo su vista a las rodillas. Descubrió que tenía la zona intacta, ni siquiera tenia rastros de sangre. Bobby miro a su prima petrificado.
    —¡Tú me has curado!
    Dijo completamente absorto. Sabía lo que eso significaba, pero en ese momento estaba demasiado perplejo como para asumirlo. Su prima tratabilleó hacia atrás. Se encontraba intimidada por la mirada sorprendida de Bobby. No sabía como reaccionaría su primo y eso la atemorizaba.
    —¿Entonces... —pregunto Bobby aturdido. Miro a ambos lados de la calle para asegurarse de que nadie los miraba —¿Tú también eres especial?
    Concreto Bobby en un leve susurro. Mary lo miro de manera sorprendida y llena de incertidumbre.
    —Bobby, ¿Cómo que yo también? —Pregunta Mary con desconcierto. La niña se quedo completamente inmóvil. Absorta en las palabras de su primo —¿Qué quieres decir con eso?
    —Aquí no —Dijo Bobby negando con la cabeza. Se incorporo hasta quedar sentado en el suelo. Luego se impulso hacia arriba hasta quedar de pie. Haciendo equilibrio con los patines para no tropezar. Luego tendió la mano a su prima para ayudarla a levantarse.
    —Ven Leia, ven conmigo al lado oscuro de mi casa.
    Ella lo miro dubitativa. Al final cogió su mano y se levanto. Apoyándose en Bobby para no caer. Estaba nerviosa. Nunca había revelado su poder a nadie. Pero sabía que podía confiar en Bobby. Además él parecía saber más de su poder que ella. O por lo menos había dado a entender que sabía algo. Mary deseaba saber porque había podido curar a Bobby. Así que patinando fueron hacia la casa.


-X0X-

      Tras llegar a la habitación, Bobby cerro la puerta detrás de ellos. Miro a su prima con una mirada enigmática y sonrió levemente.
    —Supongo que tienes muchas preguntas.
    Mary asistió intrigada. Se sentó al pie de la cama mientras Bobby se situaba delante de ella con una expresión muy seria en su rostro.
    —Lo que voy a mostrarte es secreto. No se lo debes contar a nadie. —Dijo Bobby con una voz profunda. Mary asistió sobrecogida. —¿Lo juras?
    —¡Lo juro! —asistió Mary con veracidad. Escupió en su propia mano y la extendió delante de ella con la palma hacia arriba. Bobby escupió en la suya propia y la coloco sobre la mano de su prima. Ambas palmas se tocaron. Firmando su acuerdo con saliva. Bobby le dio la espalda a su prima cogió una lata de refresco y se la enseño. Ante los ojos de Mary, la lata adquiría un tono azulado y finalmente se recubría de una fría escarcha. Los ojos de Mary se abrieron ampliamente.
    —¡Vaya, Bobby! ¡Eres alucinante! Pero... ¿Cómo lo haces? —Exclamo Mary completamente emocionada, pero a la vez muy confusa —¿Cómo lo hacemos? ¿Por qué solo nosotros hacemos cosas raras?
    —No te creas, Wonder Woman, primita —le respondió Bobby con una media sonrisa burlona —No somos los únicos. Ni son cosas raras.
    —¿Ah, sí? Yo no creo que haya mucha gente que pueda hacer lo que hacemos. Sí no todo el mundo lo sabría —Dijo Mary recelosa. Con los ojos clavados en Bobby. No sabía si creer todo lo que su primo le decía o si solo había hecho un truco y se burlaba de ella. Aunque siempre supo que había algo demasiado raro en su primo. Nunca pudo decir con certeza él qué. Pero ahora que lo sabía era mucho más increíble de lo que nunca imagino.
    Bobby emitió un resoplido burlón y Mary le dedico una mirada enconada mientras se cruzada de brazos.
    —Yo no he dicho todo el mundo. Y si de verdad crees que la gente lo sabría es que no has pensando en lo que pasaría si contaras lo que puedes hacer.
    —¡No! Nos tratarían como bichos raros —exclama Mary. Saltando en su sitió como impulsada por un resorte. Bobby la miro con una seriedad pocas veces vista en él.
    —Para empezar —respondió con voz sombría mientras concentraba su mirada en la lata de refresco. La movió lentamente para llamar la atención de su prima —A muchos no les gustaría esto.
    —¿Qué más podría pasar? —Pregunta Mary nerviosa. Sintiendo escalofríos debido a lo preocupada que estaba.
    —No lo se, podrían encerrarte en una zona fantasma o tal vez te tiren de la roca del clan —dijo con fingida seriedad. Mary puso una cara de verdadero horror. Entonces se quedo quieta un momento. Antes de fruncir el ceño.
    —Eh, eso es trampa, no me pueden tirar de la Roca del clan.
    —Lo es, pero apuesto a que te haces una idea. —Respondió Bobby haciendo que el corazón de Mary se constriñera por el miedo a que la descubrieran.
    —Sí, me la hago —asistió Mary pesadamente. Bajo la mirada pensativa. Bobby se quedo mirándola en silencio. Hasta que Mary levanto la cabeza y clavo sus marrones ojos en Bobby —Pero, no has respondido. ¿Por qué nosotros somos diferentes?
    —Porque nosotros no somos de este mundo, Mary —Mary lo miro estupefacta y estuvo apunto de decir algo. Bobby levanto la mano con suavidad para que lo dejara continuar —Nuestros tatarabuelos llegaron aquí hace mucho tiempo junto a muchos más de su especie. Venían aquí desde un planeta muerto y tomaron la Tierra como su hogar.
    —¿En serio? —Exclama Mary abriendo los ojos como platos. Sus labios esforzaron una sonrisa. Se inclino hacia delante fascinada. —Pero... ¿Cómo es que nadie se dio cuenta?
    —Eso fue porque llegaron en una lluvia de meteoritos —Dijo Bobby tratando de mostrar una expresión seria, pero en realidad tenia muchas ganas de echarse a reír —Luego fue fácil ocultarlo. La gente es bastante crédula y se cree cualquier cosa.
    —¿Pero no tenemos sangre diferente? ¿Es que no aparece nada extraño en los análisis? —Indaga Mary con un nudo en la garganta. Aún sin poder asimilar la idea de todo lo que estaba contando Bobby. Se le hacia tan extraño pensar que no era humana.
    —Sí, eso seria imposible. Aparecen grandes "A" en los análisis. —dijo Bobby con burla, disfrutando de cada instante pues se percataba de que su prima realmente se lo creía —Pero tranquila, se los dan de comer al perro.
    Ante el sarcasmo de Bobby, Mary se percato de que le estaba tomando el pelo y su desconcierto se convirtió en una furia que creció dentro de ella.
    —¡Bobby! ¡¿Es que no puedes tomarte algo en serio por una vez?! ¿O es que sabes tan poco como yo?
    Dijo Mary con una mirada furiosa mientras se incorporaba de un salto. Bobby bosteza ante el enojo de Mary. Camino alrededor de ella. Al llegar a los pies de la cama y se lanza boca arriba. Entrelazando las manos sobre el vientre.
    —Lo se. Pero eres tan ingenua que es difícil no aprovecharse.
    Dijo Bobby mirándola con curiosidad. Mary dio un zapatazo en el suelo y se cruzó de brazos. Su mirada era intensa pues se encontraba muy furiosa.
    —¡No soy ingenua! Solo no se lo que me ocurre y tú te lo tomas como si fuera un juego —Hizo una pausa para tranquilizarse. Pero seguía mirando a Bobby de manera enconada. —Apuesto a que tú no te lo tomaste también cuando lo descubriste.
    —No. Pero seguro no me habría creído que era un alien. —Dijo de manera burlona haciendo que Mary le dedicara una mirada afilada que solo incremento su sonrisa —Pero ese no es el caso. El asunto es que tu quieres información y yo soy el único que puede dártela.
    —¿Y tú como conseguiste esa información? —Pregunta Mary recelosa. No podía fiarse de Bobby, pues la engañaría a la menor oportunidad.
    —Tengo mis métodos. —dijo Bobby con una sonrisa divertida. Realmente estaba disfrutando con la situación —Yo se la verdad y no es un cliché de ciencia ficción. Es algo muy real y maravilloso.
    —Pues entonces dime que es eso tan maravilloso. No te hagas el difícil ahora —Suplico Mary, muerta de curiosidad.
    —¿Qué estarías dispuesta a dar para que te lo diga? —replico Bobby arqueando una ceja y mostrando una sonrisa traviesa.
    —¿Qué? ¿Vas a tratar de sacar provecho en una situación como esta? —pregunta Mary anonadada —¿Es que no puedes hacer nada bueno sin pedir nada a cambio?
    —Prima, no me lo digas, eres tan inocente que desconoces la ley de la oferta y la demanda —Bobby la miro con lastima. Pero su expresión se mantenía burlona.
    —Pues yo ya te pague al curarte —dijo Mary tratando de mostrarse firme. Bobby la miro sin inmutarse. —Venga, dímelo y no te inventes otro cuento como el de los aliens.
    —De acuerdo. Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana Luke Skywalker... —empieza a decir Bobby pero de repente se detiene y queda pensativo. —Ahí no, eso es Star Wars.
    —Me estas haciendo perder el tiempo, ¿Verdad? —estallo su prima furiosa. Girando sobre sí misma y dirigiéndose hacia la puerta.
    Bobby suspira y se levanta perezosamente. Camina detrás de ella sin mucho interés y la agarra del hombro con suavidad cuando ella estaba a punto de abrir la puerta.
    —Vale, vale. Se me olvidaba que no se pueden gastar bromas a los necesitados. —dice con una sonrisa divertida. Mary estrecha los ojos pero no se da la vuelta. Agarra el picaporte para abrir la puerta —Por si te lo estas preguntando: eres humana.
    Mary estuvo inmóvil por un momento. Finalmente se giro para mirar a Bobby con una expresión desconfiada en su rostro.
   —Vale, soy humana. Pero lo que quiero saber es ¿Por qué puedo curarte?
    —Sí, pero eres una humana muy especial —La voz de Bobby sonó profunda y convincente. Mary lo miro recelosa sin apartar la mano del pomo de la puerta —Eres la cumbre de la evolución humana.
    —Me crees ingenua, pero no pienso volver a caer en tus cuentos chinos.
    Estallo Mary, furiosa. Bobby se estaba burlando de ella cuando más confusa estaba. ¿Tanto le costaba comprender que necesitaba su apoyo? Bobby se encoge de hombros y se vuelve a tumbar en su cama.
    —No soy yo él que busca respuestas —dijo despreocupadamente mientras cruzaba las piernas sobre la cama —Puedes creerme o no. Pero si no lo haces nunca sabrás lo que te ocurre.
    —Si no trataras de jugar con mi mente me costaría menos entenderte —acuso Mary cruzándose de brazos y mirándolo con una mirada desafiante.
    —Cierto. Pero así no sería tan divertido —replico Bobby cruzando los brazos por detrás de la cabeza. Mostrando una actitud despreocupada —La respuesta esta en los genes, Mary.
    Mary lo fulmino con la mirada. Sabía que le estaba tomando el pelo y eso hacia que se sintiese más desesperada. Necesitaba respuestas. Por inercia, cruzó los brazos por delante del pecho.
    —¿Y eso que significa?
    —Genes. Evolución humana. ¿Realmente no logras unir los puntos de la cuestión? —pregunto Bobby con una sonrisa jocosa mientras la escruta con la mirada —¿Te suena de algo Charles Darwin?
    —Claro, que me suena, te recuerdo que yo si presto atención en clase —dijo Mary sacando la lengua a Bobby. Irritada porque todo lo que le decía parecía un callejón sin salida —¿Pero que tiene que ver Darwing con lo que nos ocurre?
    —¿Qué tienen que ver los limones con la limonada? —Pregunta Bobby mirándola con ojos inescrutables. Mary se muerde el labio sin saber que contestar —Prácticamente todo.
    —Bueno, pero no soy totalmente experta en él, ¿Por qué es tan importante? —Prosigue su prima sin lograr comprender.
    —¿Realmente atiendes en clase? —repuso Bobby después de soltar un resoplido burlón —Te lo simplificare para que puedas entenderlo. La raza humana evoluciono hace mucho tiempo. Ahora lo esta volviendo a hacer. Y nosotros somos el resultado.
    —¿Quieres decir que somos como la evolución de la especie? —Mary lo mira escéptica mientras mantiene los brazos cruzados —Tal vez me trague lo de los aliens, pero no me creeré eso.
    —Me alegro, prima, te contaran muchas mentiras a lo largo de tu vida, incluso muchos trataran de manipularte. Es bueno que no te lo creas todo —Dice Bobby con una sonrisa de triunfo e interés. Mary abrió los ojos sorprendida por la contestación de Bobby —Por suerte, tengo una manera de demostrar que esto es cierto.
    —¿En serio? ¿Y que manera es esa?
    Pregunta Mary recelosa. Ante toda respuesta Bobby abre la mesita de al lado de su cama y saca un libro. Levanta el libro en el aire para enseñarselo a su prima. Mary queda petrificada. El libro mostraba el dibujo de un cromosoma bajo el titulo: : "La evolución en marcha".


-X0X-
En el presente, Bobby llegaba a la cocina, acompañado por su madre. Ahí se encontró a su padre que con su mano sujetaba el mango de la sartén. Con la otra  usaba la espátula para darle la vuelta al huevo.
    —Vaya, campeón, pensé que necesitaríamos a los bomberos para que salieras de la habitación —le saludo su padre dedicándole una sonrisa antes de volver a su tarea.
    —Bueno, tal vez fue mi bombero interior —dijo Bobby con una mueca divertida mientras separaba un poco la silla de la mesa y se sentaba a esperar su desayuno.
    —Más vale que no —dice su padre de espaldas a Bobby. Su atención no se separaba de los huevos. Pero Bobby pudo sentir el tono severo de su padre —Aún no estoy muy seguro de haber hecho bien en firmar aquel permiso que nos dio tu escuela.
    —Eso ya lo decidimos, Tom —Intervino Jessica alternando la mirada entre su marido y su hijo. Uno con la atención puesta en freír un huevo. El otro sentado en la silla con los brazos reposados en la mesa. Ambos serios. Ambos dispuestos a volver a discutir por el mismo tema que ya se había zanjado. —Es lo que Bobby quiere.
    Thomas giro la cabeza y concentro su mirada en Jessica. A ella le titubeo el corazón. En la mirada de su marido podía leer reflejada la misma preocupación y la misma ansiedad que ella misma sentía. Pero ella conocía demasiado bien a Bobby como para saber que ninguno de los dos podía convencerle de lo contrarió cuando se proponía a hacer algo.
    —Y si el chico quisiera tirarse de un puente, ¿Le dejarías?
    Bobby frunció el ceño. No le gustaba nada por donde estaba marchando la conversación. No quería ver a sus padres tan preocupados, pero tampoco quería ver como el mundo sufría cada mil penurias mientras él no hacia nada para impedirlo. Con el tiempo había llegado a la conclusión de que si tenía la capacidad para ayudar a los demás debía hacerlo. Y eso es lo que haría gracias a ese permiso.
    —Pero no voy a hacer nada como eso, papa —dijo Bobby tratando de sonar convincente y a la vez tranquilizador —Voy a usar mis habilidades para ayudar a los demás.  Eso es lo que haces tú.
    Las comisuras de Thomas se movieron, el inicio de una sonrisa que no se permitió terminar. Sabía que Bobby siempre había admirado su trabajo. Pero también sabía que era un adulador y que se le daba demasiado bien engatusar a la gente para conseguir lo que él quería. Le dedico una mirada taciturna antes de volver su atención de nuevo a la sartén.
    —Por eso mismo se lo peligroso que es.
    Pronunció con voz indescifrable. Bobby lo miro intrigado, rara vez hablaba de su trabajo, lo cuál le extrañaba. Si el trabajara ayudando a los demás no dejaría de presumir de ello. Pero su padre rara vez decía una palabra sobre ello. Y su madre tampoco. Lo máximo que sabía Bobby es que su padre trabajaba para el gobierno.

-X0X-

    Después de que Bobby le enseñara el libro de Suresh a Mary, y que está le recriminara por no habérselo enseñado desde el principió, ambos pasaron mucho tiempo investigando. Querían saber cada vez más de sus poderes y aprender a usar sus dones. Como era de costumbre esa empresa se beneficio de que Mary pasara mucho tiempo en casa de Bobby. Su madre tendía a dejarla en casa de Jessica cada vez que salía a hacer un viaje por cuestiones de trabajo. A Mary le hubiera gustado ir con ella alguna vez, pero su madre se negaba alegando que eran viajes muy aburridos y que se lo pasaría mejor en casa de Bobby. Y como siempre tenía algo interesante que hacer en casa de Bobby, Mary no la contradecía. En aquella ocasión Mary había llevado una planta moribunda. La planta estaba medio seca ya que Stephanie se había olvidado de regalarla. Así que Mary la usaría para practicar sus poderes.
    Al llegar Bobby le sonrió fascinado al saber lo que se proponía hacer con una planta. Aunque su tía Jessica se sorprendió y le pregunto que pensaba hacer con una planta. Mary salió del aprieto contestando que era una tarea para clase. Tras saludarlos a todos, subieron a la habitación para practicar sus poderes. Al entrar en la habitación, Mary detrás de si y Bobby saco el libro del cajón de su mesita.
    —¿Realmente crees que mis poderes afectaran a la planta? —pregunta Mary mirando la maceta de manera dubitativa.
    —Claro —dijo Bobby con una gran seguridad. Abrió el libro por un capitulo denominado: "Curación espontanea".
    —Esta bien, ¿Por donde se empieza? —contesta Mary con entusiasmo. Bobby se encoge de hombros.
    —Ese es tu poder, Mary —dice Bobby impasible. Sin embargo, se muerde el labio inferior y coge una botella de agua de su mesita la agito en el aire levemente, para enseñársela a Mary, luego la dejo sobre la mesita.—Pero o empezaría por poner tus manos por el objeto y concentrarte.
    Mary asistió y de manera casi ceremoniosa coloco sus manos sobre la planta. Al ver que no ocurría nada una expresión de desilusión se formo en su rostro. Pese a todo siguió intentándolo con más ímpetu que antes.
    —Sana sanita, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana.
    Empezó a decir en un suave y bajo haciendo que casi parecía que estaba recitando una formula mágica para hacerla crecer. Bobby enarco una ceja incrédulo.
    —¿Intentas hacer que llueva?
    Pregunta Bobby con una sonrisa burlona, mientras la observaba con expresión divertida. Mary aparto las manos de la planta mientras apretaba los labios.
    —No, solo la estoy animando.
    —¿A qué? ¿A qué te demande por daños y prejuicios?
    Pregunta Bobby con un comentario jocoso mientras la increpaba con los ojos.
    —Bueno, ¿Y como sugieres que lo haga —Responde su prima mal humorada. Mary se queda manteniendo los brazos cruzados con una mirada afilada.
    —Primita, tan solo dedicación y paciencia,  Sega no se creo en un día —Respondió Bobby con aire conciliador. Mary  se sentía  impaciente y quería aprender a controlarlo ya, pero finalmente asistió resignada.
    —¿Podrías enseñarme como lo haces tú?
    Pregunta Mary con voz afable. Bobby asiste y agarra la botella de agua de la mesita. Ante los ojos de Mary el agua se convierte en una columna de hielo dentro de la botella.
    —¿Ves? No es tan difícil. Solo tienes que practicar... —Bobby se detiene y se queda petrificado mirando la puerta. Mary lo mira extrañada por un momento —mucho.
    Bobby termina la frase con un hilillo de voz apenas audible. Mary gira la cabeza y sus ojos se abren como platos. La puerta estaba abierta. Ante ellos se encontraba Thomas Drake con la faz blanquecina y la mano temblando sobre la madera de la puerta. Sus ojos miran desorbitados a los dos jóvenes.
    Un nudo se forma en el estomago de Mary que siente como su garganta se queda seca y las palabras se desvanecen en la boca antes de que pueda siquiera pronunciarlas.
    —Hola, tío Tom.
    Fue lo único que se le ocurre decir. Mary sonrió y trato de fingir que no ocurría nada fuera de lo común,  pero una voz débil y temblorosa estropeaban completamente cualquier intento de normalizar la situación. Bobby se apresuro a esconder la botella detrás de la espalda y miro con tranquilidad. Mary lo escruto con la mirada, sabía que su primo estaba nervioso, pero parecía tan tranquilo...
    —Hola, papa. ¿Te encuentras bien? Estas muy pálido —Bobby trataba de controlar los temblores de su cuerpo. Pero sentía como su corazón latía con violencia. En esos momentos siempre se congratulaba por saber fingir y ocultar sus emociones.
    El señor Drake se quedo inmóvil por unos segundos. Demasiado aturdido como para decir palabra. Luego fue recuperando el aliento poco a poco.
    —¿Qué acabas de hacer?
    Pregunto Thomas con una voz muy dura y seria que hizo que Mary agachara la cabeza. Sin embargo, Bobby mantuvo los ojos fijos en su padre. La mirrada interrogante de Thomas hizo que el muchacho sintiera escalofríos, pero no retrocedió.
    —Lo de siempre. Disfrutar del buen día, gastar bromas a mi prima... —respondió Bobby con una leve sonrisa. A su lado, Mary asiste con la cabeza. Su boca se encontraba demasiado seca como para hablar.
    La estupefacción de Thomas paso a ira y estupefacción. Sus ojos resplandecieron coléricos. Sus músculos se convulsionaron por la furia. Nunca le había gustado que Bobby mintiera de ese modo y menos cuando lo acababa de ver con sus propios ojos. La sensación de que Bobby se burlaba de él se sumo a la confusión y el delirio de lo que había visto. Avanzó hacia Bobby con paso raudo. Al verlo Mary se encogió sobre sí misma. Bobby comenzó a temblar ligeramente.
    —¡No me mientas! ¡Te he visto!
    Exclamo Thomas elevando la voz. Bobby abrió la boca para decir algo, pero se quedo pensativo un momento y volvió a cerrarla. Considero que lo mejor era no decir nada. Bobby miro a su padre receloso cuando se coloco enfrente de él. Thomas llevo su mano detrás de Bobby y cogió la botella congelada. La alzo en el aire, sacudiéndola para enseñársela a Bobby.
    —¿Y bien? ¿Y esto que es?
    Bobby miro a su padre sorprendido, no solía verlo de tan mal humor. Guardo silencio por un momento, evaluando sus opciones y el mejor modo de actuar. Su primer instinto seria insistir y tratar de que creyera que se lo había imaginado, pero estaba claro que no funcionaria. Su padre se mostraba muy seguro de lo que había visto. También se planteo tomárselo con humor o intentar desviar la conversación con el fin de distraerlo para ganar tiempo pero tampoco funcionaria, su padre se enojaría mucho más si lo hiciera. Así que se decidió por la acción lógica, decir la verdad.
    —Simplemente es algo que se hacer —respondió con voz seria y sincera. No podía hablar de otra forma si quería salir del callejón sin salida en que se había metido.
    Al ver la actitud del chico, el padre se calma pues comprende que se lo toma en serio. Aun así las preguntas le vienen a la mente.
    —¿Y como es que puedes hacerlo ¿Desde cuando? —Pregunto su padre preocupado, pero tratando de sonar lo más comprensivo posible.
    —No estoy seguro de cuando empezó, pero ahora lo controlo —explico Bobby aliviado porque su padre se hubiera tranquilizado.
    —¿Por qué no me dijiste nada, Bobby? —pregunta Thomas tratando de sonar comprensivo mientras coloca una mano sobre el hombro de Bobby. Levanto la vista para ver a Mary. La chica estaba completamente blanca y los miraba fijamente —¿Y se lo querías mostrar a ella?
    —Bueno, no sabía como te lo ibas a tomar —dijo Bobby con una mirada de culpabilidad. Antes de mirar de reojo a Mary y quedarse pensando —Bueno, ella me descubrió y no me quedo más remedio que enseñárselo.
—¿Y como quieres que me lo tome, Bobby? —Pregunta Thomas completamente aturdido. Sintiendo como el cerebro le martillea en la cabeza. Se le humedecen los ojos y el corazón le late deprisa. En un arrebato, rodea a su hijo con sus brazos y lo estrecha contra su pecho. Necesita transmitirle que pasara lo que pasara lo único que le importaba era protegerlo.


-X0X-

     Thomas Drake había viajado a Londres por asuntos del trabajo. Sin embargo, sus asuntos se habían resuelto sin ningún percance y eso hacía que pudiera regresar a su hogar unos días antes de lo esperado. Thomas decidió no comunicarlo en casa para darles una buena sorpresa. Sin embargo, la sorpresa se la había llevado él.
    Thomas llego justo cuando Jessica se estaba dando un baño y Bobby estaba encerrado con Mary en su habitación. Su hijo mayor, Ronald, ya no vivía en la casa pues había obtenido una beca en la universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts y obviamente se encontraba viviendo en el Campus. Por tanto nada pudo impedir que subiera las escaleras y entrara a la habitación de Bobby. A partir de ahí las cosas se predecedieron unas a otras. Thomas descubrió el gran secreto que escondía su familia y tras tratar de consolar a su hijo para que no tuviera miedo; Jessica llego secándose el pelo. Se quedo estupefacta ante la escena, Thomas abrazando a Bobby y Mary observando impactada. Trago saliva al comprender lo que había sucedido.
    Eso solo fue el preámbulo a una larga discusión que transcurirria durante toda la tarde, mucho antes de que Stephanie llegara para recoger a Mary y mucho después de que ambas se fueran. Bobby se asunto pensando en las cosas que podría conllevar semejante discusión. Robert Drake se había encerrado en su habitación pero aún así los escuchaba.
     Pero al final ya de madrugada ambos se tranquilizaron. Y llegaron a la conclusión de que ambos les preocupaba el bienestar de Bobby así que decidieron centrarse en eso.
    Al día siguiente Mary regreso, terriblemente angustiada, pensando en el ambiente que se encontraría. Pero se sorprendió al ver que todo parecía normal, a excepción de que todos parecían estar cansados.
    Bobby dirigió su mirada a Mary y la miro con una sonrisa cansada antes de volver a mirar a sus cereales. Mary sonrió nerviosa. Se sentía culpable, sentía que si no hubiera pedido a Bobby que le enseñara su truco no los habrían descubierto.
    —Buenos días, ¿Estás castigado? —pregunta sin rodeos, pero con una voz indecisa y musitada.
    —Solo me riñeron por enseñar mis poderes —respondió Bobby sin mucho entusiasmo mientras removía los cereales con la cuchara. Mary abrió los ojos como platos.
    —¿Es que no les dijiste nada sobre mi? —pregunto estupefacta y agradecida. Mientras tanto cogía una cucharada de su propio desayuno.
    —¿Y ponértelo tan fácil?  —dice Bobby de manera burlona mientras emite una risa suave. Luego guiña un ojo a su prisa y añade: —Lo siento, primita, si se lo quieres decir deberás hacerlo tú.
    —Yo no quiero decirles —respondió Mary rápidamente. Pero se detuvo pensando y se corrigió —Es decir, no lo se. Pero pensé que se lo dirías para evitar problemas.
    —Tienes razón, pero quién sabe tal vez lo utilice en otro momento.
    Respondió Bobby con una sonrisa traviesa, Mary le sonrió. Sabía que por mas que Bobby se burlara o fingiera, nunca diría lo suyo si ella no se lo pedía. Sabía que podía confiar en él pues nunca incumpliría una promesa. En el fondo era un buen chico.
    —Gracias. —Le sonrió Mary tiernamente, mientras apoyaba su mano en el antebrazo de Bobby en un gesto de cariño.


-X0X-

    La cocina estaba en silencio. Thomas puso el desayuno en la mesa y se sentaron a desayunar. La atmósfera se sentía fría, todos querían decir algo pero a ninguno se les ocurría que decir. Bobby volvería a la escuela y ya no estaría siempre en casa como antes. Thomas igualmente tendría que estar fuera trabajando y podría tardar en volver y Jessica tenía muchas responsabilidades que la solían tener muy ocupada, así que estaba claro que las cosas cambiarían Y además estaba aquel asunto, no dejaba de ser peligroso y Bobby lo sabía, sin embargo eso no lo disuadía de lo que pretendía hacer. Bobby partió una esquina de huevo con su tenedor y se la llevo a la boca. Saboreando los huevos fritos de su padre
—¿Mary llegara pronto? —Interroga Bobby, tratando de poner fin al largo silencio que se había puesto en la cocina.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Sáb Nov 01, 2014 5:49 pm

Corazón de héroe
Las cosas no cambiaron tanto como Bobby esperaba, sus padres lo aceptaron y lo apoyaron. Su vida no cambio más que ahora ya no tenia que esconderse en su casa pues ya sabían lo que podía hacer. Finalmente, Mary, al ver como aceptaban lo que podía hacer y que le echaran la charla de que no podía decir nada también lo contó. O al menos eso le contó, aunque también les pidió que no contaran nada a su madre. A Bobby le sorprendía que no quisiera decir nada a su propia madre, pero si lo pensaba bien pasaba más tiempo con sus tíos que con su propia madre. El caso era que ahora se sentías más libres para practicar sus poderes. Lo cuál fue muy favorecedor para Bobby que veía como sus poderes crecían, sin embargo Mary se frustraba al no conseguir avanzar con los suyos.
    Un día, iban paseando por la calle, cuando ya estaba anocheciendo. Bobby estaba contento porque podía proyectar el hielo sin tener que tocar los objetos y eso era un importante avance para él. Mary aún no había podido curar a ninguna planta ni tampoco a otro ser humano desde entonces, eso la tenia preocupada. Mary iba con la cabeza agachada, metida en sus propios pensamientos. Escucha como Bobby le dice algo que no logra entender. Eso hace que levante la vista con intención de mirar a Bobby, pero algo a lo lejos llama su atención. Un resplandor rojizo en el cielo.
     Bobby continua avanzando hasta que se da cuenta de que su prima no esta a su lado. Voltea hacia atrás y ve a su prima completamente inmóvil, con la vista clavada en la lejanía. El chico gira sobre sí mismo abriendo los brazos a ambos lados del cuerpo.
    —¡Mary! ¿Qué haces?
    La llamo, esperando recuperar su atención. Mary hizo como si no lo hubiera escuchado y en su lugar extendió el brazo hacia un punto a lo lejos.
    —¡Mira! ¿Qué es eso?
    Bobby dirigió su vista hacia allí. Su boca se abrió de par en par al ver lo que señalaba Mary. Tardo unos momentos en ser capaz de reaccionar.
    —No lo se, pero no creo que sea algo bueno.
    De repente Mary empezó a correr hacia delante, en dirección al lugar de donde procedía el resplandor anaranjado. Bobby abrió la boca varias veces tratando de decirle algo. Pero a su pesar, sus palabras se le trabaron en la boca.
    —¡No he dicho que fuera una biblioteca!
    Le grito Bobby cuando por fin fue capaz de decir algo. Pero para entonces Mary ya estaba varios metros por delante de él. Bobby se puso nervioso y giro sobre sí mismo con los brazos abiertos al lado del cuerpo. Se sentía impotente, por un lado ese lugar podría ser peligroso, pero por el otro Mary ya había salido directa hacia un posible peligro que no conocía.
    —¡Oh, maldición!
    Profirió en un tono resignado antes de resoplar y lanzarse a correr detrás de Mary. A travesó varias calles antes de poder llegar hasta Mary. La chica estaba completamente inmóvil mirando una casa. Bobby no se fijo en la casa que miraba, solo dedico una mirada reprochadora a su prima.
    —¿Sabes? En las pelis de terror las que corren hacia el monstruo es a las primeras que se comen.
    Le reprocho Bobby mientras trataba de recuperar el aliento. Mary se limito a señalar con el dedo la casa que tenía en frente. Bobby llevo su atención hacia ella. Era una casa elegante, color blanco, la puerta de madera a la que a poca distancia se encontraban dos ventanas, una a cada lado. Arriba había otras dos ventanas. Pero no era la composición arquitectónica lo que llamaba la atención. De las ventanas de arriba y del tejado salían poderosas llamas de color escarlata. De solo verlas una gota de sudor cruzo su frente.
    —Mary, ¿te he comentado que soy alérgico al fuego? —exclamo Bobby en un gemido tembloroso. De repente la boca se le había quedado seca.
    —Ahora no es el momento de bromas, Bobby —le regaña Mary perforándolo con la mirada —¿Y si ahí alguien dentro?
    —No, no creo que haya nadie —respondió Bobby con voz dubitativa, mientras sentía como un escalofrió le recorría la espalda ante esa idea. El chico miro a su prima de manera recelosa —Además, no pensaras meterte ahí, ¿Verdad?
    —No se, deberíamos hacer algo —dijo Mary indecisa, mirando alternativamente a Bobby y a la casa. Bobby la miro preocupado.
    —Tal vez esperar a que llegaran los bomberos, ¿No te parece? Si no hay nadie no hay peligro de que... —empezó a decir Bobby, pero de repente se escucharon ruidos que procedían de la casa. Chillidos pero amortiguados por el crepitar de las llamas. Bobby suspiro resignado —Esta bien. Olvídalo.
    —¡¡¡Sí, hay alguien dentro!!! ¿Y si los bomberos no llegan? ¿Crees que alguien los habrá llamado?
    Exclamo Mary visiblemente nerviosa, su cuerpo temblaba nervioso. Bobby puso los ojos en blanco antes de mirar a Mary.
    —Tranquilízate —Dijo Bobby con una mirada desdeñosa. Tras eso camina hacia el edificio mostrando seguridad.
    —Bobby, ¿Qué vas a hacer? —pregunta Mary intrigada dando un paso hacia delante, sin saber si seguirlo o no.
    —Hay momentos en que una persona debe hacer lo que tiene que hacer —responde Bobby. Trata de parecer seguro y calmado, sin embargo el temblor de su voz lo delata —Y soy la única persona aquí capaz de controlar sus poderes.
    Con eso, Bobby camina la distancia que lo separa de la puerta. Nada más pisar el porche se percata del excesivo calor y un escalofrío recorre su espalda. Se paro ante la puerta. Toco la madera con la palma de la mano para empujarla. Inmediatamente notó un calambre de dolor que le recorría la mano y llegaba hasta su brazo. La aparto inmediatamente y se agarro la mano, al poco el dolor fue disminuyendo, pero le quedaría una quemadura en mitad de la mano.
    Levanto la mano en el aire e hizo su magia. Al principió no paso nada pero poco a poco la temperatura de la puerta fue disminuyendo su temperatura hasta quedar recubierta de una fina escarcha. Bobby aprovecho que con el frío la cerradura de la puerta se había debilitado para darle un fuerte empujón sin quemarse y abrir la puerta.
    Ante los ojos de Bobby un pasillo quedo al descubierto. Las paredes eran de colores claros, pero ahora se veía todo con un ambiente rojizo que le puso los pelos de punta. Bobby respiró hondo quiso entrar pero se quedo paralizado. Continuo respirando hondo y volvió a intentarlo. Pero de nuevo su cuerpo se negaba a entrar a un lugar que parecía sacado de la mas aterradora de sus pesadillas. Finalmente Bobby tomo una larga bocanada de aire, soltó una maldición y de un paso se interno en la casa.
    Fue como entrar en otra dimensión, el ambiente era asfixiante, casi no se podía respirar, hacia tanto calor allí dentro que parecía que se había metido en un horno. Sentía como la piel se le ponía lustrosa. Las llamas se habían apoderado de la casa, recorrían las paredes de la casa y había vigas en el suelo que ardían en llamas. Bobby sintió el fuerte deseo de dar media vuelta y salir corriendo. Pero haciendo acopio de todas sus fuerzas dio otro paso adelante a los que otros pasos los siguieron. Así fue avanzando por la casa, al igual que cada vez crecía su miedo, no quería estar ahí, quería estar en otra parte. Pero algo muy dentro de él le hacia continuar.
    Camino hasta llegar a la primera viga. Al igual que hizo con la puerta estiro sus manos y envió chorros de hielo que apagaron la viga lo suficiente como para pasar por encima. Repitió el proceso con otras tres vigas que impedían su avance. En un momento tuvo que agacharse mientras estiraba la mano para apagar una llamarada que se acercaba demasiado.
    Salió del pasillo y avanzo por una sala que no estaba en mejores condiciones pero que le daba más espació para moverse. Desde ahí fue más consciente de los gritos de auxilio. Venían del piso superior, así que no tenía mas remedio que ir por el piso superior. Repitió el proceso que había empleado en el pasillo. Hasta llegar a ellas. Pero su desilusión fue inmensa cuando las encontró bloqueadas por las llamas.
    Maldijo su estupidez al meterse en ese problema, pero los gritos le hicieron renunciar a la idea de abandonar. Estiro sus manos y comenzó una lucha intensa con las llamas. Con su poder apago la primera llamarada y subió el primer escalón. Luego siguió avanzando poco a poco. Envía un disparo de hielo a cada columna de fuego y luego subía otro poco. Al final llego arriba apagando el fuego, pero noto como comenzaba a marearse y su cuerpo se debilitaba.
    Se seco el sudor de la frente con el brazo y continuo avanzando, pero ahora más lento ya que poco a poco iban fallándole las fuerzas.
    Finalmente llego a la puerta de arriba. Detrás de ella se encontraban intensos gritos de terror. Esta vez no cometió el mismo error, no intento abrir la puerta, si no que empleo sus poderes para enfriarla antes de asir el pomo girarlo y empujar la puerta hacia dentro.
    En la habitación encontró a dos personas arrinconadas en una esquina de la habitación. Eran una mujer y un hombre y ambos se abrazaban mientras observaban las llamas aterrados. El fuego estaba por casi toda la habitación. Bobby no trato de atravesarlas. Si no que con sus poderes abrió un camino entre las llamas para que la pareja lo atravesara.
    —Venga, dense prisa.
    Les grito desde el otro lado de la habitación. La pareja no se lo pensó mucho y corrieron hasta Bobby. Ahí la mujer lo miro con ojos aterrados.
    —Mi bebe, esta en la otra habitación.
    Le dijo con voz temblorosa y aterrada. Bobby se quedo mirándola pensativo. Por un lado si seguía en la casa aumentaba el riesgo de que no saliera de ella con vida y por el otro no podía dejar que un bebe muriera en ese incendio, no se lo perdonaría. Tampoco podía dejar que fueran ellos, tenían muchas menos oportunidades de lograr rescatarlo.
    —Esta bien. Salgan yo le salvare.
    Dijo Bobby tratando de parecer seguro de sí mismo, pero en el fondo su corazón no dejaba de latirle. Estaba aterrado y tenía miedo pero no había mucha alternativa.
    —¿Estas seguro? Solo eres un niño.
    —Sí, estoy seguro. Se lo que hago.
    En realidad no era cierto, ni estaba seguro y todo el rato se pregunta que diablos estaba haciendo allí. Pero por alguna razón el hombre confío en él y asistió con la cabeza, antes de rodear a la chica con el brazo y caminar hasta la escalera aprovechando el camino que Bobby había abierto.
    Bobby respiro hondo para tranquilizarse, pero pronto se arrepintió pues al aspirar el humo le hizo comenzar a toser. Caminando medio encorvado por el agotamiento camino hacia la siguiente habitación. Ahí tuvo que ejercer uso del poco poder que le quedaba para poder abrir la puerta. Dentro se encontró con una habitación en llamas en la que al otro extremo, junto a la ventana se encontraba la cuna.
    Al igual que en la otra sala, no trato de apagar el fuego por miedo a que se quedara sin energía, si no que estiro su mano y gracias a su hielo abrió un camino entre las llamas. Al llegar a la cuna, vio a un bebe que lloraba en su cuna y  lo miraba con unos grandes ojos verdes. Bobby sintió como su corazón se enternecía al ver a una cosa tan linda e inocente.
    —Tranquilo, pequeñín, ya estas a salvo. Todo saldrá bien.
    Dijo tratando de sonar convincente mientras cogía al bebe en brazos y lo mantenía contra su pecho en un gesto protector. Al contacto fresco de Bobby y sus palabras tranquilizadoras el bebe deja de llorar poco a poco. Bobby dio media vuelta y comenzó a regresar por el camino que había abierto. Pero en ese momento algo cayo del techo provocando un fuerte temblor que por poco hace que Bobby caiga al suelo. El chico abre los ojos aterrado. Delante de él hay una viga que le bloquea el camino. La viga pronto se recubre de llamas.
    —¡Oh, mierda!
    Exclama Bobby con voz musitada girando sobre si mismo y dirigiéndose a la ventana como única posibilidad de escape. Las llamas la rodean atravesándola. Así que Bobby no tiene más remedio que tratar de sujetar al bebe con un brazo mientras que con el otro envía cascaras de hielo hacia la ventana y alrededores para despejar el camino.
    El esfuerzo lo deja extasiado y Bobby se tambalea apunto de caer. Pero se niega eso y sacude la cabeza con fiereza para despejarse. Como puede, camina dando tumbos hacia la ventana. Allí ve que la ventana a caído echa añicos abatida por el fuego, pero aún quedan rastros en el marco de la ventana. Así que con la boca muerde el extremo de la manga de su camiseta y la estira por su brazo hasta que cubre su mano. Minímamente protegido despeja de cristales rotos la ventana.
    Y mira abajo, donde ya se empezaba a ver a aglomeraciones de gente llegando el edificio, pero no ve a los bomberos ni escucha sus sirenas. Suelta una maldición y sube al marco de la ventana. Vuelve a echar otro vistazo hacia abajo, la distancia no era mucha como para matarse, pero si para hacerse mucho daño. Así que reuniendo las últimas fuerzas que le quedan improvisa una escalera de hielo al lado de la ventana. Bobby voltea sobre sí mismo y con la mano libre se agarra de la escalera para subirse en ella. Con el bebe en un brazo y con la otra mano agarrando la escalera Bobby comienza a bajar lo más deprisa que puede.
    A media bajada, la escalera empieza a derretirse por el excesivo calor haciéndose cada vez más frágil. Bobby se apresura, intentando llegar abajo antes de que se deshaga del todo, pero no lo logra.
    Bobby ve como la escalera se vuelve agua en sus propias manos y siente la fuerza de la gravedad tirando de él hacia abajo, no puede hacer nada para evitar y se ve precipitado hacia el suelo. Bobby abraza al bebe antes de sentir en sus piernas el dolor seco del aterrizaje. Se mantiene en pie, tambaleando, voltea sobre sí mismo y comienza a caminar hacia la multitud. Pero cuando casi había llegado sus piernas ceden y cae al suelo de rodillas aún abrazando al bebe.
    La vista de Bobby se nubla, con la mirada borrosa ve a su prima y a los padres del bebe corriendo hacia él y no venían solos, otra gente los acompañaba. También siente una fuerte explosión detrás suya. Luego todo se puso negro.
-X0X-
    —Dijo que vendría después de desayunar. Su madre querrá pasar tiempo con ella antes de que os vayáis.
    Contesto Jessica dándole un sorbo a su café. Realmente Stephanie siempre estaba viajando o ocupada con asuntos de trabajo y eso le había traído muchos problemas con su hija. Ahora parecía que trataba de arreglar las cosas con ella. Jessica se alegraba, sabía lo difícil que lo habían tenido ambas. Y por suerte en el verano, Stephanie  no había viajado tanto como de costumbre y pasaba mucho tiempo en casa. Todos deseaban ver en eso una señal de que las cosas comenzarían a ir bien entre ellas.
    —Vaya, eso es bueno, me alegro. —Respondió Bobby algo extrañado. Se había sorprendido de que esas últimas semanas de verano Stephanie hubiera tomado vacaciones para estar con su hija. La verdad le gusta ver a su prima feliz aunque eso no se lo pensaba decir a ella.
    —Me alegro de que vaya contigo? Debéis permanecer juntos —Le respondió su madre con una sonrisa dulce antes de morder la primera de sus tostadas.
    —Si, debo evitar que Mary se meta en líos —Convino Bobby con una sonrisa divertida. Bobby baja la mirada y mira su tazón de leche echa unos cereales y mete la cuchara en la leche.
    —Tal vez Mary evite que tu te metas en problemas —Profirió su padre con voz acusadora haciendo que Bobby levante la mirada y emita una risotada irónica.
    —Sí, desde luego —musitó Bobby antes de meterse una cucharada llena de cereales húmedos en la boca.


-X0X-

    Poco a poco va recuperando la consciencia. No sabe donde esta, no sabe que a sucedido, solo sabe que le duele la cabeza, que su cuerpo esta entumecid, que tiene una quemadura en la mano y que esta en una superficie blanda. Poco a poco va abriendo los ojos y cuando lo hace una luz intensa le da en los ojos haciendo que los vuelva a cerrar. Cuando se acostumbra a esa luz gira la cabeza y ve a Mary sentada en una silla. Tenia la cabeza agachada y los ojos cerrados. Bobby suspira y vuelve a reclinar la cabeza sobre la almohada. Tararea una canción en voz baja pero rápidamente se aburre y se muerde el labio pensando en su siguiente travesura.
    —Trin Tran aa... Ratita comelibros TraTra
    Grita mientras chasquea los dedos por debajo de las sabanas blancas. Mary levanta la cabeza abruptamente y mira a su alrededor. Pero Bobby ya había cerrado los ojos y fingía estar dormido. Mary puso cara extrañada sin saber que había pasado. Pero al poco la venció el agotamiento y volvió a dormirse. Al oír la fuerte respiración de su prima Bobby abrió los ojos, sonrió divertido y volvió a repetir la broma. Mary se despertó y se levanto de un salto miro a su alrededor confundida. Bobby se encontraba durmiendo en la cama pacíficamente.
    —¿Bobby? —pregunto extrañada pero se encogió de hombros y se volvió a sentar en la silla relajadamente. Bobby espero pacientemente y abrió un ojo. Su prima volvía a estar durmiendo en la silla. Bobby emite una risa divertida y comienza otra vez. Pero antes de que termine la broma, Mary se levanta de un salto.
    —¡Lo sabía! ¡Eras tú! —dice entre molesta y alegre mientras lo señala con un dedo acusador.
    —¿Quién creías que era? ¿El Enano Saltarín? —pregunta Bobby jovialmente mientras le guiña un ojo.
    —¡Bobby!
    Exclama Mary efusivamente, antes de correr hacia la cama y abrazar a Bobby; quién la mira extrañado sin saber a que venía eso.
    Grita mientras chasquea los dedos por debajo de las sabanas blancas. Mary levanta la cabeza abruptamente y mira a su alrededor.
    —¡Eh! Que no soy una bolsa de dulces.
    La regaña Bobby incomodo, pero su prima le ignora y se da la libertad de darle un beso en la mejilla. Eso hizo que Bobby se pusiera rojo pero trato de disimularlo.
    —¿A ti que mosca te a picado, Mary? ¿La mosca de la fruta? —bromea inquieto. Mary se aparta de él y le mira sonriendo ampliamente.
    —Espera, ahora vuelvo.
    Dice Mary alegremente antes de darse la vuelta y salir por la puerta. Bobby se percata en ese momento de la maquina que hay a su lado a la que esta conectada, pero pronto deja de prestar atención a ese detalle. Como su prima no vuelve, Bobby comienza a silbar. Pero no una canción cualquiera, si no la canción de una de sus nuevas series favorita: Hércules.
    Ya había comenzado a tararear la de Xana, cuando la puerta se abrió y entraron sus padres con cara de preocupación seguidos por su prima que venía detrás.
    —Buenos días.
    Les dijo Bobby con tranquilidad mientras se sentaba en la cama. Sus padres sonrieron aliviados y desbordaron lagrimas de alegría. Su madre corrió hacia él y lo rodeo con sus brazos.
    —Nos tenías muy angustiado, Bobby.
    Le susurro su madre aliviada mientras lo estrechaba entre sus brazos. Bobby se sintió mal por haberlos preocupados y quiso hacerlos sentir mejor.
    —Tranquila mama, me encuentro bien.
    —Ya veremos si estas bien, ¿En que estabas pensando?
    Dijo Thomas mirándolo con el ceño fruncido y voz reprochadora. Bobby trato de hacer memoria y pronto lo recordó todo y no lo lamento.
    —Tenia que salvar a un bebe —Respondió sin inmutarse. Se quedo mirándolos a los tres con curiosidad —Por cierto, ¿Cómo esta?
    Su padre suspira y lo mira resignado, desde luego no esperaba esa respuesta y lo había dejado sin argumentos pero no había disminuido su preocupación.
    —El bebe esta bien. Sus padres han estado aquí, creo que quieren agradecértelo.
    Le explico su padre con paciencia, no le gustaba que Bobby hubiera arriesgado su vida así, esperaba que ese suceso no le hiciera pensar que tener poderes podía sacarlo de cualquier lió. Eso podría causarle un complejo de inmortal que podría salirle caro. Ya lo había visto antes en su trabajo, sobretodo con los nuevos.
    —Sí, Bobby, eres un héroe.
    Le contesto Mary con una sonrisa llena de admiración ganándose una mirada seria de Thomas, pero ella no se percato. Bobby guardo silencio, no se sentía un héroe realmente, simplemente había hecho lo que debía y se sentía orgulloso de ello.
-X0X-
    Bobby estuvo con su familia charlando, así sus padres se quedaron más tranquilos al ver que volvía a ser el mismo de siempre. Mas tarde entraron un hombre y una mujer que cargaba con un bebe en brazos. Bobby sonrió al reconorcelos, eran las personas que había salvado.
    —Hola, somos los Blaire, nos gustaría hablar un momento con Bobby.
    Se adelanto el hombre presentándose, aunque ya habían conocido al señor Drake. Thomas y el señor Blaire intercambiaron una lenta mirada antes de que el primero asistiera con la cabeza. Los señores Drake salieron de la habitación junto con Mary para dejarles privacidad.
    —No se como podría pagarte lo que has hecho por nosotros... por Allison.
    La señora Blaire le sonrió con gratitud y eso hizo que Bobby se sintiera realmente bien. Le encantaba haber ayudado a esa familia, ver como era capaz de usar sus poderes en beneficio de los demás.
    —No se preocupen, no necesito nada, me alegra ver que están bien.
    Les contesto con una sonrisa amable mientras removía la cabeza en la almohada.
    —Nunca olvidaremos lo que has hecho por nosotros.
    Le respondió el señor Blaire acariciando la cabecita de su bebe con suavidad. Bobby pudo ver el amor que el padre sentía por su cría y eso hizo que una sonrisa se reflejara en el rostro de Bobby.
    —¿Quieres cogerlo?
    Pregunto la señora Blaire llena de confianza en Bobby, después de todo si podía sostener a su hija en brazos era solamente gracias al heroísmo de aquel joven.
    —¿Yo? No se sí...
    Empezó a balbucear Bobby, nunca se le habían dado bien los niños, para él no eran más que cosas pequeñas llorosas y sin pelo en la cabeza. Aunque la había salvado fue en caso de fuerza mayor y ahora no se sentía tan capaz de ello.
    —¡Insisto!
    Le cortó la madre con una sonrisa cálida, mientras le tendía el bebe en brazos. Bobby lo sujeto nervioso, nunca había cogido a un bebe, no sin estar metido en un horno. Poco a poco pudo tranquilizarse y darse cuenta de que tenía en brazos algo muy tierno . Un diminuto ser que tenía toda una larga vida por delante, una vida que tenia toda la vida para hacer un millar de cosas por delante. Era algo hermoso.
    —Hola Allison.
    Le susurro con dulzura mientras clavaba sus ojos enternecidos en el pequeño bebe.


-X0X-

         Se produjo el silencio después de la conversación del desayuno. Cada uno pensando en sus propios pensamientos. Bobby estaba ansioso de que llegara Mary antes de partir hacia la escuela. Tras terminar el desayuno empezaron a recoger la cocina. Entonces se escucho el timbre de la puerta. Bobby fue abrir seguro de quién sería. Al abrir la puerta se quedo con la boca abierta por la sorpresa y luego sonrió, no esperaba que fuera ella.

-X0X-

    Poco después de conocer a la familia que había salvado, los médicos le dieron el alta. Salia del hospital con sus padres y su prima, pero antes de irse vio a lo lejos a dicha familia y se acerco a despedirse mientras sus padres y Mary se adelantaban. Al salir del hospital se encontró a un hombre de entre treinta y cuarenta años, con gafas, pelo corto y un traje de chaqueta color marrón.
    —Hola, soy Ben Urich del Daily Bugle, ¿Le importaría concederme una entrevista?
    Le pregunto el periodista con cara amable. Realmente a Bobby no le hacia mucha gracia pero tras un momento de meditación comprendió que si se negaba levantaría sospechas sobre algo que podría zanjarse fácilmente con las palabras adecuadas.
    —Claro, dispara.
    Dijo con una sonrisa encantadora, pues una buena sonrisa era clave en la manipulación. Ben se sorprendió de la naturalidad con la que el chico había aceptado, pero no sería el quién se quejara. Cada buen reportaje que hiciera le acercaría más a un puesto más importante en el periódico.
    —Bueno, dime, Bobby Drake, ¿Como llegaste ahí? ¿Sueles pasar por ahí a menudo?
    Pregunta Urich con la intención de empezar la historia por el príncipio. Bobby se muerde el labio inferior cavilando la respuesta antes de contestar.
    —Más o menos. Yo pase por una calle cercana y vi como el cielo estaba rojo. Eso llamo mi atención, la verdad fue una suerte que decidiera acercarme a comprobar lo que ocurría.
    —Claro, una gran suerte. ¿Qué encontraste cuando llegaste? ¿La casa estaba en llamas?
    —Sí, ya salían las llamas por las ventanas de delante y el tejado. Fue una imagen impactante.
    Respondió Bobby con seriedad. Procuraba no mencionar a Mary para no dar pista sobre ella al periodista. Pues de sobra sabía que se pondría muy nerviosa si la entrevistaran y eso era un riesgo.
    —Me imagino, Pero entonces, ¿Qué fue lo que te hizo entrar?
    Pregunta el periodista a quién realmente disfrutaba de la entrevista. No solía disfrutar de una colaboración tan abierta y menos en un chico de quince años. Igualmente los finales felices eran escasos.
    —Pues que no había nadie. Yo iba a dejar que los bomberos llegaran e hicieran su trabajo, pero entonces escuche unos gritos que venían del interior. En ese momento, no pude quedarme al margen. No dejaba de pensar que si no hacia algo podría ser el fin para esa gente.
    —Es una valiente decisión y difícil, me imagino. Pero, ¿Cómo entraste en la casa?
    —Por la puerta principal. Por suerte no se había incendiado y pude abrirla.
    Respondió Bobby sabiendo que se acercaba a la zona pantanosa de la entrevista, la zona en la que de su credibilidad dependía todo.
    —¿Y al entrar que paso? ¿Cómo logra un chico de doce años abrirse paso en semejante escenario y llegar al segundo piso?
    —Tengo trece.
    Se apresuro a añadir para ganar unos pocos segundos para meditar la respuesta. Sabía lo crucial que sería la respuesta en su futuro. Si contestaba mal la gente comenzaría a hacer preguntas y podría correr el riesgo de que lo descubrieran. Sin embargo, podía zanjar ese asunto ahí mismo si acertaba con la combinación de palabras adecuada.
    —No lo se, todo fue todo muy rápido pero creo que a la adrenalina, la gente hace cosas increíbles cuando esta ante situaciones extremas.
    Arriesgando su jugada en algo que saco de los Simpsons. Pero esperaba estar en lo cierto y convencer al periodista, de eso dependía su vida.
    —Tengo entendido que el fuego amaino, ¿Te percataste que sucedía?
    Le pregunto Ben Urich. Bobby se sorprendió de que ya supiera esos detalles pero procuro no mostrarlo y aceptarlo con naturalidad.
    —No lo se, tal vez por eso no me queme. La verdad, estaba todo muy confuso, y yo solo pensaba en llegar hasta el segundo piso, no tenía cabeza para nada más —explico Bobby con un gran tono de inocencia y sinceridad, una faceta que había practicado muchas veces cuando tenia que inventar escusas por no entregar los deberes o por no ir a clase.
    —Claro, es normal que no te percataras, ¿Es por eso que tuviste que salir por la ventana?
    —Iba a intentar llegar a la puerta, pero antes de que pudiera salir del cuarto del bebe hubo un derrumbe y cayo una viga justo delante de la puerta, así que no me quedo otra forma de salir.
    Respondió Bobby, guardando la mano con la quemadura en el bolsillo,  sintiéndose extraño sintiéndose extrañado por decir una de las pocas frases en las que no tuvo que acomodar la verdad a su conveniencia.
    —Bien, ¿Cómo bajaste por la ventana? —Pregunta Ben Urich con curiosidad. La gente estaba atendiendo a la puerta cuando descubrieron a Bobby en el suelo a un lateral de la casa, así que nadie lo vio salir oficialmente.
    —Eso fue algo complicado, con una mano me agarre al saliente de la ventana y me colgué de la ventana para luego dejarme caer. Me golpee un poco al caer, pero lo conseguí.
    Dice Bobby sonriendo orgulloso, fingiendo que era por su acción, pero en realidad era de su mentira.
    —Vaya, eso debió doler, ¿Cómo hiciste para que el bebe no sufriera daños?
    —Una gran suerte, lo abrace de manera protectora y rece para que no se moviera mucho.
    Otra vez una frase que fuera del contexto resultaba  cierta, además para Bobby, entre saltar y usar una escalera de hielo solo había una pequeña distorsión de la verdad.
    —Solo unas anotaciones más, al llegar al suelo fue cuando te desmayaste, No es así? —pregunta Urich, anotando en su libreta los detalles de esa entrevista tan interesante.
    —Sí, así es, después de toda esa experiencia estaba agotado y había tragado mucho humo —explico Bobby con tranquilidad. Después de superar la parte difícil de la entrevista se sentía más relajado.
    —Bien, creo que hemos acabado, ¿hay algo que quieras compartir con los lectores?
    —Claro, un gran consejo —dijo Bobby con una gran seriedad para luego mostrar una expresión divertida y usar un tono jocoso —Siempre que entren en una casa en llamas acuérdense de llevar protector solar. Yo entre blanco como vampiro y ahora en la playa me confundirán con Sebastián, el cangrejo.


-X0X-

—Vaya, vaya ¿Y quién eres tú, guapa? —pregunta Bobby con una sonrisa picara mientras miraba de arriba a abajo a una chica joven a la que su pelo castaño le caía por detrás de los hombros. Sus ojos eran del mismo color.. La chica respondió con una sonrisa irónica.
    —Jennifer, tu vecina, me conociste casi como regalo de cumpleaños, ¿Te suena de algo?
    —La verdad es que no —dijo Bobby mientras se encogía de hombros. Le guiño un ojo de manera seductora —Pero no me importaría que fueras mi regalo de cumpleaños.
    Jennifer se ríe alegremente antes de estirar su brazo y darle un suave puñetazo en el hombro.
    —Vaya, ¿Me voy una semana y  te olvidaste de mi? —dijo la chica riendo mientras le dedica una mirada de reproche —De verías ir al medico, abuelo, empiezas a perder la memoria.
    —¡Ah, eres tú! —dice Bobby hablando como si la acabara de reconocer —Sí, tengo el síndrome de volver a clases, me causa transtornos mentales.
    —¿Y a ti cuando te a sentado bien ir a clase?
    Jennifer le dedico una mirada burlona mientras el chico se apartaba a un lado y la dejaba pasar. La chica entra y se dirige a la cocina para saludar al resto de la familia.
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Re: Nuevo mundo

Mensaje por Ninth Doctor el Jue Nov 27, 2014 2:59 am

Por desgracia no podré continuar está historia en este foro. Si hay alguien interesado en seguir leyéndola. Visite mi Facebook donde subiré mis relatos e historias: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

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